Bajo su Fragancia

Capítulo 10: La Visita Inesperada

Aiden tenía a Leo atrapado bajo las sábanas, en medio de su "castigo" por la broma de la espuma rosa, cuando el intercomunicador de la puerta principal empezó a sonar con insistencia.

​—Ignóralo —gruñó Aiden, enterrando su rostro en el cuello de Leo, inhalando su aroma—. No espero a nadie hasta dentro de dos horas.

​—Aiden, alguien está tocando muy fuerte —dijo Leo, intentando recuperar el aliento.

​De repente, una voz femenina y muy animada se escuchó a través del sistema de altavoces de la entrada:

¡Leo! ¡Sé que estás ahí! El guardaespaldas me dejó subir porque dije que era una emergencia de vida o muerte... ¡y porque soy tu hermana!

​Leo se puso pálido. —Chloe.

​Aiden soltó un suspiro de frustración, apoyando la frente contra la de Leo. —Tu hermana tiene un sentido de la oportunidad pésimo.

​—¡Tengo que abrirle! —Leo empujó a Aiden y, esta vez, el Alfa lo dejó ir, aunque no sin antes darle un último beso posesivo.

​Leo se puso rápidamente una bata de seda de Aiden (que le arrastraba por el suelo) y corrió hacia la sala. Cuando abrió la puerta, Chloe entró como un torbellino. Se veía radiante; las mejillas sonrosadas y el brillo en sus ojos demostraban que el tratamiento que Aiden había pagado estaba funcionando de maravilla.

​—¡Leo! No podía esperar más, tenía que verte en tu nuevo... —Chloe se detuvo en seco. Sus fosas nasales se dilataron—. Vaya... hueles... hueles muchísimo a Alfa.

​Leo se puso rojo como un tomate, ajustándose el cuello de la bata para ocultar la marca fresca. —Hola, Chloe. Sí, es que... el apartamento es pequeño y el Sr. Volkov...

​—¿El Sr. Volkov está aquí? —preguntó ella con curiosidad.

​—Está aquí —respondió una voz profunda.

​Aiden apareció en el pasillo. Se había puesto una camisa negra, pero estaba desabotonada hasta la mitad y su cabello estaba revuelto. No se molestó en ocultar su aura dominante; de hecho, rodeó la cintura de Leo con el brazo y lo pegó a su costado frente a su hermana.

​Chloe abrió mucho los ojos, mirando de Aiden a Leo, y luego a la marca que asomaba bajo la bata de su hermano.

​—Así que... —dijo Chloe, cruzándose de brazos con una sonrisa pícara—. ¿El "ascenso" era este? ¿Pasaste de archivero a ser el Omega del hombre más poderoso de la ciudad?

​—Chloe, es complicado... —empezó Leo.

​—No es complicado —intervino Aiden, mirando a Chloe con respeto pero con firmeza—. Tu hermano es mi compañero. No es solo un empleado, y no es un capricho. Todo lo que es mío, ahora es suyo. Incluida tu salud y tu seguridad.

​Chloe suavizó su expresión. Se acercó a Leo y le tomó las manos. —Solo quería asegurarme de que estabas bien, Leo. Sabes que siempre hemos estado solos contra el mundo. Si este Alfa te cuida... entonces yo también lo acepto.

​Aiden asintió solemnemente. —Lo hará.

​—Genial —dijo Chloe, rompiendo la tensión con una risa—. Porque el guardaespaldas de abajo es muy guapo y me preguntaba si Aiden podría darme su número. Si vamos a ser familia, hay que empezar con los favores, ¿no?

​Leo se tapó la cara con las manos, avergonzado, mientras Aiden soltaba una carcajada.




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