Bajo mi protección

CAPÍTULO EXTRA: PARA SIEMPRE

No fue una boda grande ni llena de etiquetas. Fue una ceremonia hermosa, íntima y llena de color en los jardines del Instituto Shōgai, el lugar que los vio nacer como pareja.
Vestidos de blanco, con trajes impecables que resaltaban lo mejor de cada uno, se miraron frente al altar.
Los padres de Gael estaban ahí, ya no con frialdad, sino con orgullo. Habían entendido que su hijo era un hombre fuerte y capaz, y que Teo era lo único que lo mantenía en equilibrio. La madre de Teo también lloraban de felicidad, viendo a su niño precioso convertido en un artista seguro y amado.
—Prometes amarlo, respetarlo y cuidarlo... —preguntó el oficiante.
—Prometo amarlo incluso cuando mi mente sea un caos —respondió Gael con voz firme, tomando las manos de Teo entre las suyas—. Prometo ser tu escudo y tu hogar por el resto de mis días.
—Y yo prometo ser tu paz, tu inspiración y tu todo —dijo Teo con una sonrisa radiante—. Te elijo hoy, mañana y siempre, Gael.
Se pusieron los anillos y se besaron frente a todos, mientras sus amigos gritaban y aplaudían:
- Dilan gritaba: "¡Eso es hermano! ¡A vivirla!"

- Zeke lloraba feliz: "¡El ángel y el guerrero por fin unidos!"

- Donovan secaba sus lágrimas: "¡Todo perfecto! ¡Todo en orden!"

- Lesly sonreía: "Se ve tanta luz... que ya no hay sombras."
Y así, legal y espiritualmente... se convirtieron en esposos.

Se mudaron a una casa hermosa, amplia, llena de luz y arte. Una casa que era perfecta mezcla de ambos:
- Tenía el espacio y la fuerza de Gael.

- Tenía la armonía y los colores de Teo.
La Rutina Perfecta:
Cada mañana era igual y especial.
—¡Gael, levántate que llegas tarde! —decía Teo desde la cocina, preparando el café.
Gael aparecía desperezándose, todavía sin camisa, yendo directo a abrazar a su esposo por la espalda, enterrando su rostro en el cuello ajeno.
—Cinco minutos más... contigo estoy bien.
—No, señor empleado importante —se reía Teo—. Tienes que ir a dirigir la empresa.
Y es que la vida laboral les sonrió de maravilla:
- Gael trabajaba en una de las empresas de sus padres, pero a su manera. Era un líder nato, fuerte, carismático y con esa energía que lo hacía destacar. Sus empleados lo respetaban y lo querían, porque aunque tenía ese carácter fuerte, era justo y protector. Ya no era el chico violento, era el hombre de éxito.

- Teo brillaba por su cuenta. Era Diseñador Gráfico en una de las empresas más importantes de publicidad y medios. Su talento era reconocido mundialmente. Creaba imágenes, marcas y arte que llenaba de belleza al mundo. Y siempre, siempre, su musa era Gael.
El tiempo curó todas las heridas. Los padres de Gael y la madre de Teo ahora se llevaban de maravilla.
Hacían cenas juntos, viajes en familia, celebraciones navideñas donde ya no había rencores, solo risas y buenos momentos.
—Teo, hijo, ¿cómo te trata este grandulón? —preguntaba la mamá de Gael con cariño.
—Me trata como a un rey—respondía Teo, sonriendo y mirando a Gael que le servía comida con total devoción.
—Y ustedes cuídenlo mucho que es mi tesoro —decía la mamá de Teo.
—Lo sé, ... lo sé más que nadie —afirmaba Gael, sin quitar la vista de su esposo.
Llegaba la noche, y después de un día largo de trabajo, de responsabilidades y de mundo adulto, volvían a su refugio.
Se sentaban en el sofá, cansados pero felices. Gael recostaba su cabeza pesada en las piernas de Teo y este le acariciaba el cabello negro con amor.
—¿Sabes? —dijo Gael con voz suave—. A veces cierro los ojos y aún no me lo creo. Tengo trabajo, tengo dinero, tengo el respeto de todos... pero nada, absolutamente nada se compara con tenerte aquí.
Teo se inclinó y lo besó en la frente.
—Somos invencibles, Gael. Lo logramos.
—Sí... lo logramos —Gael sonrió, cerrando los ojos, en paz total—. Te amo, esposo mío.
—Te amo, Gael. Por siempre.
Y así, entre luces y sombras, entre caos y calma, Gael y Teo vivieron felices para siempre.
FIN.




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