La mudanza al penthouse de Aiden había sido un torbellino. Leo se sentía como un pájaro en una jaula de oro: tenía la mejor comida, ropa de diseñador y la seguridad de que su hermana estaba recibiendo el mejor tratamiento, pero no podía dar un paso sin que los guardaespaldas de Aiden lo supieran.
Al tercer día, Aiden tuvo que asistir a una reunión de emergencia en el extranjero.
—No salgas del edificio —había ordenado Aiden antes de irse, marcando el cuello de Leo con un beso posesivo que se sintió como una advertencia.
Sin embargo, esa tarde, un mensajero llegó a la recepción del lujoso edificio. No traía un paquete, sino una nota escrita a mano: "Leo, sé dónde estás. Te espero en el café de la esquina. Cinco minutos. Es ahora o nunca. —Toby".
El corazón de Leo dio un vuelco. Toby era su mejor amigo de la infancia, un Beta que siempre lo había protegido en los barrios bajos. Toby odiaba a las corporaciones y, sobre todo, a los Alfas dominantes.
Burlándose de la seguridad por la salida de servicio, Leo logró escapar. Cuando entró al café, vio a Toby, quien palideció al oler a Leo.
—Hueles a él... —dijo Toby, con asco y dolor—. Leo, tienes que venirte conmigo. He ahorrado dinero. Podemos cruzar la frontera, sacar a tu hermana de esa clínica y desaparecer. Volkov te está usando como un trofeo.
—Toby, no es tan simple —susurró Leo, mirando nerviosamente hacia la puerta—. Él ha pagado todo. Chloe está bien por primera vez en años.
—¡Es un contrato de esclavitud, Leo! —Toby le tomó las manos con fuerza—. Vámonos ahora. Tengo un coche a la vuelta.
Leo dudó. Por un segundo, la idea de la libertad lo tentó. Pero justo cuando iba a responder, el ambiente del café cambió drásticamente. El aire se volvió pesado, eléctrico. Los clientes empezaron a murmurar y algunos omegas en las mesas cercanas bajaron la cabeza por puro instinto.
La puerta del café se abrió de golpe. No era un guardaespaldas. Era Aiden.
No se había ido al extranjero. O, más bien, se había dado la vuelta en cuanto su equipo de seguridad le notificó que "el activo" se había movido. Aiden entró vistiendo un abrigo largo negro, su mirada era puro fuego gris.
—Leo —la voz de Aiden no era alta, pero cortó el aire como una cuchilla—. Aléjate de él. Ahora.
Toby se puso de pie, tratando de ser valiente a pesar de ser un Beta frente a un Alfa de élite. —Él no quiere estar contigo, Volkov. Lo tienes retenido.
Aiden ignoró a Toby por completo. Sus ojos estaban fijos en Leo, quien temblaba ante la furia contenida de su Alfa.
—Te di una instrucción, Leo —dijo Aiden, caminando lentamente hacia ellos. Cada paso hacía que Toby retrocediera inconscientemente—. Te di mi protección, mi nombre y mis recursos. ¿Y me pagas escapándote para ver a un Beta en un lugar como este?
Aiden llegó a la mesa y, con una fuerza bruta, apartó a Toby de un empujón, reclamando el espacio junto a Leo. Agarró a Leo por la nuca, no con dolor, sino con una firmeza absoluta.
—Él es mi amigo, Aiden... por favor, no le hagas daño —suplicó Leo.
Aiden soltó una risa seca y peligrosa. Miró a Toby con desprecio.
—Debería destruirte solo por ponerle las manos encima a lo que es mío. Pero voy a dejar que Leo elija.
Aiden miró a Leo a los ojos, su aroma a madera quemada inundando los sentidos del chico.
—Si cruzas esa puerta con él, te borraré de mi vida. Quitaré el pago de la clínica de tu hermana en este mismo segundo y nunca volverás a ver mi rostro. Pero si te quedas... si vuelves al coche conmigo... aceptaras que no habrá más escapatorias. Nunca más.
Leo miró a Toby, que le tendía la mano con desesperación, y luego miró a Aiden, que lo miraba con una posesividad oscura y una promesa de seguridad absoluta.
Editado: 22.01.2026