Bajo las luces de Miami

Capítulo 43

Sarah

Lola y yo estamos en mi cuarto, en plena vorágine de maquillaje y perfume. Mis manos tiemblan un poco, pero no por nervios paralizantes como antes, sino por una anticipación eléctrica. Noah y Jason están por llegar, y el hecho de que mi hermana Kate vaya a conocerlo formalmente me tiene en alerta máxima.

Bajo las escaleras despacio, alisándome el vestido, y veo a Kate en el sofá, absorta en su móvil. Me acerco sigilosa, pero cuando escucho el tecleo frenético, mis sospechas se disparan. Al notar mi presencia, se sobresalta y bloquea la pantalla con una rapidez sospechosa.

—¿Qué haces ahí escondida? —dice, con la voz un tono más alto de lo normal.

—¿Qué hacías ? —la miro entrecerrando los ojos, con una sonrisa pícara

—.¿Estás chateando con algún pretendiente secreto o es que hay una conspiración contra mí?

—No empieces, Sarah. Nada… ¿Tú qué quieres? ¿A dónde se supone que vas así?

—Voy a salir con Lola y… bueno, con Noah.

Kate se pone rígida, soltando el móvil sobre el cojín como si quemara.

—¿Estás de broma, ¿no? ¿El mismo Noah que te ha dejado destrozada estos días y que, por si se te ha olvidado, tiene novia?

—Kate, no es lo que crees… pero por favor, entiende que no puedo ser yo quien te lo explique ahora —le digo, sintiendo una punzada de tristeza, pero manteniéndome firme.

—Es que no hay nada que explicar. Noah tiene novia, Sarah. ¿Sabes dónde te coloca eso a ti? En un lugar donde no mereces estar.

—Lo sé. Y créeme, todo tiene su explicación, pero necesito que confíes en mí —le pongo una mano en el brazo, suplicante—. Noah está fuera esperando. Quiere conocerte. Por favor, sé amable.

Voy hacia la puerta antes de que pueda replicar. Noah está ahí, apoyado contra el marco, con una media sonrisa que me desarma. Lo tomo de la mano y lo arrastro al salón.

—Ella es Kate. Kate, él es…

—Sé perfectamente quién es —suelta mi hermana con un tono que podría congelar el Mississippi. Le lanzo una mirada asesina a Noah, esperando que no lo arruine. —Espero que esta vez tengas una buena razón para estar aquí, y sobre todo, espero que pueda confiar en ti —le dice ella, con los brazos cruzados.

Noah no se amilana. Se acerca un paso y, aunque su tono es relajado, sus ojos se clavan en los de Kate con una sinceridad que me hace vibrar.

—Kate, Sarah es la persona más importante que tengo ahora mismo en mi vida. Jamás, por nada del mundo, haría algo que le hiciera daño —hace una pausa y añade con un toque de su humor habitual—: quiero decir… lo digo en serio, aunque suene cursi.

—Te ha entendido, Noah. Baja el tono dramático —bromeo para relajar el ambiente.

—¿Nos vamos ya o qué? —grita Lola desde la entrada, impaciente—.

—Te quiero —le doy un beso rápido a Kate en la mejilla—. Igual no vengo a dormir.

Salgo pitando, sintiendo la mano de Noah entrelazada con la mía, firme y posesiva.

Noah ha alquilado toda la bolera. El sonido de los bolos cayendo se mezcla con nuestra música favorita. Lola y Jason están en su mundo, pero Noah y yo estamos en una batalla épica.

—¡Toma! —celebro tras un strike—. Vaya, parece que esto se me da mejor que el baloncesto.

—No te rías tanto, Sarah, que aún falta mucho juego —me reta, acercándose por detrás.

Cuando voy a tirar la siguiente bola, me agarra de la cintura, levantándome unos centímetros y haciéndome girar. La bola se desliza por el carril, directo al canal.

—¡Noah! ¡Eso es trampa! —me quejo, intentando mantener la compostura mientras me suelta.

—No puedo dejar que una chica me gane, sería demasiado humillante para mi ego —se burla, acercándose tanto que su aliento calienta mi cuello. Me giro, atrapándolo en mi espacio personal. Rodeo su cuello con mis brazos, sintiendo su pulso acelerado.

—¿Ni siquiera yo? —le susurro, desafiante. Noah me mira intensamente, con esa chispa peligrosa que siempre me ha vuelto loca.

—No me mires así, Sarah… sabes perfectamente que me vuelve loco.

Atrapa mis labios en un beso profundo, cargado de todo lo que no hemos podido decir. Unas toses falsas de Lola nos separan.

—¡Eh, tortolitos! —dice ella—. ¡Vosotros a lo vuestro, eh! Como si no estuviéramos.

—Tío —añade Jason—, vais a provocarme una hipoglucemia con tanta azúcar.

Más tarde, mientras intento refrescarme en el baño, la puerta se abre y ahí está él. Me abraza por la cintura, dejando un rastro de besos calientes en mi cuello.

—Estás cogiendo una costumbre peligrosa de entrar al baño de las chicas —río, aunque mi cuerpo traiciona mi protesta inclinándose hacia él.

—Es que me has puesto ojitos antes de entrar y no he podido resistirme —murmura.

Me giro y, sin pensarlo, me subo al lavabo. Noah se coloca entre mis piernas, sus manos deslizándose bajo mi vestido, trazando un camino que me hace jadear contra su boca.

—Noah… van a empezar a sospechar dónde estamos…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.