El caos estalló a su alrededor como un fuego devorador, pero la luz del mundo exterior no llegó a resplandecer a través de las oscuras sombras que se alzaban entre ellos. Sara se encontró atrapada en un instante crítico, sus sentidos sobrecargados. El rostro de Gabriel, tensionado y decidido, se grabó en su mente mientras avanzaba hacia Jacobo, el enemigo del pasado que había resurrecido de manera devastadora.
“¡No te atrevas a acercarte más!” Gabriel gritó, su voz firme resonando en el aire, una declaración que contenía tanto angustia como protección. La mirada de Jacobo destilaba desprecio, como si se regocijara en la situación entre ellos.
“Siempre fuiste tan predecible, Gabriel,” retó Jacobo, su tono lleno de burla. “Acabas de poner a Sara en la línea de fuego. ¿Sabes lo que hace la verdad a una persona? ¿Te atreverías a enfrentarla?”
Las palabras de Jacobo eran piedras arrojadas al agua, cada una de ellas formando olas en el corazón de Sara. Había un peso en su mirada que la obligaba a cuestionar su relación con Gabriel, llevándola a la infancia, a cuando cursó el dolor de traiciones inolvidables.
“¿Qué verdad?” preguntó ella, el temor en su voz revelado al tiempo que tomaba la mano de Gabriel. La conexión entre ellos se sentía viva, ardía en su piel como un fuego compartido. Pero el desafío ante sus ojos también era Dantesco.
“Esa” —Jacobo se inclinó un poco hacia ella— “es la verdadera pregunta, querida Sara. La verdad siempre te alcanzará. Creíste que podías escapar de tus demonios, pero aquí estás, atrapada entre dos mundos.”
Un escalofrío recorrió la columna de Sara, y se preguntó si él no la conocía tan bien como decía. Había años de dolor que la asediaban, un estigma que se le atribuyó que había tratado de enterrar, pero este encuentro desesperado revivía las heridas. Gabriel se movió a su lado, y el mundo pareció centrarse en esa unión, un escudo contra el caos.
“Lo que hayas hecho en el pasado no tiene poder aquí,” afirmó Gabriel, y mientras esos ojos catárticos lo miraban, comprendió que su conexión con él era más intensa de lo que había imaginado. Era un fuego del que ni quiso alejarse.
De repente, las luces azules y rojas de los patrulleros comenzaron a titilar como estrellas en el suelo, aproximándose con el peligro de lo inevitable. Sara sintió el tiempo deslizarse por sus manos, arrastrando consigo un instante que podría cambiar todo.
“Antes de que lleguen las autoridades, necesitamos terminar esto,” dijo Gabriel, la urgencia en su voz palpable. “Tú y yo tenemos que hablar.”
“¿Sobre qué?” replicó Jacobo con un tono sarcástico, haciendo un gesto a su alrededor. “¿Sobre el hecho de que lo que hay entre ustedes es un juego? Eres un traidor, Gabriel y tú, Sara, no eres más que una pieza más en este tablero.”
No una pieza, pensó Sara. Ella era su propia jugadora y nunca más permitiría que nadie, ni siquiera Jacobo, decidiera su destino.
Y así, en medio del tumulto emocional, se volvió hacia Gabriel, tratando de descifrar sus pensamientos. “¿Por qué no me dijiste quién era él? Todo esto… esto no es lo que esperaba.”
Gabriel lamió sus labios, ¿una señal de nervios? “Pensé que era mejor protegerte. No quería arrastrarte al abismo de mi vida. Mi mundo es peligroso.”
“Demasiado peligroso…” Sus ojos se entrecerraron de dolor mientras consideraba lo que probablemente había ignorado. Con cada revelación, el nudo de sus vidas empezaba a desenredarse. “Gabriel, si realmente importa, quiero enfrentar el riesgo. No puedo seguir huyendo de mi pasado.”
Sin previo aviso, un grito resonó en la noche, cortando el silencio. Sara miró hacia Jacobo, quien ahora lucía inquieto y enfadado.
“Lamento no haber llenado tus expectativas, querida, pero el tiempo se nos agota,” dijo Jacobo. “Por si no lo sabías, la vida es un juego de poder y cada decisión tiene consecuencias.”
Con base en las últimas palabras de Jacobo, algo dentro de ella cambió. Se sintió más fuerte y decidida. “No tengo miedo de enfrentar mi pasado, Jacobo. No dejaré que controles mi vida. No más.”
El eco de su voz resonó en el aire, y la tensión se crystallizó. Se giró para mirar a Gabriel, buscando su apoyo, pero la batalla interna en su rostro era difícil de descifrar.
“Esto es lo que quiero,” le dijo ella con fervor. “Nunca más dejaré que alguien me quite mi voz. No puedo seguir escondiéndome.”
Un aroma de desafío alzó la atmósfera, y Gabriel asintió, la decisión en sus ojos brillando como una llama frente a la tormenta. “Estamos juntos en esto, Sara. Nunca más… nunca más te dejaré caer.’
“¿Hermosa y heroica? A menudo no es el resultado en este juego,” Jacobo interrumpió, su risa era un veneno que intentaba contagiarles miedo. “Pero no importa; se acerca la verdad, y lo que está por venir podría ser aún más aterrador.”
“Ya lo veremos,” Gabriel respondió, dando pasos firmes hacia Jacobo mientras la distancia entre ellos se hacía menos y menos. En ese momento, la tensión, las emociones desbordadas, y la historia compartida se agolpaban, listas para estallar.
El sonido de un golpe resonó en el aire mientras Gabriel avanzaba. Y tan pronto como ocurrió, un teléfono sonó en la lejanía, girando la atención de todos hacia su vibrante existencia.
“Esto es un juego muy peligroso, ¿no crees?” Jacobo afirmó, sin perder el ritmo en su provocación. Mientras Gabriel se preparaba para atacar, Sara sintió que el tiempo se ralentizaba.
Y justo cuando la situación parecía llegar a un clímax, un murmullo rompió el aire, interrumpiendo la secuencia. “¡Sara, sal de ahí!”
El sonido del grito provenía de las autoridades que se acercaban rápidamente, y un movimiento frenético provocó que la multitud tratara de escapar. Cada segundo que pasaba era una escena de tensión acumulada, un caos que insinuaba que el conflicto aún no había terminado.
“Quizás lo mejor sea… un retiro estratégico,” sugirió Jacobo, mientras observaba la llegada de las autoridades acercarse en grandes números. “Estaré vigilando, Sara. No te olvides de la verdad que persigue a los que eligen amar en la oscuridad.”
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romance contemporaneo, secretos y conflictos, emociones y giros inesperados
Editado: 12.02.2026