Bajo Sombras y Susurros

Capítulo 7: Ecos del Pasado

El aire estaba impregnado de tensión y miedo, una atmósfera eléctrica que amenazaba con erupcionar en caos al momento menos esperado. Sara miró a Gabriel, buscando en sus ojos ese destello de fortaleza que siempre había creído inquebrantable. Pero la sombra de Jacobo se cernía entre ellos, una presencia que transformaba cada palabra en un peligro latente.

“Demuéstrame que puedes ser más que solo un eco de tu pasado, Sara,” dijo Jacobo, acercándose como un depredador acechando a su presa. Su sonrisa era helada, y cada sílaba que salía de su boca estaba cargada de desdén.

“Ya no soy esa persona,” respondió ella, encontrando su voz en medio de la tormenta. Su corazón palpitaba con fuerza, pero la determinación comenzaba a tomar forma. “No puedes manipularme como lo hiciste antes. He cambiado.”

Gabriel se movió a su lado, su presencia era una roca firme en medio del tumulto emocional. “Sara tiene razón. Tienes que entender que la manipulación no funciona. Nunca más,” dijo él, su voz era un estruendo firme que hacia eco en el aire cargado.

“¿Cómo puedes ser tan ingenuo, Gabriel?” Jacobo soltó una risa burlona. “Ella es una marioneta en mi escenario. Tú solo eres un obstáculo temporal que desaparecerá cuando pase la tormenta.”

“Eres tú quien se está engañando si piensas que volverás a tener el control sobre ella,” Gabriel contraatacó, sus ojos centelleaban con desafío. “No dejaré que te lleves a Sara de nuevo, por mucho que te empeñes en hacerlo.”

El ambiente se tornó tenso, y la atmósfera palpaba a través del silencio que se cernía alrededor de ellos. Sara sintió que una ola de valentía se formaba dentro de ella, empujándola hacia adelante. “Jacobo, ¿de verdad crees que tienes el poder aquí? La amenaza que representas ya no me asusta. Puedo enfrentar mi pasado y todo lo que conlleva,” dijo, cada palabra plantando la semilla de su libertad.

“¿Acaso hablas en serio?” Jacobo frunció el ceño, como si intentara decifrar la verdad detrás de su declaración. “Quizás deberías recordar lo que costó liberarte antes. A veces, la libertad tiene un precio muy alto.”

Sara sintió que su ira comenzaba a borbotear, intensificándose con cada palabra que pronunciaba Jacobo. “No seré una víctima más. No puedes tener control sobre mi vida otra vez.”

Jacobo sonrió, y esa simple sonrisa era capaz de helar su sangre. “Entonces, prepárate para la batalla, querida. El juego apenas comienza.”

Cuando recobró la compostura, una inquietud recorrió la habitación mientras el aire se iba volviendo más denso. La marioneta que él solía manejar ahora había tomado las riendas de su propia vida, y esa transformación era como una melodía que resonaba con fuerza en su espíritu. Pero al mismo tiempo, la onda de desafío implicaba poner en riesgo no solo su seguridad, sino también la de Gabriel.

Sin querer perder más tiempo, Jacobo se movió hacia la salida, su figura serpenteando con una rapidez que los puso en alerta. “Esta no será la última vez que nos veamos, Sara. La verdad siempre encuentra su camino en la oscuridad. Recuerda que nadie se escapa de su pasado.”

La amenaza resonó en los ecos vacíos del patio, una advertencia que penetraba profundamente en su alma. Sara se sintió impotente mientras él desaparecía en la oscuridad, un caracol herido que se replegaba hacia sus orígenes, dejando un rastro de desconfianza.

“¿Estás bien?” preguntó Gabriel, su voz interrumpiendo sus pensamientos. “¿Te sientes segura?”

“Sí… no lo sé,” murmuró, luchando para despejar su mente de las sombras que azotaban su corazón. Las emociones la sobrecogían al recordar lo que había dicho Jacobo. “Regresará, Gabriel. Él no se detendrá hasta atraparme de nuevo en su juego.”

“Estamos juntos en esto,” afirmó él, tomando su mano y apretando con suavidad, como si la merecida tranquilidad pudiera calmar la tormenta que había desatado. “Debemos encontrar un lugar seguro y tener un plan. Tenemos que cerrar la brecha entre él y nosotros. No permitir que el pasado nos atrape.”

“¿Y cómo lo hacemos?” cuestionó ella, la ansiedad crecía, empujándola hacia un torbellino de incertidumbre. “No sé cómo enfrentar eso. Él sabe cómo manipularme con mis miedos.”

Gabriel dio un paso hacia ella, su mirada llena de seriedad y determinación. “Lo primero que tenemos que hacer es enfrentar esos miedos. Yo te ayudaré a descubrir la verdad, y primero debemos indagar en lo que sabemos. Tal vez haya pistas sobre lo que está tratando de hacer. Su regreso puede ser parte de un plan mayor que aún no conocemos.”

Sara respiró profundo, sintiendo cómo la angustia y la incertidumbre se entrelazaban en su interior. Estaba dispuesta a enfrentarse a Jacobo, pero la lógica también tenía que prevalecer; ella no deseaba que el pasado se repitiera.

“¿Dónde comenzamos?” Su voz era más firme, la chispa de la valentía comenzando a brillar nuevamente.

“Con nuestros aliados. Necesitamos información y ayuda. Hay personas en mi red que pueden saber más sobre lo que Jacobo está planeando. Es un riesgo, pero es necesario,” dijo Gabriel.

La idea de pedir ayuda le producía una mezcla de incomodidad y esperanza. Sabía que el camino hacia la verdad estaba lleno de peligros, pero no podía permitirse ser víctima de las sombras que habían atormentado su vida por tanto tiempo.

“Suena arriesgado, pero estoy dispuesta a intentarlo,” dijo, dejando que la voz de la determinación llenara sus palabras. “No puedo vivir temiendo las sombras. Es momento de actuar.”

“Así es,” dijo Gabriel, un destello de orgullo en sus ojos. “Eres fuerte, Sara, y no me rendiré.”

Y en ese momento, cuando la incertidumbre y el miedo se entrelazaban, una chispa de esperanza comenzó a iluminar la bruma de sus corazones. Menos de un momento después, la conexión entre ellos se intensificó, como si el caos desequilibrante de sus emociones fuera una fuerza conjunta.

Pero justo cuando ambos tomaron la determinación de convertirse en cazadores de la verdad, una vibración cortante cruzó el aire, el chirrido de un móvil rompió el silencio. Sara miró a Gabriel, y la preocupación en su rostro era un espejo de sus propios miedos.




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