Bajo su Fragancia

Capítulo 7: La Marca de la Propiedad

El silencio en el coche de regreso al penthouse era ensordecedor. Leo mantenía la vista fija en sus propias manos, que aún temblaban sobre sus rodillas. A su lado, Aiden era una estatua de furia contenida. No había dicho una sola palabra desde que sacó a Leo del café, pero su aroma —normalmente reconfortante— ahora era afilado y dominante, llenando el vehículo de una advertencia silenciosa.

​Cuando llegaron al edificio, Aiden tomó a Leo del brazo. No fue rudo, pero la firmeza de su agarre dejaba claro que no había espacio para discusiones. Subieron en el ascensor privado hasta el último piso.

​Una vez que las puertas se cerraron detrás de ellos en el penthouse, Aiden soltó a Leo y se quitó el abrigo, arrojándolo sobre un sillón.

​—Me has desafiado, Leo —dijo Aiden, su voz era baja y peligrosa—. Te di todo lo que un Omega podría desear y tu primer instinto fue correr hacia un Beta que no puede ofrecerte ni una fracción de la seguridad que yo te doy.

​—Él es mi amigo... yo solo quería despedirme —susurró Leo, retrocediendo hasta que sus talones chocaron con el borde de la gran cama del dormitorio principal.

​—Ya no hay "despedidas", Leo. Ya no hay un pasado. —Aiden se acercó, obligando a Leo a sentarse en la cama por la simple presión de su presencia—. He sido paciente contigo. He esperado a que te sintieras cómodo, a que aceptaras esto por voluntad propia. Pero hoy me di cuenta de que si no te reclamo formalmente, siempre habrá alguien que crea que puede arrebatarte de mi lado.

​Leo tragó saliva, su corazón latiendo con una mezcla de miedo y una anticipación eléctrica que odiaba admitir. —¿Qué vas a hacer?

​Aiden se arrodilló entre las piernas de Leo, colocando sus manos sobre los muslos del chico. Subió la mirada, y sus ojos eran puramente dorados; el Alfa había tomado el control total.

​—Voy a hacer lo que debí hacer en el momento en que entraste en mi oficina —declaró Aiden—. Voy a marcarte. Mañana, cuando despiertes, cada fibra de tu ser sabrá a quién perteneces. Y el mundo entero, incluido Vane y tu amigo Beta, olerán mi marca en ti antes de que puedan siquiera pensar en acercarse.

​Leo sintió que el calor subía por su cuello. La marca de un Alfa CEO era permanente, un vínculo que lo uniría a Aiden física y emocionalmente para siempre.

​—Aiden... —murmuró Leo, su resistencia desmoronándose mientras el aroma del Alfa lo seducía.

​Aiden lo empujó suavemente hacia atrás sobre las almohadas, posicionándose sobre él. Sus dedos acariciaron la zona sensible del cuello de Leo, justo donde la glándula del aroma latía con fuerza.

​—Dilo, Leo —exigió Aiden, su aliento rozando la piel del Omega—. Di que me perteneces. Di que quieres que te marque.

​Leo cerró los ojos, dejando que las lágrimas de alivio y rendición rodaran por sus mejillas. El conflicto interno terminó en ese instante. Agarró los hombros de Aiden, tirando de él hacia abajo.

​—Soy tuyo —sollozó Leo—. Hazlo. Márcame, Alfa.

​Aiden no necesitó escucharlo dos veces. Se inclinó y sus dientes se hundieron en el delicado tejido del cuello de Leo. El dolor inicial fue rápidamente reemplazado por una explosión de euforia y una conexión tan profunda que Leo sintió que su alma finalmente encontraba un hogar. Una ráfaga de energía del Alfa inundó su sistema, sellando el vínculo.

​Leo se aferró a Aiden mientras el mundo exterior desaparecía. Ya no era Leo Miller de Archivos. Ahora era el Omega de Aiden Volkov.




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