Bajo mi protección

NUEVOS CAMINOS, MISMA POSESIÓN

"Instituto SHŌGAI"
Inicio de ciclo universitario

Escuela especializada en Educación ,en Salud Mental y Trastornos del Neurodesarrollo.

El sol brillaba diferente en el Edificio Universitario. No era el mismo lugar de los pasillos estrechos y las aulas pequeñas de preparatoria. Ahora todo era más grande, más moderno, y lo más importante: eran libres... o casi libres.
—¿Estás seguro de que quieres entrar? —murmuró Gael, sujetando con fuerza la mano de Teo, entrelazando sus dedos con posesividad.
Teo levantó la mirada. Ya no era el chico encogido que temblaba ante un desconocido. Había crecido, su cabello rubio caía sobre su frente con un desorden perfecto y sus ojos claros brillaban con una paz que antes no tenía.
—Sí —respondió Teo, su voz era suave, calmada, pero firme. Ya no salía como un susurro asustado, ahora tenía peso—. Solo es otro edificio, Gael.
—No es solo nada —gruñó el moreno de ojos negros, apretando más la mano—. Aquí nos separan. Tú te vas para tu lado de "pinturas y cosas bonitas" y yo me tengo que ir al gimnasio. No me gusta.
EL MUNDO DE TEO: BELLAS ARTES
Al entrar al ala de Artes, el ambiente cambió inmediatamente. Era luminoso, lleno de lienzos y música suave. Teo soltó la mano de Gael despacio, sabiendo que tenían que separarse.
—Te veo en el recreo —dijo Teo, y le dio un beso rápido en la mejilla.
Gael frunció el ceño, queriendo más, pero asintió gruñendo y se marchó hacia su edificio, dejando una estela de tensión a su paso.
Dentro del salón, Teo se sentó en su lugar. Se veía irresistible. Su piel era pálida y suave, sus rasgos finos y delicados. No tuvo que hacer nada para llamar la atención; simplemente estar ahí era suficiente.
—Hola... tú debes ser Teo, ¿verdad? —dijo una voz suave a su lado.
Era Lesly. Una chica de mirada perdida, como si su mente estuviera flotando en otra dimensión. Tenía el cabello desordenado y vestía ropa holgada.
Teo asintió, observándola con curiosidad.
—Yo... yo soy Lesly. A veces me olvido dónde estoy, pero me dijeron que tú también... vas despacio —dijo ella con una sonrisa dulce y un poco ausente.
—Yo voy a mi ritmo —respondió Teo brevemente.
—¡Oh! ¡Qué hermosa voz! —exclamó otro chico que apareció por detrás, acomodándose la chaqueta perfectamente planchada y arreglando un cuaderno que llevaba alineado al milímetro contra su pecho.
Era Donovan. Alto, delgado, con una elegancia exagerada. Lo miró de arriba abajo y luego miró su mesa.
—Tienes el espacio un poco... desordenado. Permíteme —dijo Donovan, y rápidamente acomodó los lápices de Teo en fila perfecta—. Soy Donovan. TOC. Me muero si veo algo fuera de lugar. Y tú eres precioso, necesitas estar rodeado de perfección.
Teo esbozó una pequeña sonrisa. Por primera vez, no se sentía raro, se sentía entendido.
Pero fuera del círculo de sus amigos, las miradas no cesaban.
—¿Viste qué lindo es? —susurraban las chicas.
—Me muero por hablarle... se ve tan dulce —decían los chicos, admirándolo desde lejos. Teo se había convertido en la musa de todos, el chico bueno, el ángel del campus.
EL MUNDO DE GAEL: DEPORTES Y CAOS
Al otro lado del campus, en las canchas y gimnasios, el ambiente era pesado, cargado de testosterona y sudor.
Gael entró como un huracán. Su presencia lo llenaba todo. Alto, musculoso, de piel blanca y cabello negro azabache, con esa mirada oscura que no necesitaba palabras para intimidar.
—¡Ey, Gael! ¡Por aquí, hermano! —gritó alguien.
Era Dilan. Un chico igual de alto, pero de piel más bronceada, complexión atlética y una sonrisa que mostraba dientes blancos y perfectos. Se acercó dándole una palmada fuerte en la espalda.
—Veo que sigues igual de intenso, carnal —rio Dilan, pero sus ojos brillaban con la misma chispa peligrosa—. Trastorno explosivo, ¿verdad? Se te nota en la mirada.
—Y tú igual —respondió Gael, con voz grave y cortante, pero sin agresividad—. TDAH y furia pura.
—¡Jajaja! Somos un desastre de personas, ¿no? —Dilan se codeó con él—. Pero aquí nadie nos juzga. Oye, ¿dónde está tu sombra? ¿El rubio?
Gael cambió al instante. Su mandíbula se tensó, sus puños se cerraron y sus ojos se volvieron aún más negros, casi sin pupilas. La mención de Teo activó algo en su cerebro.
—Está en Artes. Lejos. Y no me gusta —espetó Gael, caminando con pasos pesados—. Todos lo miran, Dilan. Lo siento. Todos quieren algo que es mío.
Dilan levantó las manos en señal de paz, reconociendo que su amigo estaba al límite. Gael estaba en otro nivel; su impulsividad era más fuerte, su necesidad de control era absoluta.
—Tranquilo, campeón. Tú eres el dueño de este lugar. Nadie se mete con lo que es de Gael —dijo Dilan.
Y era verdad. Las chicas miraban a Gael suspirando, deseosas de tocar ese cuerpo fuerte y esa actitud de "chico malo". Los chicos lo miraban con respeto y miedo. Sabían que si Gael explotaba, no habría quién lo detuviera... excepto una persona.
EL REENCUENTRO
La campana del recreo sonó y Gael no caminó, salió corriendo hacia el edificio de Artes. No podía esperar más. Necesitaba verlo, tocarlo, marcarlo.
Allí estaba Teo, sentado en una banca, con Lesly que miraba al infinito y Donovan que limpiaba una mancha invisible del aire.
Gael se acercó a pasos largos y firmes. Sin importarle quién los mirara, tomó a Teo del rostro con ambas manos y lo obligó a mirarlo.
—Te extrañé —gruñó Gael, con la voz ronca y los ojos llenos de una locura amorosa—. No me gusta estar separados. Te buscan, te miran...
Teo no se asustó. Levantó una mano y puso su palma suave sobre el pecho fuerte de Gael, sintiendo su corazón acelerado.
—Estoy aquí —habló Teo, su voz cortando el ruido de la mente de Gael—. Soy tuyo. Solo tuyo.
Gael cerró los ojos, respirando hondo, calmando el fuego solo con el tacto de su chico.
—Prométemelo otra vez —exigió Gael.
—Soy tuyo, Gael —repitió Teo, seguro y firme.
Y en medio del campus nuevo, con nuevos amigos y nuevos ojos observándolos, la regla seguía siendo la misma:
Él era el caos, y Teo era su única paz.




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