Bajo las luces de Miami

Capítulo 41

Sarah

Pensar en Noah me está volviendo loca. Pensar en lo de ayer, en que no debió pasar, porque cuanto más intento olvidarlo, más difícil me resulta, y cuanto más intento alejarme, él más me acerca.

Y sé que está mal, tiene novia, y yo no se como encajo ahí, pero no quiero que nadie vuelva a jugar con mis sentimientos.

Noah consigue desarmarme en un momento.

He venido a Barnes & Noble para intentar que el refugio de los libros me despeje un poco la cabeza, me calme. Pero el tiempo parece no estar a mi favor y cuando salgo de la librería, el cielo ruge con un trueno.

—Genial...

Cinco segundos después empieza a llover.

No una lluvia cualquiera.

Un auténtico diluvio.

Corro hasta el portal de un hotel abrazando el libro contra el pecho para evitar que se moje. Aun así, noto cómo algunas gotas ya han empezado a empapar la portada.

Mi suerte con el tiempo nunca falla.

—Siempre has tenido muy mala suerte con la lluvia.

Cierro los ojos. No. Esa voz no. Me giro despacio. Noah está apoyado junto a la entrada del hotel, con un cigarrillo entre los dedos. Perfectamente seco. Perfectamente tranquilo. Y con esa sonrisa de quien acaba de encontrarse algo que llevaba días buscando.

—¿Me estás siguiendo?

Se lleva una mano al pecho, fingiendo sentirse ofendido.

—Qué poco romántico suena eso.

—Era una pregunta.

—Y la respuesta es no.

Levanto una ceja.

Él señala el edificio.

—Me estoy quedando aquí. Estamos haciendo una sesión de fotos en el hotel.

Miro la fachada.

Luego vuelvo a mirarlo.

—Claro... cómo no.

Durante unos segundos ninguno dice nada. Solo escuchamos el golpear de la lluvia contra el asfalto. Cae con tanta fuerza que apenas se distinguen los edificios de enfrente. Noah da una última calada, apaga el cigarrillo y empuja la puerta del hotel.

—Ven.

—No.

—Te vas a empapar.

—Prefiero eso.

Él resopla divertido.

—Qué dramática eres.

—Qué pesado eres tú.

Una sonrisa se dibuja en su cara.

—Ya empezaba a echar de menos que me insultaras.

—No te insulto.

—Es verdad.

Asiente con solemnidad.

—Solo haces descripciones muy precisas de mi personalidad.

No puedo evitar soltar una risa. La escondo enseguida. Él la ha visto. Por supuesto. Sin pensarlo demasiado, hecho a andar bajo la lluvia. Apenas doy tres pasos cuando noto que me agarra de la mano. Con un pequeño tirón me devuelve al interior.

—¿Qué haces?

—Evitar que cojas una pulmonía.

—No necesito que me rescates.

—No intento rescatarte.

Inclina ligeramente la cabeza.

—Solo intento que dejes de hacer tonterías.

Lo miro de reojo.

—Eres insoportable.

—Eso también me lo habías dicho.

Subimos hasta su habitación. Nada más entrar levanto la vista y observo todo con curiosidad. Noah me mira divertido.

—Llevas un minuto inspeccionando la habitación como si buscaras un cadáver escondido.

—Solo comprobaba que no escondieras a otra novia.

Las palabras salen antes de que pueda detenerlas. En cuanto las oigo, me arrepiento. Su sonrisa desaparece.

—Sarah...

Bajo la vista.

—Lo siento.

Él niega despacio.

—No pasa nada.

Pero el ambiente cambia. El silencio pesa entre los dos. Para romperlo camino hasta el enorme ventanal. La ciudad se extiende iluminada bajo la lluvia. Las luces de Miami parecen reflejarse sobre el asfalto mojado.

—Qué vistas...

Noah se acerca despacio.

—No tanto como las que tenía hace un momento.

Lo miro.

—¿Eso era un intento de ligar?

Él sonríe.

—No.

Hace una pequeña pausa.

—Era ligar directamente.

Pongo los ojos en blanco para esconder la sonrisa que amenaza con aparecer.

—No tienes remedio.

—Nunca lo he tenido.

Se acerca al armario.

—Puedes darte una ducha caliente. Voy a dejarte algo de ropa.




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