Sarah
—Es que, a ver... es raro —dice Lola mientras remueve su café—. Pasáis una noche increíble juntos y, de repente, te dice que todo era una farsa.
Suspiro y hago girar la pajita dentro del batido.
—No hay nada que entender. Me lo dejó muy claro. Consiguió lo que quería... y ya está.
Evito mirarla.
Porque si la miro sé que va a descubrir que todavía me duele.
—Pues perdóname, pero yo creo que hay algo más.
—Pues no te perdono.
Levanto por fin la vista.
—Si lo hubieras visto... Me dejó allí plantada delante de todo el mundo en cuanto apareció su flamante novia.
— Creo que habéis batido el recor de la relación más corta de la historia -dice -.
— Creo que ni siquiera llegó a relación… -digo triste -.
Lola hace una mueca.
—Mierda...
Su expresión cambia de repente.
—Mejor no mires.
No hace falta que me lo diga dos veces.
Sigo la dirección de sus ojos y el estómago se me encoge. Noah acaba de entrar en la cafetería. Lleva una gorra y unas gafas de sol, pero da igual. Lo reconocería entre mil personas y viene directamente hacia nosotras. Me levanto tan deprisa que casi tiro el batido.
—Sarah...
Su voz me alcanza antes que él. Camino hasta la barra para pedir la cuenta.
—No quiero hablar contigo.
—Lola, ¿puedes dejarnos solos un momento?
—Lola, ni se te ocurra.
Los dos la miramos al mismo tiempo.
Ella suspira.
—Paso de vuestros dramas.
Se levanta cogiendo el bolso.
—Pero luego me lo contáis.
—Lola...
—Suerte.
Y desaparece antes de que pueda detenerla. Traidora. Pago a toda prisa y salgo de la cafetería. Solo quiero alejarme. Apenas he recorrido unos metros cuando escucho sus pasos detrás de mí.
—Sarah, espera.
Acelero el paso. Error. En cuestión de segundos me alcanza. Con cuidado, me sujeta por la muñeca. No aprieta. Solo lo suficiente para que me detenga.
—Vamos a hablar.
Lo miro por encima del hombro.
—Pensé que ya me habías dicho todo lo que querías decir.
Su mandíbula se tensa. Está a punto de responder cuando unas risas estallan al otro lado de la calle.
—¡Es Noah Walker!
Varias chicas vienen corriendo hacia nosotros. Todo ocurre muy deprisa.
—Genial... —murmura él.
Sin pensarlo, me rodea con un brazo por la cintura y me guía hasta el lateral de una tienda, ocultándonos tras un saliente del escaparate. Las chicas pasan a apenas unos metros. Una de ellas mira en nuestra dirección. Contengo la respiración. Noah baja un poco la cabeza para ocultarse. Su frente queda peligrosamente cerca de la mía. Su colonia vuelve a envolverme. Maldita sea. Mi corazón empieza a latir tan fuerte que estoy convencida de que puede escucharlo. Permanecemos inmóviles. Durante unos segundos ninguno habla. Solo cuando las voces se alejan, Noah levanta despacio la cabeza. No se aparta. Solo lo justo para encontrar mis ojos.
—Quería decirte algo.
Su mirada baja un instante hasta mis labios. Después vuelve a mis ojos. Trago saliva.
—¿Sí?
Mi voz apenas es un susurro. Parece debatirse consigo mismo. Durante unos segundos no dice nada.
Y entonces...
—Mañana es el estreno del videoclip.
Parpadeo.
—Tienes que venir.
Frunzo ligeramente el ceño.
—¿Solo para eso has venido?
Una sombra de frustración cruza su rostro.
—No.
Mi corazón da un pequeño vuelco.
—Entonces... ¿para qué?
Se pasa una mano por el pelo. Suspira.
—Porque no quería que te quedaras con esa imagen de mí. No quiero que me odies.
No puedo evitar soltar una risa amarga.
—Llegas un poco tarde.
Asiente despacio.
—Lo sé.
No intenta justificarse. No busca una excusa y, por alguna razón, eso me duele todavía más.
Lo miro fijamente.
—¿Sabes qué fue lo peor?
Él niega con la cabeza.
—No que me mintieras.
Respiro hondo.
—Ni siquiera que desaparecieras.
Mi voz empieza a temblar.