Bajo las luces de nueva Orleans

Capitulo veintitres

Entre el miedo,a volver a mar...

No lo esperaba.
Eso fue lo que más me dolió.

Había salido del salón principal buscando aire, huyendo un poco del murmullo constante, de los trajes impecables y de la sensación de estar caminando sobre una cuerda floja. Corea brillaba incluso de noche, y el pasillo exterior del edificio estaba casi vacío, salvo por un par de luces cálidas y el reflejo de la ciudad en los ventanales. Caminaba junto a Taylor, hablando en voz baja sobre la agenda del día siguiente, cuando de pronto sentí ese tirón inexplicable en el pecho… esa certeza absurda de que algo estaba a punto de ocurrir.

Y ocurrió.

Kelian apareció al final del pasillo, caminando con paso seguro, como si el lugar le perteneciera. A su lado iba Evangs. No hablaban. No hacía falta. Entre ellos había una tensión contenida, densa, casi visible, como un hilo invisible que se negaba a romperse. Cuando Kelian levantó la mirada y me vio, se detuvo de golpe. Evangs también.

El mundo se volvió estrecho.

—Eliana… —dijo Kelian, con sorpresa genuina, como si no hubiera esperado encontrarme allí, en ese espacio tan pequeño y tan cargado.

—Kelian —respondí, con calma aprendida, aunque por dentro todo se agitaba.

Taylor dio un paso sutil hacia adelante, colocándose a mi lado con naturalidad, sin imponerse, pero dejando claro que no estaba sola. Su presencia era tranquila, firme, y eso no pasó desapercibido.

Evangs

Lo noté de inmediato.

No fue solo que estuviera a su lado… fue cómo se movía, cómo la miraba, cómo parecía medir cada detalle del entorno antes de relajarse apenas un segundo. Taylor no hablaba mucho, pero observaba todo, y eso me despertó una curiosidad incómoda. No tenía la rigidez de un guardaespaldas común, ni la distancia de un asistente. Había algo más. Lealtad, tal vez. O afecto. No supe decirlo.

Nuestros ojos se cruzaron.

Él no desvió la mirada.
Yo tampoco.

Fue un choque silencioso, una evaluación mutua. Como si ambos entendiéramos que estábamos allí por la misma razón: proteger lo que amábamos, aunque de formas distintas.

—¿Y tú eres…? —pregunté, rompiendo el silencio, sin apartar la vista de él.

Taylor inclinó ligeramente la cabeza, educado.

—Taylor —dijo—. Primo de Eliana.

Nada más.
Nada menos.

Pero bastó.

Sentí que Kelian se tensaba a mi lado, como si esa simple palabra hubiera encendido algo en su interior.

Eliana

La incomodidad flotaba entre nosotros como una nube espesa.

Kelian miraba a Taylor con atención, no con hostilidad, pero sí con esa mirada analítica que había aprendido a reconocer: la de un hombre acostumbrado a no perder el control de su entorno. Evangs, en cambio, parecía debatirse entre la curiosidad y una sospecha silenciosa, como si intentara descifrar una pieza que no encajaba del todo en el rompecabezas.

—No sabía que vendrías acompañada —dijo Kelian finalmente, con un tono neutral que no lograba ocultar del todo su interés.

—No viajo sola —respondí—. Nunca lo he hecho.

Taylor no intervino. Solo permaneció a mi lado, atento, respetando el espacio, pero sin retirarse ni un paso. Su presencia era una declaración silenciosa.Evangs volvió a mirarlo, y esta vez noté algo distinto en su expresión. No era celos,Era reconocimiento, Como si hubiera entendido que Taylor no estaba allí por casualidad… ni por curiosidad.

—Interesante —murmuró ella, más para sí misma que para nosotros.

El silencio volvió a caer, cargado de cosas no dichas. Cuatro personas unidas por hilos invisibles, por decisiones pasadas y verdades que aún no salían a la luz.

—Será mejor que volvamos —dije al fin—. Nos esperan.

Kelian asintió despacio, sin apartar la mirada de mí.

—Claro —respondió—. Hablaremos después.

No supe si era una promesa o una advertencia.

Mientras nos alejábamos, sentí la mirada de Evangs clavada en mi espalda… y supe que ella también estaba empezando a entender que esta historia ya no giraba solo alrededor de ella y Kelian.

Había más piezas en juego.
Y Taylor… era una de las más importantes.

....

Lo sentí antes de escucharlo.

Ese peso conocido en el aire, esa presencia que no necesitaba palabras para hacerse notar. Estábamos a punto de entrar al ascensor cuando escuché mis pasos detenerse detrás de mí, no por sonido, sino por instinto. Taylor seguía hablando, pero su voz se fue apagando poco a poco en mis oídos, como si el mundo hubiera decidido concentrarse en una sola cosa.

Kelian.

—Eliana —dijo otra vez, esta vez más cerca, más bajo—. ¿Podemos hablar un momento?

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Sentí el impulso de girarme, de mirarlo, de dejar que su voz me alcanzara del todo… pero no lo hice. Me quedé de frente a las puertas metálicas del ascensor, con las manos entrelazadas, respirando despacio, como si ese simple gesto pudiera mantener a raya todo lo que amenazaba con desbordarse.




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