El aire fresco de la noche envolvió a Sara y Gabriel como un manto reconfortante, pero no podía calmar las turbulentas emociones que se agolpaban en su interior. Habían escapado de la oscuridad del almacén, pero las sombras del pasado aún navegaban por sus mentes, dejando un eco interminable con cada paso que daban.
“¿Estás bien?” preguntó Gabriel, su voz suave pero firme, mientras avanzaban por las calles semivacías que conducían al lado del camino. La preocupación en su mirada era palpable, como si cada palabra que profería estuviera impregnada de la certeza de lo que habían dejado atrás.
Sara necesitaba un momento; sentía que la realidad la golpeaba en oleadas. “No puedo creer que Jacobo esté buscando otra vez,” musitó, su voz temblando ante la idea de enfrentarse nuevamente a su antiguo amor. “Pensé que había logrado dejar todo eso atrás. ¿Por qué no puedo sacar el peso de mi pasado?”
“Porque el pasado siempre nos sigue; no importa cuán lejos intentemos correr,” respondió Gabriel, su voz grave y enérgica. “Pero también puede ser un punto de partida. Ahora que estás aquí, hemos hecho un vínculo más fuerte. Tres batallas compartirán la vida, pero nosotros las enfrentaremos juntos. No tengo intención de dejar que me arrastre.”
Sus palabras comenzaron a calar hondo; mientras todo se mezclaba en una tormenta de emociones, el ardor del vínculo que compartía con Gabriel la empujó a mantener la voz firme. “Así es. No dejaré que el miedo me defina.”
Un silencio pesado se filtró entre ellos a medida que caminaban, la amenaza aún presente mientras sus reflejos se intercalaban en luces de farolas. La noche se perfilaba como un abismo, vasto e inexplorado, pero, por alguna razón, se sentía segura junto a Gabriel. Luchando contra la desconfianza que él había despertado en su corazón, decidió que era hora de abrirse.
“Escucha, hay algo que te debo,” comenzó, su voz firme pero temblorosa. “Lo que Jacobo mencionó antes… Supe que había algo oscuro en mi familia, algo que he tratado de enterrar por años. Eso me hizo confiar en él. Pero ahora… estoy comenzando a cuestionar todo.”
“Dime,” urgió Gabriel, su mirada fija en la de ella, completamente presente. “Cualquiera que sea la verdad, la enfrentaremos juntos. Eras fuerte antes, y lo eres ahora.”
Con un profundo suspiro, Sara decidió que ya no podía seguir escondiendo su historia. “Mi familia… había secretos en el pasado que nunca comprendí completamente. Crecí con la sensación de que había algo oculto, algo que siempre parecía alejarme de otras personas. Cuando conocí a Jacobo, sentí que era mi oportunidad de salir de eso. Pero conforme se fue desmoronando, me ofrecía seguridad en el engaño.”
“¿Qué tipo de cosas?” Gabriel le preguntó, su interés y preocupación marcando cada palabra.
Ella miró hacia el suelo, el peso de la revelación reteniéndola. “Mi padre estaba involucrado en cosas ilegales. No tengo detalles claros, solo que había una nebulosa que arrastraba a la familia hacia algo oscuro. Quizás ese tiempo que pasé con Jacobo fue mi intento más desesperado de salir de esa sombra. Pensé que así podría liberarme, pero caí en una ilusión que se volvió real.”
“Eso no te hace débil, Sara. Te hace humano,” Gabriel asentía, dándole fuerza e integridad a cada palabra que daba. “Y es por eso que lo confrontaremos. La gente no puede ser definida por los errores de aquellos que los han precedido.”
Y en ese momento, Sara sintió que las palabras de Gabriel eran como cuerdas que levantaban su fardo. “Gracias por entender, Gabriel; significa más de lo que puedes imaginar.” Sus ojos brillaron con gratitud, el vínculo entre ambos se hacía más fuerte. Pero las sombras del pasado seguían acechando.
Un sonido se escuchó a lo lejos, una sirena que rompió el silencio de la noche, y la ansiedad se apoderó nuevamente de su interior. “¿A dónde vamos ahora?” preguntó, sintiendo que la calma se disolvía una vez más.
“Vamos a encontrar un lugar donde podamos hablar abiertamente,” respondió Gabriel, su mirada severa. “Tomás mencionó que tiene un amigo cerca. Un contacto que podría ofrecernos refugio y protección, al mismo tiempo que nos ayuda a afrontar a Jacobo.”
Mientras se dirigían hacia el lugar que había mencionado Gabriel, un frío sabor a incertidumbre se apoderó de Sara. “¿Y si Jacobo nos encuentra antes?” cuestionó, apenas conteniendo su preocupación.
“Si lo hace, tendríamos que estar preparados,” afirmó Gabriel, los dardos de determinación brillando en sus ojos. “Debemos mantenernos unidos, siempre alerta. Pero no dejaremos que nuestras vidas se basen en el miedo.”
Mientras se movían por los oscuros callejones, Sara podía sentir cómo el vínculo entre ellos crecía con cada paso, solidificándose ante cada peligro latente. Las sombras del pasado aún estaban allí, pero ahora también lo estaba la decisión de enfrentarlas juntos.
Finalmente, llegaron a una pequeña casa oculta entre los árboles, con un letrero desgastado que anunciaba el nombre de un bar. “Aquí es,” dijo Gabriel, un aire de seguridad envolviendo sus palabras. “Tomás dijo que su amigo estaba en el interior. Mucha gente pasará aquí, así que la seguridad es clave.”
Mientras ingresaban, la música suave y las risas resonaban en el aire, un cambio refrescante de la oscuridad que habían dejado atrás. Sin embargo, la sombra de la preocupación nunca dejó de acechar.
“Debemos hacer esto rápido,” dijo Gabriel, llevando a Sara hacia el bar. “No podemos quedarnos aquí más de lo necesario.”
A medida que se acercaban, un hombre de cabello desaliñado al fondo de la barra pareció reconocer a Gabriel y se inclinó hacia adelante con un gesto ansioso. “¡Gabriel!” exclamó, su voz resonando por encima del ruido. “¿Qué estás haciendo aquí?”
“Necesitamos tu ayuda, Fernando. Jacobo ha vuelto, y estamos en medio de problemas.” La seriedad en la voz de Gabriel atrajo la atención del hombre, y la atmósfera se volvió tensa.
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romance contemporaneo, secretos y conflictos, emociones y giros inesperados
Editado: 12.02.2026