🌸 Bajo los cerezos en flor 🌸
Elena avanzó con la espada brillante entre las manos.
A su alrededor, el Santuario se desmoronaba.
El lago rugía.
La luna roja iluminaba el cielo como una herida abierta.
Y frente a ella, la Sombra Eterna retrocedía.
Por primera vez en siglos.
Tenía miedo.
—¿Qué eres? —rugió la criatura.
La voz de Elena sonó firme.
—Soy quien recuerda.
La espada liberó una oleada de luz.
Miles de pétalos luminosos llenaron el aire.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
La oscuridad comenzó a mostrar imágenes.
Recuerdos.
Dolor.
Soledad.
La Sombra Eterna no había nacido como un monstruo.
Había sido creada.
Siglos atrás, las personas depositaban en el Corazón del Cerezo sus peores emociones.
Su odio.
Su tristeza.
Su miedo.
Con el tiempo, todo aquello tomó forma.
Y acabó convirtiéndose en la criatura que ahora tenían delante.
Elena sintió compasión.
Porque comprendió que aquel ser nunca había conocido otra cosa.
La Sombra la observó confundida.
—¿Por qué no me destruyes?
—Porque eso no solucionaría nada.
La criatura tembló.
—Yo soy oscuridad.
—También eres sufrimiento.
La espada comenzó a emitir una luz cada vez más intensa.
Lucien comprendió lo que Elena estaba haciendo.
—Está intentando liberarlo...
El guardián abrió los ojos con asombro.
—Nadie había pensado en eso.
La Sombra rugió.
Intentó atacar.
Pero Elena no levantó la espada para luchar.
La apoyó sobre el suelo.
Y abrió los brazos.
—Ya no tienes que cargar con todo ese dolor.
La criatura quedó inmóvil.
Por primera vez en siglos, alguien no le tenía miedo.
Alguien no quería destruirla.
Una lágrima oscura cayó por su rostro.
Y entonces la luz la envolvió.
El Santuario entero se iluminó.
Los cerezos florecieron al mismo tiempo.
Miles de pétalos cubrieron el cielo.
La oscuridad comenzó a desvanecerse lentamente.
Sin gritos.
Sin violencia.
Sin odio.
Solo paz.
La Sombra miró a Elena una última vez.
Y sonrió.
Una sonrisa triste.
Pero agradecida.
—Gracias...
Y desapareció.
El silencio llenó el Santuario.
La luna roja comenzó a perder intensidad.
La tormenta terminó.
La oscuridad había sido vencida.
Pero Elena sintió algo más.
Algo que hizo que el corazón se le encogiera.
La espada de cristal estaba desapareciendo.
Y Lucien también.
—No... —susurró ella.
Lucien la miró con ternura.
La misma mirada que había esperado más de cien años volver a ver.
—Parece que nuestro tiempo se acaba.
Las lágrimas llenaron los ojos de Elena.
Porque sabía exactamente lo que eso significaba.
Continuará... 🌸🖤🌙✨📖💔🌸