Bajo las luces de Miami

Capítulo 42

Sarah

Después de marcharme del hotel, me pase toda la noche despierta, aún sintiendo cada caricia, roce y beso de Noah sobre mi piel. Como si hubiera dejado su marca por todas partes.

Y no dejo de sentirme culpable, por que me he dejado llevar tanto que he terminado haciendo justo lo que no debía hacer.

Eso es lo que Noah Walker consigue hacer conmigo.

Pero no puedo detener mi vida ni quedarme deprimida en la cama.

He quedado con Marcus en el estudio esta tarde y, aunque intenté convencerla de que no hacía falta, Kate insistió en acompañarme como si fuera a escoltarme a una zona de guerra.

—Te lo digo en serio, está todo bien —insisto mientras subíamos los escalones de piedra.

—Eso lo diré yo cuando conozca a ese fotógrafo —responde Kate, cruzándose de brazos con esa actitud protectora que tanto la caracteriza—. Hasta entonces, desconfío de cualquier hombre que trabaje rodeado de modelos a diario.

No puedo evitar sonreír ante su escepticismo.

—No todos son unos pervertidos, Kate. Algunos solo... tienen buen ojo.

—Ya. Pero prefiero comprobarlo yo misma.

En cuanto entramos, el aire cambia. El aroma a focos calientes, barniz y el perfume caro de las modelos me envolvió, devolviéndome a esa realidad que, a veces, me hace sentir tan pequeña. Marcus levantó la vista de la cámara que revisaba y, durante un segundo demasiado largo, se queda prendado de Kate. Ella arquea una ceja, desafiante.

—Así que tú eres Marcus.

Él esboza una sonrisa lenta, de esas que parecen reservadas para las cámaras.

—Y tú debes de ser...

—Kate. La hermana mayor —interviene ella, dando un paso al frente y reduciendo el espacio entre ambos—. Y, para que quede claro, Sarah no va a hacer absolutamente nada sin mi autorización.

—¡Kate! —protesto, sintiendo cómo mis mejillas se teñían de un rojo intenso—. Por favor, deja de tratarme como si tuviera cinco años.

Marcus suelta una carcajada, rompiendo la tensión.

—No pasa nada. Si fuera mi hermana, probablemente diría lo mismo.

Kate lo estudia unos segundos, escaneándolo como si buscara una grieta en su fachada de encanto.

—¿Sí?

—Sí. De hecho, si quieres puedes quedarte durante toda la sesión. Me vendría bien una crítica experta.

Kate me mira a mí, y luego vuelve a observar a Marcus con una curiosidad que no había visto antes.

—No hace falta. Te espero abajo.

Cuando ya se giraba hacia la puerta, Marcus añade con un deje de diversión:

—Aunque... si al terminar te apetece tomar algo, la invitación queda hecha.

Kate le dedica una sonrisa de lado, una que no suele regalar a cualquiera.

—Vaya... además de fotógrafo, eres valiente.

—Hay que saber aprovechar las oportunidades cuando aparecen.

Ella suelta una pequeña risa y desaparece por el pasillo. Espero a que la puerta se cierre tras ella antes de girarme hacia Marcus con los ojos entrecerrados.

—¿Acabas de intentar ligar con mi hermana mayor mientras supervisaba mi seguridad?

Él se escoge de hombros, imperturbable.

—Tal vez. Fue un impulso irresistible.

No puedo evitar reírme; era imposible estar enfadada con él mucho tiempo.

—Creo que ella acaba de decidir si te deja vivir o no según el resultado de estas fotos.

—¿Empezamos? —pregunta mientras ajusta el lente.

—Claro.

—Aunque... —hace una pausa, mirando hacia la entrada—, aún falta alguien.

Frunzo el ceño, confundida. Antes de que pudiera preguntar, la puerta se abrie de par en par. El corazón me da un vuelco. Allí esta él. Noah entra quitándose las gafas de sol con esa calma irritante y elegante que siempre parece acompañarle, como si el mundo girara a su ritmo.

Siento que el estómago se me anuda. Miro a Marcus con urgencia.

—¿Qué hace él aquí?

—Hola, bella —saluda Noah, ignorando mi tensión.

Le lanzo una mirada gélida. Marcus levanta las manos, pacificador.

—No te enfades, Sarah. Pensé que, dada la química explosiva que tenéis en el videoclip, podríamos aprovechar para hacer algunas tomas juntos.

Miro a Noah, buscando una explicación. Él niega enseguida, acercándose un paso.

—No ha sido idea mía. Lo juro por lo que quieras.

Le creo; en sus ojos no hay rastro de su habitual arrogancia, solo una sombra de arrepentimiento. Pero, aun así, la incomodidad es asfixiante. Durante los primeros minutos, me muevo como una autómata. Cada vez que Noah se acerca para posar a mi lado, un escalofrío recorre mi espalda. Recuerdo el hotel. Su abrazo. Su olor mezclado con el mío. Todo lo que intento enterrar en mi memoria.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.