Bajo las luces de Miami

Epílogo

Sarah

El sol de Miami se filtra por los ventanales de nuestro apartamento, pintando el suelo de un dorado cálido que recuerda a aquel primer verano. Hace tres años, llegué a esta ciudad buscando solo un poco de paz, una escapada necesaria lejos de mi rutina, y terminé encontrando el epicentro de mi mundo.

Noah está en la cocina, tarareando una melodía que compuso ayer mientras desayunábamos. Es curioso cómo han cambiado las cosas. Antes, su nombre aparecía en pantallas gigantes y revistas de moda; hoy, cuando lo escucho tararear, solo pienso en el hombre que me prepara el café exactamente como me gusta, sin las luces cegadoras ni el ruido de la prensa de fondo.

Dejo el libro que estaba leyendo sobre la mesa y me acerco a él. Llevo puestas mis Converse viejas, esas que sobrevivieron a mudanzas y al caos de nuestra vida. Él siente mis pasos antes de que llegue y se gira, atrapándome por la cintura con esa facilidad que todavía me hace sentir que el tiempo se detiene.

—¿En qué piensas, bella durmiente? —me pregunta, con esa chispa de curiosidad que nunca ha desaparecido.

—En que hace tres años, si alguien me hubiera dicho que terminaría viviendo en Miami con una superestrella, me habría reído en su cara —confieso, mientras apoyo mis manos en su pecho—. Pensaba que esto era solo un paréntesis en mis vacaciones.

Noah sonríe, esa sonrisa que todavía tiene el poder de dejarme sin aliento. Se inclina para dejar un beso suave en mi nariz.

—La mejor decisión que he tomado en toda mi vida fue no dejarte ir ese verano. Ni el siguiente. Ni ningún otro.

Me giro hacia la ventana, viendo el horizonte de la playa. Ya no hay escondites, ya no hay fachadas de relaciones públicas ni galas donde tenga que preocuparme por tropezar con tacones imposibles. Solo somos nosotros, en esta realidad que hemos construido a nuestra medida, lejos de la presión de Hollywood.

—¿Sabes? —digo, mirándolo a los ojos—. A veces todavía me sorprendo al verlo todo tan claro. Al principio pensaba que tú eras el centro de todo y yo solo era una espectadora afortunada.

Noah se pone serio, toma mis manos y las besa con una devoción que todavía me hace temblar.

—Tú nunca fuiste una espectadora, Sarah. Fuiste la canción que no sabía que estaba escribiendo. Fuiste la única razón por la que quise dejar de ser "Noah Walker" para ser, simplemente, alguien que mereciera estar a tu lado.

Me abraza contra su pecho, y el sonido de su corazón —ese latido que ya conozco mejor que el mío— es mi refugio favorito. Fuera, el mundo sigue girando con sus ritmos frenéticos, pero aquí, en este pequeño rincón de Miami que es nuestro hogar, el tiempo parece haberse detenido.

Ya no soy aquella chica que temía ser vista. Soy la chica que fue a vacaciones, se perdió en el caos de una estrella, y terminó encontrándose a sí misma.

—¿Salimos a caminar? —pregunta él, guiñándome un ojo mientras señala la playa—. Sin prensa, sin tacones, solo nosotros dos.

—Solo nosotros dos —repito, sonriendo.

Salimos a la arena, descalzos, sintiendo el calor del verano. Miro al hombre que camina a mi lado, la superestrella que eligió una vida sencilla conmigo, y sé que, sin importar cuánto cambie el mundo, este sigue siendo mi lugar favorito en la tierra.

Las vacaciones terminaron hace mucho tiempo, pero nuestra historia, por suerte, apenas está empezando.




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