Noah
Le he roto el corazón. Esa idea no deja de martillearme la cabeza, repitiéndose como una sentencia.
Aún la veo delante de mí, con los ojos anegados en lágrimas, golpeándome el pecho mientras me exigía una explicación que no fui capaz de darle. Le pedí una y otra vez que confiara en mí… y, al final, he sido yo quien ha hecho añicos esa confianza.
—Listo.
La maquilladora da un último toque con la brocha, se aparta y me dedica una sonrisa profesional antes de desaparecer entre el bullicio del equipo.
Las luces del plató se encienden, blancas y cegadoras. La sintonía del programa comienza a sonar y el presentador sale al escenario entre aplausos ensordecedores. Respiro hondo, me coloco la mejor sonrisa que soy capaz de fingir —esa que el mundo espera de mí— y camino hasta el sofá.
Es, sin duda, el papel que mejor se me da interpretar.
Mike se sienta a mi lado y, en cuanto las cámaras enfocan, adopta ese tono cercano que tanto gusta al público, ese tono que sabe cuándo apretar.
—Bueno, Noah… —dice con una sonrisa pícara, inclinándose hacia delante—. Así que lo tuyo con Dafne ya es oficial. Os ha costado hacerlo público, ¿eh?
Las risas del público llenan el plató. Suelto una pequeña carcajada, una reacción mecánica que ni yo mismo me creo.
—Ya ves… Nos gusta hacer las cosas con calma.
Mike asiente, aunque enseguida cambia de tema con una transición calculada.
—Pero hay una cosa que me llama la atención. Hace unos días nos llegaron unas fotos bastante comprometidas en las que apareces con otra chica…
Mi sonrisa se congela durante una fracción de segundo antes de que pueda corregirla. Ahí está. La pregunta que sabía que llegaría. Enderezo la espalda, adopto mi expresión más relajada y vuelvo a ajustarme la máscara de estrella acostumbrada a lidiar con la prensa.
—Bueno, Mike… ya me conoces. Siempre me ha gustado divertirme. Pero cuando encuentras a la persona adecuada, todo lo demás deja de tener importancia. Solo quieres centrarte en ella.
Las palabras salen de mi boca con una naturalidad pasmosa. La mentira, también. Porque, mientras las pronuncio, mi mente no está en Dafne, ni en las cámaras, ni en los focos.
Está en unos preciosos ojos castaños llenos de decepción. Está en la imagen de una chica que lloraba mientras me golpeaba con rabia, una chica a la que acabo de arrebatarle la fe en mí.
Trago saliva, sintiendo un nudo de hierro en la garganta, y fuerzo una sonrisa antes de que el silencio me delate. Solo espero que las lentes no sean capaces de captar la tristeza que, por un instante, sé que ha empañado mi mirada. Porque, si alguien pudiera ver lo que realmente siento, el Noah que todos creen conocer se desmoronaría ahí mismo.
—Vaya, casi hasta me he creído que de verdad estás enamorado de mí… —Dafne aparece en mi campo de visión acercándose a mí, pero me aparto antes de que llegue a tocarme.
—No te hagas ilusiones —le digo cortante— es sólo actuar.
—En algún momento se te pasará el capricho por esa cría, Noah, pero ya estoy yo aquí para recordarte lo que es estar con una mujer de verdad.
Suelto una risa seca.
—Vamos, tú y yo siempre lo hemos pasado muy bien,
—Exacto, pero en pasado, tú y yo nunca podrimos llegar a tener nada más fuera de lo físico.
Salgo de allí desabrochándome un par de botones de la camisa que me asfixian.
Y sintiendo todo el peso de la culpa y la rabia encima.