Aiden esperó exactamente tres segundos después de que la puerta del ascensor se cerrara tras Chloe. En cuanto el "clic" de la cerradura electrónica resonó en el lujoso recibidor, la atmósfera cambió de nuevo. La cortesía que Aiden había mostrado frente a su cuñada se evaporó, siendo reemplazada por esa intensidad depredadora que hacía que el corazón de Leo diera un vuelco.
—Se fue... —susurró Leo, intentando dar un paso hacia la cocina para disimular su nerviosismo—. Debería preparar algo de desayunar, ¿no crees?
Aiden no respondió con palabras. Caminó lentamente hacia él, bloqueándole el paso.
—¿Desayunar? —Aiden arqueó una ceja, su mirada bajando por la bata de seda que apenas cubría el cuerpo de Leo—. Me dejaste a medias, Leo. Y tu hermana acaba de confirmar que eres un descarado por intentar ocultar mi marca.
—¡Aiden! Estaba tratando de ser profesional —protestó Leo, pero su voz flaqueó cuando sintió las manos grandes y cálidas de Aiden apoyarse en sus caderas.
—Ya no hay nada de profesional entre nosotros. Te lo dije ayer, y te lo repetiré hoy —Aiden se inclinó, aspirando el aroma a vainilla que se intensificaba con los nervios de Leo—. Me debes un castigo por la espuma rosa, y ahora me debes otro por interrumpir mi momento con tu hermana.
Sin previo aviso, Aiden cargó a Leo de nuevo, pero esta vez no lo llevó a la cama. Lo sentó directamente sobre la isla de mármol frío de la cocina. El contraste del frío del mármol contra su piel caliente hizo que Leo soltara un jadeo.
—Aquí mismo —sentenció Aiden, colocándose entre las piernas de Leo—. Quiero que cada vez que entres a esta cocina a preparar café, recuerdes lo que pasa cuando intentas jugar con tu Alfa.
—Aiden, por favor... —Leo rodeó el cuello del CEO con sus brazos, rindiéndose por completo. La dominación de Aiden era como una droga; lo asustaba un poco, pero lo hacía sentir más vivo y deseado de lo que jamás había imaginado.
—No pidas por favor todavía —susurró Aiden contra su cuello, justo encima de la marca—. Apenas estamos empezando. Y esta vez, no voy a dejar que te levantes de aquí hasta que olvides incluso cómo te llamas.
Aiden comenzó a besar su cuello con una posesividad feroz, mientras sus manos exploraban cada rincón de Leo bajo la seda. El penthouse quedó en absoluto silencio, excepto por los suspiros de Leo y el sonido del Alfa reclamando lo que legal y biológicamente ya era suyo.
Editado: 22.01.2026