El despertar fue lento, como emerger de un océano de terciopelo. Leo abrió los ojos y lo primero que registró fue que no estaba en su pequeño y frío apartamento. Las sábanas eran de seda gris carbón, y el aire olía profundamente a cedro y a él mismo.
El dolor del pre-celo había desaparecido, reemplazado por una languidez pesada en sus músculos. Se sentó con cuidado, notando que vestía una de las camisas de dormir de Aiden; le quedaba enorme, cayendo por sus hombros. En su cuello, la piel se sentía sensible, aunque no había una marca de mordida permanente aún, el aroma de Aiden estaba impregnado en sus poros.
—Te has despertado.
Aiden estaba sentado en un sillón frente a la cama, todavía con los pantalones del traje pero sin camisa. Tenía una taza de café en una mano y el teléfono de Leo en la otra.
—¿Dónde estoy? —preguntó Leo, con la voz ronca—. ¿Qué hora es?
—Estás en mi suite privada de la empresa. Son las ocho de la mañana —respondió Aiden con una calma autoritaria—. Y tu teléfono no ha dejado de sonar en las últimas dos horas.
El pánico golpeó a Leo, disipando la niebla del sueño. —¡Mi hermana! Debo irme, ella no sabe dónde estoy, se pondrá nerviosa y su salud...
—Ya hablé con ella —interrumpió Aiden, levantándose para caminar hacia la cama.
Leo se quedó helado. —¿Qué? ¿Tú qué...? No tenías derecho a contestar mi teléfono.
Aiden se sentó en el borde del colchón, su presencia eclipsando todo lo demás. Entregó el teléfono a Leo. En la pantalla había un mensaje de texto de su hermana, Chloe: "¡Leo! El Sr. Volkov es increíble. Gracias por decirme lo de tu ascenso y el bono de emergencia. ¡Me acaban de trasladar a la clínica privada que mencionaste! Te quiero."
Leo miró a Aiden con los ojos muy abiertos. —¿Qué le dijiste?
—Le dije la verdad, con algunos ajustes —dijo Aiden, acercándose lo suficiente para que Leo sintiera su calor—. Le dije que habías sido promovido a mi asistente personal de confianza, que el trabajo requería que te quedaras toda la noche para un proyecto crítico y que, como parte de tu nuevo contrato, la empresa cubriría todos sus gastos médicos en la mejor clínica de la ciudad.
—Me has comprado —susurró Leo, con una mezcla de alivio y terror—. Me has atado a ti usando a mi hermana.
Aiden tomó el mentón de Leo, obligándolo a sostenerle la mirada. Sus ojos grises no pedían perdón.
—Te he asegurado, Leo. Vane te vio ayer. Si te dejaba volver a tu apartamento, él te habría encontrado para usar tus debilidades en mi contra. Ahora estás bajo mi protección legal, financiera y personal.
Aiden se inclinó, rozando sus labios con la oreja de Leo.
—Tu hermana está a salvo, pero tú ya no perteneces al sótano. Hoy mismo, un equipo de mudanza irá a buscar tus cosas. A partir de ahora, vivirás en mi penthouse. Serás mi asistente de día... y mi Omega de noche.
Leo sintió un escalofrío. Sabía que Aiden estaba siendo posesivo y manipulador, pero una parte traidora de su instinto Omega ronroneaba ante la idea de ser provisto y protegido de esa manera.
—¿Y si me niego? —desafió Leo en un último rastro de rebeldía.
Aiden sonrió de lado, una expresión depredadora pero extrañamente suave.
—No lo harás. Porque anoche, mientras me buscabas entre sueños, me llamaste "Alfa". Y ambos sabemos que tu cuerpo ya ha tomado una decisión.
Editado: 22.01.2026