Bajo las luces de nueva Orleans

Capitulo veinticuatro

....Sentimientos encontrados....

Taylor

La dejé pensando.

No fue una despedida dramática ni llena de palabras, fue peor: fue silenciosa. Eliana se quedó sentada, con la mirada perdida en algún punto invisible del apartamento, una mano descansando sobre su vientre como si ahí estuviera la única verdad que no podía negarse. Yo no quise insistir más. A veces, amar también es saber cuándo retirarse un paso.

Salí sin hacer ruido.

El aire nocturno de Corea era distinto al de Nueva Orleans: más limpio, más frío, más ordenado. Caminé sin rumbo fijo hasta llegar al parque cercano, uno de esos lugares perfectamente iluminados, con senderos de piedra, árboles alineados y bancos que parecían puestos ahí para que la gente pensara en silencio. Necesitaba caminar, mover el cuerpo para que la cabeza dejara de girar alrededor de las mismas preguntas.

Fue entonces cuando la vi.

Vestía de negro.

No un negro cualquiera, sino uno elegante, profundo, casi solemne. El vestido caía recto, sin exageraciones, como si no necesitara llamar la atención para imponerse. Caminaba despacio, con la espalda erguida, y a su lado avanzaba un gato negro, de pelaje brillante, que se movía con la naturalidad de quien sabe que pertenece a ese lugar.

Ella se detuvo bajo una farola.

La luz iluminó su rostro lo suficiente para que pudiera verla bien. Sus ojos… no los olvidaré. Oscuros, intensos, afilados. Había algo en ellos que no era soberbia, sino cansancio. El cansancio de alguien que ha ganado una batalla que nunca quiso pelear.

Evangs.

Lo supe sin que nadie me lo dijera.

No me acerqué. No porque no quisiera, sino porque algo me dijo que ese no era un encuentro para forzarlo. Me quedé a cierta distancia, apoyado contra un árbol, observándola como quien observa una tormenta lejana: consciente del peligro, pero incapaz de apartar la mirada.

Ella se sentó en un banco. El gato saltó con agilidad y se acomodó a su lado, mirándola con los mismos ojos que ella tenía. Por un segundo pensé que ese animal era más que una mascota… era un reflejo.

Evangs....

(casi podía escuchar sus pensamientos)

Casada.
Rodeada de gente.
Sola.

La vi inclinar la cabeza apenas, como si el peso de todo lo que no dijo durante el día finalmente se le viniera encima. Sus manos se entrelazaron sobre su regazo y sus labios se apretaron en una línea fina.

“Siendo casada, sin amor…
¿por qué no buscar a alguien que me ame de verdad?”

No la escuché decirlo, pero lo vi en su expresión. En esa grieta pequeña que se abre cuando nadie está mirando.

Fue entonces cuando giró el rostro.

Sus ojos recorrieron el parque con lentitud… hasta detenerse en mí.

Nos miramos.

No fue un cruce incómodo. Tampoco desafiante. Fue curioso. Como si ambos nos hubiéramos reconocido sin necesidad de presentaciones. Ella no sonrió. Yo tampoco. Solo sostuvimos la mirada un segundo más de lo socialmente correcto.

El gato levantó la cabeza y me observó también, alerta.

—Interesante… —murmuró ella, apenas audible incluso para sí misma.

Yo sentí algo raro en el pecho. No atracción inmediata. No deseo,Curiosidad.La clase de curiosidad que nace cuando dos personas entienden que el otro también carga algo roto,Ella apartó la mirada primero.

Yo hice lo mismo.

Pero mientras retomaba su camino, supe que ese no había sido un encuentro vacío. Había sido una advertencia suave del destino, de esas que no empujan… solo señalan.Seguí caminando, con las manos en los bolsillos, pensando en Eliana, en el niño que tenía con keian , en esa mujer vestida de negro que caminaba con un gato igual a ella.

Nada había pasado.

Y, sin embargo, algo ya había empezado.

Eliana....

Taylor me dejó pensando en todo,miro a mi bebé de dos meses a Thiago,y sonrió tal vez el tenga razón,tal vez no pueda esconderte para siempre,Pero si puedo fingir que no es de el.... No eso sería mucho.

Taylor se apoya en el marco de la puerta, los brazos cruzados, observándome como solo él sabe hacerlo: sin juzgar, pero sin mentir. Thiago duerme en su cuna improvisada, ajeno a la tormenta silenciosa que sigue creciendo en mi pecho.

—Hay algo que no te he dicho —rompe el silencio al fin.

Levanto la mirada. Conozco ese tono. Es el mismo que usaba cuando éramos niños y estaba a punto de confesar una travesura… o una verdad incómoda.

—¿Qué pasa? —pregunto, aunque una parte de mí ya lo sabe.

Taylor duda. Por primera vez desde que llegamos a Corea, parece inseguro.

—Siento curiosidad por Evangs.

Parpadeo. No por sorpresa, sino por cansancio emocional. Todo parece entrelazarse demasiado rápido, como si el destino estuviera jugando a mover piezas sin pedir permiso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.