Bajo los cerezos en flor

Diez años después

🌸 Bajo los cerezos en flor 🌸
Diez años habían pasado desde la noche de la luna roja.
Diez años desde que el Santuario del Cerezo despertó.
Diez años desde que Elena y Lucien cambiaron el destino de un mundo que nunca llegó a conocer la verdad completa.
La primavera había vuelto una vez más.
Los cerezos florecían alrededor del lago, tan hermosos como siempre.
Pero ahora aquel lugar ya no estaba asociado al dolor.
Sino a la esperanza.
Elena caminaba por el sendero principal con una sonrisa tranquila.
Ya no era la joven perdida que había encontrado una carta escondida entre las páginas de un libro.
Ahora era una mujer fuerte.
Serena.
Feliz.
A unos metros de distancia, dos niños corrían persiguiendo pétalos de cerezo.
—¡Mamá, mira! —gritó una pequeña niña de cabello oscuro.
Elena sonrió.
—¡Más despacio, Sofía!
La niña obedeció... más o menos.
A su lado corría su hermano mayor, Daniel, que parecía haber heredado el espíritu aventurero de Lucien.
—¡Llegué primero! —celebró.
—¡Eso no vale! —protestó Sofía.
Una risa familiar se escuchó detrás de ellos.
Lucien apareció llevando una cesta para el picnic.
—Creo que tendremos que nombrar un juez.
—¡Papá! —gritaron ambos niños al mismo tiempo.
Y corrieron a abrazarlo.
Elena observó la escena con ternura.
Durante mucho tiempo había pensado que jamás tendría algo así.
Una vida sencilla.
Una familia.
Un futuro.
Y, sin embargo, allí estaba.
🌸
No muy lejos de ellos, Adrián observaba el lago.
Seguía siendo guardián del Santuario.
Aunque ahora la tarea era mucho más tranquila.
El poder oscuro había desaparecido.
El equilibrio estaba restaurado.
Y los secretos del pasado descansaban en paz.
—Sigues pensando demasiado.
Adrián sonrió al escuchar la voz de Elena.
—Es una costumbre difícil de perder.
—Lo sé.
Ambos contemplaron los cerezos.
—¿Te arrepientes de algo? —preguntó Adrián.
Elena reflexionó unos segundos.
—De algunas cosas, sí.
—¿Y de las importantes?
Ella observó a Lucien jugando con los niños bajo una lluvia de pétalos rosados.
Y negó con la cabeza.
—De las importantes, jamás.
🌸
Cuando el sol comenzó a ocultarse, toda la familia se reunió junto al lago.
El viento levantó los pétalos una última vez.
Y por un instante pareció que miles de pequeñas estrellas danzaban en el aire.
Lucien tomó la mano de Elena.
—¿En qué piensas?
Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.
—En que mamá tenía razón.
—¿Sobre qué?
Elena sonrió mientras observaba los cerezos.
—Sobre que algún día encontraría aquello que el destino me había guardado.
Lucien besó suavemente su frente.
Y bajo los cerezos en flor, mientras el sol se ocultaba en el horizonte, comprendieron que algunas historias no terminan cuando acaba la aventura.
Algunas continúan en cada primavera.
En cada recuerdo.
Y en cada promesa cumplida.




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