Capítulo—
Maximilian no se limitó a esperar dentro del auto.
Apenas estacionó frente a la casa, bajó con calma, acomodó el saco oscuro que llevaba y caminó hasta la puerta. Tocó el timbre con una seguridad que no pedía permiso, solo anunciaba presencia.
Lucía fue la primera en aparecer.
Abrió la puerta de golpe y, al verlo, se quedó inmóvil durante un segundo. Sus ojos recorrieron a Maximilian de arriba abajo con descaro absoluto, como quien contempla una dona glaseada después de semanas de dieta.
—Oh... —sonrió lentamente—. Buenas noches.
Maximilian respondió con una sonrisa amable, aunque incluso así era imposible que no resultara peligrosamente atractivo para cualquier estabilidad mental, y menos para la de Lucía que: dicho por Valeria, ella había nacido con una desafortunada, enfermedad llamada: me enamoró en un parpadear.
—Buenas noches.
Lucía se giró apenas hacia dentro de la casa.
—¡Valeeeeeria! —soltó en un cantarín tono peculiar y a la vez coqueto—. Ya llegó tu acompañante de revista y devolvió la vista a Maximilian, un galán así no se tenía en frente todos los días. O gratis no...
— Pregunta, ¿es de familia?—soltó Lucía con una curiosidad chispeante en los ojos y él enarcó una ceja y aún así se veía más atractivo.
—Perdón, pero... ¿qué es de familia?
—Ser así de guapos, debería ser un crimen, digo es que—hizo una pausa y lo volvió a mirar sin ninguna vergüenza —.Realmente, es ilegal ser así de guapos ustedes los Cole...
Maximilian sonrió divertido y Valeria apareció segundos después y él dio un paso atrás.
Literalmente.
Se quedó mudo por un instante, como si el mundo hubiera hecho una pausa solo para él. Sus ojos se posaron en ella con asombro sincero, recorriendo el vestido, la forma en que la tela caía sobre su cuerpo, la seguridad silenciosa que irradiaba.
—Te ves... —empezó, pero se detuvo.
Lucía, encantada con el momento, completó sin pudor:
—Espectacular. Una diosa. Una reina. Una empoderada roba-corazones-de-hombres-guapos-de-apellidos-que-inician-con-la-letra-C
Lucía suelta todo rápido y Maximilian no pudo evitar reírse.
Valeria, roja como un tomate, le dio un pellizco a Lucía.
—¡Auch! —se quejó ella.
—Eso te ganas —murmuró Valeria—. Ahora vete.
Lucía retrocedió, pero antes de desaparecer dijo mirando a Maximilian:
—Disfruten la noche. No lleguen temprano.
Valeria estuvo a punto de ir tras ella para otro pellizco, pero Lucía ya había cruzado la puerta de su habitación, riéndose.
Valeria negó con la cabeza y luego miró a Maximilian, nerviosa.
—Lo siento... Lucía es muy... —buscó la palabra— especial.
—Encantadora —respondió él sin dudar.
Luego la miró con atención renovada.
—Y tú... estás bellísima.
Valeria sintió cómo el calor subía a sus mejillas.
—Gracias.
Maximilian le ofreció el brazo, guiándola hasta el auto con una cortesía impecable.
El trayecto fue tranquilo, elegante, cargado de una tensión sutil que ninguno nombró.
Al llegar al hotel, las puertas se abrieron y los flashes comenzaron de inmediato.
Cámaras, voces, luces.
Ellos se convirtieron en el centro de atención sin proponérselo. Eran, sin discusión, la pareja de la noche.
Una reportera se acercó rápidamente.
—Señor Cole, ¿podría decirnos unas palabras?
Maximilian sonrió con naturalidad.
—Estamos muy emocionados de representar a Harrison Corp —dijo—. Este evento es un gran paso hacia el mercado internacional.
La reportera asintió y luego miró a Valeria, después a Maximilian.
—Veo que está muy bien acompañado esta noche.
—Valeria Cruz —respondió él sin titubear—, vicepresidenta de Harrison Corp. Es una pieza clave para la empresa. Me siento afortunado de trabajar con alguien tan eficiente.
La reportera sonrió, pero no se detuvo ahí.
—¿Y habrá algo más aquí... o es solo trabajo?
Valeria sintió que el piso se abría bajo sus pies.
Iba a negar, pero Maximilian se adelantó, firme, sin perder la sonrisa.
—Valeria es una mujer profesional —dijo con claridad—. No mezclemos las cosas.
La reportera se quedó en silencio.
Ellos avanzaron, dejándola atrás.
Una vez dentro, Maximilian notó la rigidez en los hombros de Valeria.
—No te preocupes —le dijo en voz baja—. Los reporteros siempre son indiscretos.
Ella asintió con una sonrisa leve, pero por dentro el temor crecía. No quería rumores. No quería titulares. Y, sobre todo, no quería que Sebastián se enterara.
Eso podría hacerlo estallar todo.
Avanzaron entre el salón iluminado. Maximilian saludaba a inversionistas, presentaba a Valeria con orgullo, la integraba a cada conversación. Ella respondía con soltura, hablando de economía, estrategias, mercados.
Cada respuesta la hacía brillar más.
Y cada palabra la hacía más irresistible para él. Algo peligroso, considerando la determinación de Maximilian, porque cuando se proponía algo, se veía obligado a lograrlo.
En un momento quedaron solos, apenas unos segundos, al margen del bullicio.
Maximilian la miró fijamente.
—Dime algo —preguntó, con una intensidad que le erizó la piel—. ¿Hay algo que no hagas bien tú?
Valeria se congeló.
Tragó saliva.
La cercanía, el tono, la forma en que la observaba... todo la desarmó por completo.
Y por primera vez esa noche, no supo qué responder.
La tensión entre ellos era tan evidente que Valeria comenzó a sentirse atrapada en medio de algo que no comprendía del todo, pero que intuía peligroso.
Las miradas.
El silencio demasiado largo.
La forma en que Maximilian se inclinaba apenas hacia ella... y cómo Sebastián había aparecido de pronto, impecable, dominante, como si aquel lugar le perteneciera por derecho.
—Buenas noches—saludó Sebastián con su atención puesta en Valeria. Ella se sintió microscópica ante la mirada analítica de él, sus facciones estaban endurecidas y podía atisbar un deje de rigidez. En definitiva no estaba ahí en plan de amigos y eso la ponía muy nerviosa al punto de querer salir corriendo.
Luego notó la expresión de Maximilian, una sonrisa complacida casi como si ver a Sebastián le hubiera alegrado la noche, pero no en el sentido de: "vaya que agradable sorpresa verte aquí" no, de hecho era más un : que interesante verte aquí.
Editado: 08.01.2026