Sarah
Voy al estreno.
Por supuesto que voy.
Me repito durante todo el trayecto que solo estoy allí porque soy la modelo del videoclip. Porque sería raro que no asistir. No porque Noah me lo haya pedido. Ni porque lleve dos días pensando demasiado en él. Cuando llego al teatro comprendo inmediatamente el error que he cometido.
Hay fotógrafos por todas partes.
Cámaras.
Periodistas.
Influencers.
Actores.
Cantantes.
Personas que parecen saber exactamente cómo moverse en ese mundo. Y luego estoy yo. Intentando no llamar la atención. Siento que cualquiera podía darse cuenta de que no pertenezco allí. Doy un pequeño paso hacia una enorme planta que decora el recibidor. Quizá desde allí pasé un poco más desapercibida.
—Deja de intentar esconderte detrás del ficus.
Cierro los ojos. No podía ser otra persona. Me giro despacio.
Noah.
Lleva un traje negro impecable, el pelo perfectamente colocado y esa sonrisa arrogante que parece existir únicamente para sacarme de quicio.
—No me estoy escondiendo.
Él mira la planta.
Después me mira a mí.
—Claro que no.
—No.
—Sarah, llevas cinco minutos intentando fusionarte con ella.
No puedo evitar sonreír.
—Exagerado.
—Un poco.
Se acerca un paso más. Lo suficiente para que todo el ruido del teatro parezca desaparecer durante un instante.
—Estás muy guapa.
Mi respiración se detiene.
—Gracias...
Bajo la vista inmediatamente. Él suelta una risa baja.
—Sigues poniéndote roja.
—No me pongo roja.
—Claro.
Sonrie de lado.
—Solo cambias de color misteriosamente.
Ruedo los ojos. Y durante unos segundos vuelve a ser fácil. Natural. Como si estuviéramos otra vez solos. Hasta que una mano se apoya sobre el brazo de Noah. Él se tensa apenas un instante. Yo lo noto enseguida. Porque no he dejado de mirarlo.
—Cariño.
La voz de Dafne suena dulce.
Demasiado dulce.
—Te están esperando para las fotos.
La sonrisa desaparece de mis labios.
Dafne es incluso más impresionante de cerca, elegante, segura de sí misma, perfecta. Me observa con una sonrisa educada.
—Sarah, hola -sonríe ampliamente – que bien que hayas podido venir.
—Tiene que haber sido una experiencia increíble.
Su mirada recorre mi vestido con discreción.
—Además, se te da muy bien actuar.
Hizo una pequeña pausa.
—Igual que a Noah.
Aquellas cuatro palabras me atraviesan como un cuchillo, porque suenan amables, pero no lo son. Lo que realmente acaba de decir era otra cosa, que aquello solo ha sido una interpretación. Que todo ha sido un papel. Y lo peor es que una parte de mí ya temía que tuviera razón.
—Te espero para hacernos las fotos.
Se pone de puntillas y besa a Noah delante de mí.
Sin ninguna prisa. Como si quisiera recordarles a todos quién ocupaba ese lugar. Cuando se aleja, Noah deja escapar el aire lentamente.
—Sarah...
Niego con la cabeza.
—No tienes que explicarme nada.
—Sí tengo que hacerlo.
—Noah, de verdad...
Intento sonreír.
—Está bien.
Él niega inmediatamente.
—No.
Su voz suena más seria que nunca.
—No lo está.
Por primera vez desde que lo conozco parece realmente incómodo. Incluso frustrado. Mira un segundo hacia donde esta Dafne. Después vuelve a mí.
—Ve con tu novia.
Las palabras salen mucho más secas de lo que pretendía.
Algo cambia en su expresión.
—No la llames así.
Parpadeé.
—¿Perdón?
Se pasa una mano por la nuca.
—Quiero decir...
Suspira.
Antes de que pueda preguntarle a qué se refiere, varios fotógrafos empiezan a llamarlo desde la alfombra roja.
—¡Noah!
—¡Por aquí!
—¡Una foto más!