Bajo Sombras y Susurros

Capítulo 6: Voces en la Oscuridad

El aire en el vestíbulo del hotel era pesado, impregnado de una mezcla de ansiedad y adrenalina. Sara podía sentir su corazón latiendo salvajemente en su pecho, cada golpe un recordatorio de que el peligro estaba más cerca de lo que podría haber imaginado. Mientras Gabriel mantenía un ojo alerta en la entrada, ella intentó reunir sus pensamientos. Lo que había comenzado como una noche de gala se había convertido en un inquietante laberinto de secretos y traiciones.

“¿Dónde están?” murmuró, ahogada por la creciente desesperación. La imagen de Jacobo asomándose de las sombras la perseguía, un recordatorio de que los fantasmas del pasado nunca estaban realmente muertos.

“Puedo sentirlo,” Gabriel respondió, su voz profunda y tensa, como si compartiera una conexión inexplicable con la intensidad que llenaba el aire. Podía ver el destello en sus ojos, la preocupación por asegurarse no solo de su propia seguridad, sino de la de Sara. “No dejaré que te haga daño. Te protejeré a toda costa.”

Las palabras lo decían todo, pero en el fondo, ella sabía que los hombres con los que se estaban enfrentando eran astutos, y Jacobo era un jugador peligroso. “No se trata solo de mí, Gabriel. Si él te encuentra, te hará daño a ti también,” dijo, luchando contra la creciente inquietud en su estómago.

“Lo sé. Ese hombre no se detendrá, pero tengo una estrategia. Necesitamos movernos antes de que se haga tarde,” dijo Gabriel, apretando su maletín, como si contuviera el peso de sus secretos. “Tú y yo estamos en esto juntos. Vamos a enfrentarlo”.

“¿Enfrentarlo?” El incredulidad se cernió sobre ella. “No puedo poner tu vida en juego de esa manera. Necesito asegurarme de que estés a salvo.”

“Es demasiado tarde para eso, Sara,” respondió él, los ojos centelleando con determinación. “Si existe tal cosa como una oportunidad de salir de esto, la tomaremos. Tú eres más fuerte de lo que crees. No te subestimes.”

“Quizás sea cierto,” dijo ella, su miedo ahogándose en el aire cálido de su determinación. “Pero el riesgo es demasiado alto. No quiero que me convierta en una carga, Gabriel. Lo que sucedió en el pasado sigue ahí, a la vuelta de la esquina. No sé si estoy lista para enfrentar eso de nuevo.”

“Estoy aquí contigo,” afirmó él, acercándose más, su voz envolvente haciendo eco en el aire. “Eres más fuerte de lo que piensas. Además, la única carga es la que llevamos en nuestras mentes. Vamos a empezar a liberarlos.”

Sara sintió el calor de sus palabras erizándole la piel. En ese momento, la conexión entre ellos se intensificó, y la atmósfera cargada comenzó a resplandecer. Sentía tanto deseo como intimidad, aunque el peligro aún se cernía sobre ellos como una nube oscura. Pero en los ojos de Gabriel vio algo que la llenó de valor.

“Estamos en esto juntos,” repitió, convenciendo a su corazón de que podía ser más que una víctima. Y mientras el pulso de su vida se entrelazaba con el de él, decidió arriesgarlo todo.

“Está bien, entonces,” exhaló, su tono se volvió firme. “Te sigo a donde sea que esto nos lleve.”

Antes de que pudiera procesar del todo la declaración, llevaron la mano al pasamanos de la escalera, con otra decisión firmemente tomada. La fortaleza de su decisión brillaba como una antorcha en la oscuridad, y mientras escapaban de la entrada principal, un zumbido vibrante llenó el aire, haciendo que su pulso se acelere.

“¿Oíste eso?” preguntó Gabriel con voz grave, la alerta en su mirada.

Sara asintió, sintiendo una ansiedad floreciente mientras escuchaban las voces de los hombres acercándose por el vestíbulo. Las mentes de ambos comenzaron a trabajar en frenético, conjurando una solución que no los llevara a la catástrofe.

“Tal vez hay una salida trasera,” sugirió Gabriel de inmediato, haciendo un giro rápido hacia la parte trasera del hotel. “Debemos actuar rápido.”

Mientras corrían por los pasillos, el sonido de sus pasos resonaba en la distancia. Cada eco significaba su libertad, pero también el riesgo de ser descubiertos. Sara se preguntó hasta dónde llegarían, qué tan lejos podían ir sin resultar atrapados en el juego que Jacobo dirigía.

Siguieron los pasillos con la rapidez del miedo, y al girar en una esquina, se encontraron frente a una puerta que conducía al patio del hotel. Sintiendo que la suerte estaba de su lado, Gabriel empujó la puerta, y el aire fresco de la noche los envolvió como un abrazo. Sin embargo, la liberación duró poco; al mirar hacia atrás, vieron una silueta acechante en el fondo del vestíbulo.

“Rápido, vamos,” ordenó Gabriel, tomando la mano de Sara y llevándola hacia el patio. Pero antes de que pudieran descender las escaleras, una voz familiar resonó en la oscuridad.

“Siempre tan impulsivos, ¿no es cierto?” La figura emergió de las sombras, revelando a Jacobo con una sonrisa triunfante. “Nunca aprendes, Sara. Pero esta vez no podrás esconderte.”

Sara sintió que el aire le faltaba. Su corazón latía con fuerza mientras la realidad de la situación amenazaba con aplastarla. “¿Cómo llegaste hasta aquí?” preguntó, con la voz temblorosa. “¿Por qué siempre estás detrás de mí?”

“Porque sabes la verdad,” Jacobo dijo, su voz envenenada con un tono burlón. “Y ahora vamos a tener que resolver esto para siempre.”

“¿A qué te refieres? ¿Cuál es tu juego?” preguntó Gabriel con una seguridad que ocultaba su propia intriga y temor.

“Mi juego es simple. Llevaré a Sara de vuelta a su lugar. Está fuera de control, y tú… tú solo eres un estorbo en su camino,” dijo Jacobo, y su mirada fija en ella hizo que un escalofrío recorriera su espalda.

“¡Nunca seré tu propiedad de nuevo!” Sara estalló, un grito de desafío que resonó en la noche. Cada fibra de su ser se rebelaba contra su antigua vida, y encontró el valor para enfrentar a Jacobo, mientras la ira reemplazaba los temores.

“¿Y qué planeas hacer, querida? Tu valentía es admirable, pero no has aprendido nada,” dijo él, avanzando unos pasos, y su mirada se oscureció, desbordando una malignidad palpable.




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