Encontrarme de nuevo
Kelian
La iglesia estaba llena, pero yo me sentía solo.
Las luces eran demasiado blancas, demasiado limpias, como si intentaran borrar cualquier sombra de duda. El murmullo de la gente se mezclaba con la música suave que anunciaba el inicio de la ceremonia, y los vitrales reflejaban colores que no lograban tocarme por dentro. Todo estaba perfectamente organizado. Cada flor, cada asiento, cada gesto medido para una unión que debía ser impecable.
Una unión que no sentía.
De pie frente al altar, con el traje oscuro ajustándose a un cuerpo que ya no reconocía como mío, pensé en Eliana. Pensé en sus manos manchadas de hilo, en su risa baja cuando estaba concentrada, en la forma en que apoyaba la frente en mi pecho cuando el mundo se le hacía pesado.
Esto no es amor, me dije.
Pero tampoco era valentía lo que me faltaba.
Era tiempo.
El tiempo ya había decidido por mí.
Evans —impecable, hermosa, triunfante— caminó hacia mí con una sonrisa que no dejaba espacio para la duda. Para ella, esto no era un sacrificio. Era una victoria. Su vestido blanco arrastraba suavemente sobre el suelo, y cuando se colocó a mi lado, sentí el peso definitivo de una decisión tomada sin mi corazón.
El sacerdote comenzó a hablar. Palabras sobre compromiso, sobre unión, sobre un futuro compartido.
Yo solo escuchaba silencio.
Cuando llegó el momento de decir “sí”, mi voz salió firme. Demasiado firme. Como si ya no me perteneciera.
—Sí.
Y en ese instante, algo dentro de mí se cerró para siempre.
Eliana
La noche estaba fresca, tranquila, casi demasiado hermosa para ser real.
Caminaba junto a Taylor por las calles del pequeño pueblo, lejos del ruido de Nueva Orleans, lejos de las luces exageradas y de las promesas falsas. Aquí las farolas iluminaban despacio, como si respetaran el ritmo de quienes pasaban bajo ellas. Las casas dormían. Los árboles se movían suavemente con el viento. El mundo parecía en paz.
Yo no lo estaba.
Llevaba el abrigo cerrado hasta el cuello y una mano, casi inconsciente, descansando sobre mi vientre. Todavía no se notaba nada. Nadie podía imaginar lo que crecía dentro de mí. Nadie, excepto yo… y el miedo constante de no saber cómo protegerlo.
—Hoy es 31 —dije de pronto, rompiendo el silencio.
Taylor no preguntó qué significaba. No lo necesitaba.
—Lo sé —respondió con suavidad—. ¿Quieres volver?
Negué con la cabeza.
—No… quiero caminar un poco más. Sentir que el mundo no se acabó solo porque yo me rompí.
Él sonrió apenas, orgulloso, como quien ve a alguien levantarse sin hacer ruido.
—Escúchame bien, Eli —dijo después de unos pasos—. Amar no te hizo débil. Te hizo humana. Pero ahora tienes que aprender algo más difícil… vivir sin pedir permiso por existir.
Me detuve. Lo miré.
—¿Y si algún día me busca? —pregunté en voz baja—. ¿Y si aparece… cuando ya no tenga fuerzas?
Taylor suspiró, metiendo las manos en los bolsillos.
—Entonces decidirás desde otro lugar. No desde el miedo. No desde el sacrificio. Desde lo que tú necesites. Y si hoy no quieres ser encontrada… está bien.
Saqué el celular del bolsillo.
Había mensajes sin leer. Llamadas perdidas. Nombres que dolían.
Lo miré por última vez.
Y lo apagué.
—No quiero que nadie venga a buscarme —dije—. No esta noche. No ahora. Necesito… desaparecer un poco.
Taylor asintió.
—Y lo vas a hacer —respondió—. Yo estoy aquí. No tienes que cargar esto sola.
Seguimos caminando.
La noche nos envolvía como un secreto compartido.
Kelian
La recepción fue un desfile de sonrisas ajenas.
Copas alzadas. Felicitaciones. Fotografías perfectas para revistas que nunca contarían la verdad. Evangs sostenía mi brazo con seguridad, como si temiera que en cualquier momento pudiera escapar.
Tal vez tenía razón.
En medio del ruido, sentí un vacío imposible de ignorar. Saqué el celular por reflejo. No había nada. Ni un mensaje. Ni una señal. Como si Eliana se hubiera desvanecido del mundo.
Y por primera vez…
tuve miedo de verdad.
Eliana
Cuando regresamos a casa, me senté en la cama con cuidado, respirando despacio. El silencio ya no dolía igual. Ahora era necesario.
Apoyé ambas manos sobre mi vientre.
—Somos tú y yo —susurré—. Y eso tiene que ser suficiente.
Afuera, el año estaba a punto de terminar. Fuegos artificiales comenzaron a estallar en la distancia, celebrando un futuro que no era el mío.
#3452 en Novela romántica
#1080 en Chick lit
amor humor desamor amistad dolor, amor imposible, amor drama humor
Editado: 30.01.2026