El rumor corrió como fuego en pasto seco.
—¿Viste? El rubio ya tiene otro.
—Sí, el de repostería. Se ven súper bien juntos.
—Pobrecito, debió sentirse solo cuando Gael trajo a la rubia esa.
Las palabras llegaron a la mesa donde estaban almorzando. Gael tenía el ceño fruncido, apenas tocaba su comida, con Elisabeth a su lado hablando sin parar de cosas que no le importaban y Dilan comiendo en silencio, notando la tensión.
De repente, una figura pequeña y de mirada perdida se plantó frente a ellos. Era Lesly.
No saludó, no sonrió. Miró directamente a Gael con sus ojos extraviados pero firmes.
—Gael... —habló Lesly, su voz sonaba como un anuncio de tragedia—. Tu luz... tu ángel... ya no está solo.
Gael dejó el tenedor con fuerza. ¡CLAC!
—¿De qué hablas, Lesly? —preguntó él, sintiendo cómo su corazón empezaba a latir descontrolado.
—Teo tiene nuevo novio —soltó ella de golpe, sin rodeos—. Se llama Ren. Es de cocina. Es muy guapo y le lleva dulces. Se ríen mucho. Ahora él es quien está con él... así que ya no eres necesario.
El mundo de Gael se detuvo.
¿Novio? ¿OTRO? ¿REN?
La sangre le bajó a los pies y subió de golpe a la cabeza, hirviendo. Sentía que le daban un puñetazo en el estómago. ¿Cómo? ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo se atrevía alguien a tocar lo que era suyo cuando él estaba sufriendo por protegerlo?
—Llévame con él... AHORA —ordenó Gael, levantándose de un jalón, su voz era un trueno que hizo callar a toda la cafetería.
—¡¿A dónde vas?! —gritó Elisabeth, reaccionando rápido y colgándose de su brazo con fuerza, intentando detenerlo—. ¡Nos estamos alimentando! ¡No puedes irte así! ¡Soy tu prometida!
Gael miró su brazo, luego miró a la chica con una mirada tan oscura y vacía que dio miedo hasta a los que estaban lejos.
—Suéltame... —gruñó Gael.
—¡No! —se aferró el.
Gael no tuvo paciencia. Su furia era superior a cualquier educación o etiqueta. Con un movimiento brusco y violento, sacudió el brazo con tanta fuerza que Elisabeth perdió el equilibrio.
—¡AH!
La chica cayó sentada al suelo duro, levantando polvo. Su ropa se arrugó, su cabello se desordenó y el dolor en su trasero fue real.
Todo el mundo contuvo la respiración. Nadie nunca había tratado así a la "princesa".
Gael ni siquiera se detuvo a verla.
—Si me sigues, te aplasto —espetó sin mirarla.
Elisabeth se quedó ahí, en el suelo, roja de vergüenza y rabia, mientras veía la espalda ancha y furiosa de Gael alejándose a pasos pesados junto a Lesly. Se levantó rápido, llorando de humillación y salió corriendo detrás de ellos, seguida por Dilan que solo atinó a decir:
—Vale, esto se va a poner feo... muy feo.
Caminaron rápido hacia los jardines traseros, el lugar favorito de Teo.
Y allí estaba.
Bajo la sombra de un árbol, sentado en la banca, estaba Teo. Se veía hermoso, con una pequeña sonrisa en los labios. Y frente a él, sentado muy cerca, demasiado cerca, estaba Ren.
Ren le estaba ofreciendo un pedazo de pastel con su propia cuchara, sonriendo con esa cara de "chico bueno" que tanto le iba a costar.
—Vamos, ábrele la boquita, precioso —decía Ren con ternura—. Este te va a encantar.
Teo iba a aceptar, iba a abrir la boca... cuando una sombra gigante y aterradora los cubrió por completo.
El aire se heló. Se escuchaba solo la respiración pesada y agitada de un animal a punto de atacar.
Teo levantó la mirada despacio... y se quedó helado.
Allí estaba Gael.
Pelo negro alborotado, camisa desabotonada, músculos tensos, venas marcadas en el cuello y unos ojos que ya no eran negros... eran pozos de locura y destrucción absoluta.
Gael no miraba a Teo. Miraba a Ren. Y en su mirada estaba escrita la sentencia de muerte.
Al ver llegar a esa bestia humana, Ren se puso de pie de un salto. No dudó ni un segundo. Dio un paso al frente, colocando su cuerpo delante de Teo como un escudo humano, mirando a Gael directamente a los ojos con total desafío.
Gael se detuvo a unos metros, pesado, amenazante, respirando como un toro antes de embestir.
—¿Qué buscas aquí? —preguntó Ren, con voz firme, sin retroceder ni un milímetro—. ¿No tienes ya a tu princesa? —señaló con la mirada a Elisabeth que llegaba corriendo atrás—. ¿Viniste a presumir tu vida perfecta o qué?
Gael avanzó otro paso, invadiendo su espacio personal, haciéndose más grande, más imponente. Su aura era tan pesada que Ren sintió ganas de tragar saliva, pero no se movió.
—Eso no te importa, maldito pastelero de pacotilla —espetó Gael, veneno puro—. Lo único que te importa es que te apartes de él. AHORA.
—¿Y si no quiero? —sonrió Ren de medio lado, desafiante—. Lo quieres todo para ti, ¿verdad? Lo quieres atado, lo quieres controlar... pero cuando te cansaste o encontraste algo mejor, lo dejaste tirado. Ahora él tiene a alguien que sí lo valora, que sí lo trata como se merece y que no le trae problemas.
—¡¡¡CÁLLATE!!! —rugió Gael.
No aguantó más. Con un movimiento veloz y violento, Gael extendió el brazo y agarró a Ren del cuello con fuerza, levantándolo un poco del suelo, apretando con intención de lastimar, de callarlo para siempre.
—Te voy a matar... te voy a matar por tocar lo que es mío... —gruñó Gael, sus ojos negros brillaban con un brillo asesino, su puño libre se cerró listo para descargar el golpe que dejaría inconsciente al chico.
Ren se agarraba de la muñeca de Gael, intentando respirar, luchando por aire, pero aún así lo miraba con odio.
—¡GAEL, NO!
La voz sonó clara, firme, cortando la violencia como un cuchillo.
Teo.
Teo se interpuso entre ellos dos. Se paró frente al puño de Gael, mirándolo fijamente, sin miedo esta vez, solo con dolor y autoridad.
—Bájalo... —ordenó Teo con voz suave pero que retumbó en la cabeza de Gael—. No lo toques.
Gael temblaba, su cuerpo entero pedía sangre, pedía destruir a ese tipo que se atrevió a estar cerca de su vida... pero los ojos miel de Teo lo anclaron. No podía golpear. No con Teo ahí. No frente a él.
Con un gruñido de frustración, Gael soltó a Ren de golpe, haciéndolo caer hacia atrás. Ren tosió, recuperando el aire, masajeándose el cuello rojo.
—Hablemos... —dijo Teo mirando a Gael—. Solo nosotros dos.
Luego se giró hacia Ren:
—Por favor, vete. Ya estoy bien. Déjanos.
Ren miró a Teo, luego miró al monstruo que tenía enfrente y asintió de mala gana.
—Está bien... pero si te hace daño, rubio, yo vuelvo y me lo llevo. —Y se marchó, no sin antes lanzar una última mirada desafiante a Gael.
Todo el patio estaba en silencio. Todos los alumnos miraban escondidos o desde lejos. Habían visto todo: la furia de Gael, la valentía de Ren, la caída de Elisabeth minutos antes.
Elisabeth estaba ahí, de pie, con las manos cerradas, roja de coraje y humillación. Vio cómo Gael ignoraba su existencia por completo, con los ojos fijos solo en el rubio.
—Vámonos, Dilan... —murmuró ella con voz quebrada—. Esto es una barbarie.
Dilan solo se quedó observando, cruzado de brazos:
—Quédatelo, nena. Ahí se va a armar la de Dios es Cristo.
Gael y Teo se quedaron solos en medio del jardín, con el mundo mirando pero sin escuchar.
Gael se acercó a Teo, su rostro estaba descompuesto, entre la rabia y el desespero.
—¿Qué es lo que haces, Teo? ¿Qué es lo que haces con ese tipo? ¿En serio te acostaste con él? ¿En serio me cambiaste tan rápido? —gritó Gael, sintiendo que se rompía por dentro.
Teo lo miró, y en sus ojos había lágrimas, pero también había enojo.
—¿Y tú qué querías? —respondió Teo, y su voz sonó fuerte, clara, dolida—. ¡Llegaste con una mujer! ¡Una prometida! ¡Todos lo vieron! ¡Me dijiste que eras mío, que era tuyo... y trajiste a otra!
—¡ES UNA MENTIRA! —rugió Gael—. ¡Teo, por Dios, mírame! ¡Yo no la quiero! ¡Me obligaron! ¡Me amenazaron!
—¡PUES YO NO LO SÉ! —gritó Teo de vuelta, rompiendo su silencio para siempre—. ¡Yo solo vi que te fuiste con ella! ¡Que la trajiste aquí! ¡Que me ignoraste! ¡Sentí que sobraba! ¡Que ya no servía!
Teo dio un paso atrás, abrazándose a sí mismo.
—Si ya no me querías, solo tenías que decirlo... no necesitaba que me hicieras sentir tan pequeño, Gael.
Gael sintió que le partían el alma. Se acercó despacio, esta vez sin violencia, con las manos temblorosas queriendo tocarlo pero sin atreverse.
—Nunca... nunca vas a sobrar —murmuró Gael, con la voz rota—. Eres mi todo, rubio. Mi único todo. Estoy atrapado, te lo juro... pero voy a arreglarlo. Voy a romper todo antes de perderte.
Editado: 04.05.2026