🌸 Bajo los cerezos en flor 🌸
La figura permanecía inmóvil sobre la isla recién emergida.
El lago brillaba con una luz sobrenatural.
La luna roja iluminaba la escena como si el mundo entero hubiera entrado en un sueño.
O en una pesadilla.
Elena sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Quién es? —preguntó.
El guardián tragó saliva.
—Aquel a quien la Orden encerró hace más de un siglo.
La figura levantó lentamente la cabeza.
Sus ojos dorados parecían dos brasas ardiendo en la oscuridad.
Y entonces sonrió.
Una sonrisa tranquila.
Demasiado tranquila.
—Celeste... —susurró.
Elena se quedó paralizada.
Aquella voz.
La conocía.
La había escuchado antes.
En sueños.
En recuerdos.
En los rincones más profundos de su mente.
Un nuevo fragmento de memoria apareció.
Un joven bajo los cerezos.
Riendo junto a ella.
Prometiéndole que siempre estarían juntos.
Y luego...
Traición.
Fuego.
Oscuridad.
Elena cayó de rodillas.
—Lo conozco...
Adrián la sostuvo.
—¿Quién es?
Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.
—Era mi amigo.
El guardián cerró los ojos.
Como si temiera escuchar lo siguiente.
—Y también era el hombre que amaba.
El silencio se extendió por la colina.
La figura de la isla abrió los brazos.
El agua del lago comenzó a elevarse alrededor de él.
—Ha esperado más de cien años tu regreso —dijo el guardián.
—¿Por qué?
—Porque fuiste tú quien lo encerró.
Un trueno resonó en el cielo.
La luna roja brilló con más intensidad.
La figura dio un paso adelante.
Y el agua formó un puente entre la isla y la orilla.
—Celeste —volvió a decir con una voz cargada de tristeza—. He esperado demasiado tiempo.
Elena sintió una mezcla de miedo y dolor.
Porque una parte de ella quería huir.
Pero otra parte...
Quería correr hacia él.
De repente, la llave de cristal comenzó a agrietarse.
Una línea luminosa apareció en su superficie.
Luego otra.
Y otra más.
—¡No! —gritó el guardián.
La llave estalló en miles de fragmentos de luz.
Los pedazos giraron alrededor de Elena como una tormenta de estrellas.
Y cuando la luz desapareció...
Una espada de cristal reposaba en sus manos.
El guardián cayó de rodillas.
Adrián abrió los ojos con asombro.
Porque acababan de presenciar el cumplimiento de una antigua profecía.
La espada de la Heredera había regresado.
Y eso significaba una sola cosa.
La batalla final estaba a punto de comenzar.
Continuará...