Bajo mi protección

LA SOMBRA Y LA LUZ

La clase de Artes avanzaba tranquila. Teo estaba en su mesa, dibujando, con Lesly mirando por la ventana y Donovan organizando sus pinceles por orden de grosor.
De repente, la puerta se abrió lentamente. No entró con fuerza, entró con miedo.
Todos miraron. Era un chico nuevo. Bajo de estatura, delgado pero con rasgos duros, varoniles a pesar de su tamaño. Su cabello oscuro estaba alborotado y sus ojos... sus ojos iban de un lado a otro, desenfocados, paranoicos, como si viera monstruos en las esquinas.
Era Ezequiel.
Caminó rápido, casi tropezando, respirando entrecortado. Sus ojos barrieron el salón hasta que dieron con Teo.
Se detuvo en seco. El aire pareció volver a sus pulmones. Sin decir una palabra, caminó directo hacia él, se agachó junto a su silla y abrazó la pierna de Teo, o se sentó pegado a su lado y le agarró el brazo con fuerza desesperada, recargando la cara en su hombro.
—Tú... tú brillas —murmuró Zeke con voz ronca y temblorosa—. Contigo se callan. Contigo no vienen.
Teo se quedó inmóvil, sorprendido, pero sintió cómo el cuerpo del otro chico temblaba violentamente. Sintió miedo, pero no el miedo de que le hicieran daño, sino el miedo de quien está perdido.
—¿Quién eres? —preguntó Teo, su voz suave pero firme.
—Zeke... —respondió el chico, cerrando los ojos, aferrándose más a él como si fuera un salvavidas—. Y tú eres mi ángel. Mi salvación. No me dejes solo, por favor. Si te vas, ellos me comen.
—¡Oye! ¡Respeta el espacio personal! —exclamó Donovan, horrorizado, queriendo separarlos—. ¡Está todo sudado y desordenado!
—Déjalo —intervino Teo, moviendo la cabeza levemente—. No hace daño.
Y era verdad. Zeke solo estaba ahí, pegado a él, respirando su aroma, calmándose poco a poco. No lo miraba con deseo, lo miraba con devoción, como si Teo fuera lo único real en un mundo que se derrumbaba.
LA REACCIÓN DE GAEL
La hora del cambio llegó. Gael apareció en el aula como una tormenta. Iba con la camisa un poco desabotonada, los brazos al descubierto, marcados y fuertes. Buscaba a su chico para llevárselo y tenerlo solo para él.
Pero se detuvo en el umbral de la puerta.
Su mirada oscura se fijó en la escena: Su Teo, su rubio precioso, estaba siendo abrazado por otro.
Un chico pequeño, que le agarraba el brazo, que tenía la cara escondida en su cuello, que ocupaba el lugar que solo Gael tenía derecho a ocupar.
La temperatura del salón bajó varios grados. Los puños de Gael se cerraron con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Su TDAH gritaba, su furia hervía, quería cruzar el salón, agarrar a ese tipo y lanzarlo por la ventana.
Dio pasos pesados, ¡TAC! ¡TAC! ¡TAC!, retumbando en el suelo hasta llegar a ellos.
—¿Qué... carajos... es esto? —rugió Gael, su voz era un trueno.
Zeke levantó la vista de golpe, asustado por el ruido, vio a ese gigante de ojos negros llenos de odio... pero no soltó a Teo. Al contrario, se escondió más detrás del brazo de Teo, protegiéndose detrás de él, pero sin soltar ni un milímetro.
—Él es mío... es mi luz —dijo Zeke, con voz pequeña pero desafiante por instinto de supervivencia—. No me lo quites. Él me cura.
Gael iba a estallar. Iba a arrancarlo de ahí. Pero entonces vio los ojos de Zeke: estaban perdidos, estaban llenos de terror puro, no de arrogancia. Vio que no lo hacía por coquetear, ni por querer robarse a Teo. Lo hacía porque su mente estaba rota y Teo era el único pegamento que lo mantenía entero.
No podía golpearlo. No podía lastimarlo. Era como pegarle a un niño asustado.
Y eso era lo que más rabia le daba a Gael: estar furioso y no poder descargar el golpe.
Teo miró a Gael, y con calma, puso su mano libre sobre el pecho musculoso de su novio.
—Gael... tranquilo —habló Teo—. Solo tiene miedo. Me necesita.
Gael miró a su chico, luego miró al "enano" que tenía pegado como una garrapata, y soltó un bufido de fuego.
Se sentó bruscamente al otro lado de Teo, lo rodeó con su brazo posesivamente, marcando territorio, y miró a Zeke con ojos asesinos.
—Escúchame bien, enano... —siseó Gael, con voz bajita y peligrosa—. Puedes estar ahí. Puedes agarrarlo si tanto te salva la vida... PERO RECUERDA:
Gael apretó a Teo contra sí, marcando propiedad.
—ÉL ES MÍO. TÚ SOLO LO TOCAS PORQUE YO TE DOY PERMISO. SI SE TE OCURRE QUERER MÁS, TE MATO.
Zeke parpadeó, entendió la parte de "es tuyo" porque su delirio le dice que Gael es el guerrero fuerte que protege al ángel, así que asintió rápidamente y se acomodó mejor en el brazo de Teo, ignorando las amenazas de muerte, feliz porque ahora "su salvador" estaba cerca y el "guerrero" también los cuidaba.
Gael apretó los dientes. Iba a ser una universidad muy larga... y ese chico le iba a salir urticaria.

El día en el Instituto Shōgai terminó. Las clases, las miradas, la presencia de los demás... todo quedó atrás en cuanto salieron del edificio.
Caminaban hacia la salida, pero Teo no soltó la mano de Gael ni un segundo. Sus dedos apretaban con fuerza, buscando más que solo compañía. Mientras caminaban, el rubio levantó la mirada, sus ojos claros brillaban con una determinación y un deseo que no intentó ocultar.
—Gael... —habló Teo, su voz suave pero firme, apenas un murmullo que solo él escuchó—. Llévame a tu casa. Ahora.
Gael detuvo el paso de inmediato y lo miró. Vio el rubor en sus mejillas, vio cómo mordía ligeramente su labio inferior. No hacía falta decir más. Teo lo estaba invitando. Teo lo necesitaba tanto como él.
Una sonrisa oscura y posesiva se formó en los labios de Gael.

—¿Seguro? —preguntó él, acercándose más, rozando su nariz con la de Teo—. Porque si entramos ahí... no voy a parar. Te voy a tener toda la noche.
—Exacto por eso quiero ir —respondió Teo, sin apartar la mirada, desafiándolo con su inocencia—. Quiero que me tengas. Quiero ser solo tuyo, lejos de todos.
No necesitaron decir nada más. Gael lo tomó de la mano y lo llevó casi corriendo al auto, o caminando rápido, con una urgencia que les quemaba por dentro. Llegar a la casa fue un trayecto silencioso, cargado de electricidad, de miradas que prometían todo.
En cuanto la puerta de la habitación se cerró, el mundo exterior desapareció por completo.




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