Bajo Sombras y Susurros

Capítulo 1: El Encuentro

La mansión se alzaba en la colina como un espectro de épocas pasadas, sus paredes de piedra antigua y ventanales imponentes reflejaban el resplandor de las luces de la fiesta. Sara ajustó nerviosamente el escote de su vestido rojo, un toque de elegancia que contrarrestaba con la inquietud que la invadía. Aquella noche, la galería de arte local inauguraba una exposición benéfica y, al menos en teoría, era la oportunidad perfecta para relajar su mente turbada.

El murmullo de los asistentes creaba un fondo envolvente mientras ella atravesaba la sala, sus pasos reverberando en pisos de mármol pulido. Los murmullos de halagos y la risita juguetona de unas amigas se desvanecieron al percibir un destello a través de la muchedumbre. Era él: Gabriel.

No era solo la forma en que sus labios se curvaban en una sonrisa deslumbrante. Era la presencia que irradiaba, el magnetismo que hacía que cada ojo en la sala se centrara en él, como si un imán invisible lo atrajera a todos. Con una chaqueta negra perfectamente ajustada que realzaba su figura, Gabriel no solo era un hombre guapo; había algo profundo en su mirada oscura, como si su historia, aunque oculta, estuviera repleta de secretos.

El corazón de Sara se aceleró. Se obligó a despejar la mente, recordar el consejo que su madre siempre le dio: “No te entregues fácil, las apariencias pueden ser peligrosas”. Sin embargo, en ese mismo instante, se sintió como atraída por un imán que desafiaba toda lógica. Gabriel hizo un movimiento, mirando hacia su dirección, y de repente, sus ojos se encontraron. El instante se alargó, tensándose como si el tiempo se detuviera.

“¿Te gustaría ver la exposición?” preguntó Gabriel, su voz profunda, un susurro envuelto en curiosidad.

“Claro”, respondió ella, tratando de ocultar la temblorosa emoción que brotaba en su interior.

Mientras caminaban, la conversación fluía con naturalidad. Compartieron risas sobre las obras de arte, cada palabra un pequeño elixir que parecía acercarlos más, desdibujando las inseguridades de ambos. Ella se permitió disfrutar del momento, dejando que sus muros emocionales se debilitaran.

“Esa pintura”—señaló un cuadro que representaba un tumultuoso mar nocturno—“me recuerda a cómo me siento a veces. Hay belleza en el caos, pero también hay un peligro latente, ¿no crees?”

“Definitivamente”, dijo Gabriel, su tono haciéndose más serio. “Además del caos, el mar también trae libertad. A veces, hay que arriesgarse para encontrar lo que realmente anhelamos.”

Sus ojos se encontraron de nuevo, y por un momento, el mundo a su alrededor se desvaneció. La química entre ellos era tan palpable que desataba una tensión espera, como si el aire a su alrededor resaltara en un turbio y dulce pulso. Sin embargo, un roce del destino la sacó de la burbuja mágica de ese momento. Un fuerte ruido estalló a lo lejos, un cristal rompiéndose que letargó la sala. La risa y las conversaciones fueron reemplazadas por murmullos alarmados.

Sara miró hacia donde provenía el sonido, sólo para ver a varios hombres de apariencia peligrosa entrar de manera abrupta. A pesar de la multitud, había una aura de siniestra intención que envolvía a esos hombres. Gabriel se puso Instintivamente frente a ella, una sombra protectora.

“Sara, quédate aquí”, dijo, su voz baja y urgente.

“¿Qué está pasando?” preguntó, el eco de su propia ansiedad marcando cada sílaba.

“Confía en mí”, fue todo lo que respondió, sus ojos fijos en el escenario.

La tensión creció, palpable. Una oleada de adrenalina que la empujaba a querer permanecer al lado de Gabriel, pero el peligro que se cernía parecía pintar la situación con un matiz de terror. El evento se convirtió en una trampa, la amenaza creciente haciendo que todos se agacharan en busca de refugio.

Un hombre se acercó, su mirada escaneando la sala, y cuando se detuvo frente a Gabriel, un escalofrío recorrió la columna de Sara.

“No deberías estar aquí, Gabriel,” dijo el extraño, sus palabras impregnadas de veneno. “Ha llegado el momento de que pagues lo que debes.”

El rostro de Gabriel se endureció; un labio se apretó en un gesto de desafío. “No tengo nada que pagar.”

Con un movimiento rápido y sorprendente, el hombre empujó a Gabriel hacia atrás, sorprendiendo a Sara. Con su corazón latiendo con fuerza, el mundo se volvió borroso. Aquel peligro era real y muy próximo, y su instinto la empujó a actuar.

“No—” intentó gritar, pero sus palabras quedaron atrapadas en el aire.

Una pelea estalló. Todo se desarrolló en un frenético torbellino de cuerpos en movimiento y gritos confusos. Sara se congeló momentáneamente, sin saber si debía escapar o quedarse y ayudar. La mente le decía que no debía involucrarse, que escapar sería lo más sensato, pero su corazón, ese traidor que siempre la llevaba hacia adentro, la instó a no abandonar a Gabriel.

Con un grito, encontró el coraje para avanzar hacia la confusión. Pidió ayuda, pero nadie la escuchaba. En medio de la pelea, vio cómo Gabriel se defendía, su cuerpo ágil moviéndose con precisión; había algo casi hipnotizante en su baile de pelea, pero el reloj de la realidad seguía marchando en su contra.

Entonces, el caos se detuvo repentinamente. Un disparo resonó en el aire, creando un silencio espeluznante mientras los ojos se volvían hacia Gabriel. Él había detenido el movimiento justo a tiempo, el rostro pálido mientras la mirada de todos se centraba en él.

Fue un instante. Un cruce de miradas intensas entre ellos, una conexión que enfatizaba la gravedad del momento. Precísamente, en ese segundo, la mente de Sara se heló; entendió que el peligro que lo rodeaba no solo era físico. Su propia vida podría ya no ser la misma.

Todo su universo se colocaba en la balanza. La atracción apasionada que sentía por Gabriel era ahora una mezcla explosiva de peligro real y un oscuro secreto que la acechaba.

El capítulo cerró con una presión abrumadora. El silencio se tornó ensordecedor, y con una revelación atroz, Sara se dio cuenta de que esa noche sería el comienzo de un viaje que ni siquiera podía imaginar. Tenía que elegir: huir o saltar hacia lo desconocido, donde todos los peligros parecían unirse con la promesa de un amor prohibido.




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