Bajo los faros verdes

Capitulo 3: Lo que no se dice

El libro estaba envuelto en papel de diario.
Valentina no lo abrió hasta llegar a su casa. No por miedo a que alguien lo viera… sino porque sentía que ese objeto pesaba más de lo que debía.
Como si no fuera solo un libro.
Como si fuera una advertencia.
Se sentó en la cama, con la puerta cerrada con llave. Afuera, su madre escuchaba la radio en volumen bajo, como siempre. Noticias que no decían nada. Voces que evitaban palabras.
Rasgó el papel.
Era Rayuela.
Pero no era un ejemplar común.
Entre las páginas, había marcas. Señales. Fragmentos subrayados con una prolijidad obsesiva.
Y en la página 73, encontró algo más.
Un papel doblado.
Su corazón empezó a latir más fuerte.
Lo abrió.
“Si estás leyendo esto, es porque confié en vos antes de tiempo.”
Valentina frunció el ceño.
No sabía si enojarse… o asustarse.
“Hay lugares donde la gente entra… pero no sale.
No son cárceles. No figuran en ningún lado.
Si preguntás, desaparecés.”
Las manos le temblaron.
No necesitaba que le explicaran más.
Ya lo sabía.
—Centros clandestinos… —susurró.
El nombre no era oficial. No estaba en ningún diario. Pero circulaba en murmullos, como una sombra.
Volvió a leer.
“Si querés seguir viéndome, no hables de esto con nadie.
Ni siquiera con tus amigos.
Especialmente con tus amigos.”
Valentina apretó el papel.
Clara.
Pensó en Clara.
Pensó en Pablo.
Pensó en la lista.
“Y si alguna vez ves un Falcon estacionado demasiado tiempo… no mires dos veces.”
El aire se volvió pesado.
Demasiado tarde.
Ella ya había mirado.
Esa noche no pudo dormir.
Cada ruido la hacía sobresaltarse. Cada auto que pasaba la obligaba a contener la respiración.
A las tres de la mañana, se levantó y fue hasta la ventana.
La calle estaba vacía.
Pero algo no estaba bien.
Había una puerta entreabierta en la casa de enfrente.
La de los Martínez.
Una familia tranquila. Tres hijos. El menor jugaba siempre en la vereda.
Valentina sintió un frío en la espalda.
Entonces lo vio.
Las luces apagadas.
El auto.
El Falcon.
Y hombres moviéndose en sombras.
Rápidos. Coordinados. Silenciosos.
No gritaban.
No hacía falta.
Uno de ellos salió arrastrando a alguien.
Una mujer.
Descalza.
Forcejeando.
Pero sin gritar.
Como si supiera que no servía de nada.
Valentina llevó la mano a la boca.
Quiso hacer algo.
Gritar.
Salir.
Pero su cuerpo no respondió.
El hombre levantó la vista.
Por un segundo.
Directo hacia su ventana.
Valentina se tiró al suelo, temblando.
El corazón le explotaba en el pecho.
Escuchó la puerta del Falcon cerrarse.
El motor.
Y después… silencio.
A la mañana siguiente, nadie habló del tema.
La casa de los Martinez estaba cerrada.
Las persianas bajas.
Como si nunca hubiera vivido nadie ahí.
En el desayuno, su madre untaba manteca en el pan con manos firmes.
—No mires tanto por la ventana —dijo, sin levantar la vista.
Valentina se quedó helada.
—¿Por qué?
Su madre la miró por primera vez.
Y en sus ojos había algo nuevo.
Miedo.
Del verdadero.
—Porque hay cosas que es mejor no ver.
Valentina salió antes de lo habitual.
Necesitaba verlo.
Necesitaba respuestas.
Encontró a Tomás en la misma librería.
Como si supiera que iba a ir.
—Leí el mensaje —dijo ella, sin rodeos.
Él no se sorprendió.
Solo la observó en silencio.
—¿Qué sabés? —insistió Valentina—. ¿Qué está pasando?
Tomás dudó.
Y por primera vez, pareció… cansado.
—Más de lo que debería.
—Entonces decímelo.
Él dio un paso hacia ella.
Cerca.
Demasiado cerca.
—No —dijo en voz baja—. Porque cuanto más sepas… menos vas a durar.
Valentina sintió bronca.
—No soy una nena.
—No —respondió él—. Y ese es el problema.
El silencio entre los dos se volvió espeso.
Peligroso.
—¿Y vos? —preguntó ella—. ¿Cuánto te queda?
Tomás sonrió apenas.
Pero no era una sonrisa feliz.
Era una despedida anticipada.
—Menos desde que te conocí.
Ese día, cuando Valentina volvió a su casa…
La lista en su cuaderno tenía un nombre nuevo.
Se quedó mirándolo largo rato.
Y por primera vez…
no quiso tacharlo.
Porque todavía tenía esperanza.
Pero en el fondo, algo le decía que en ese país…
la esperanza también era un riesgo.




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