Capítulo—
La mañana siguiente llegó demasiado rápido.
Valeria llevaba más de una hora despierta. Caminaba de un lado a otro de la habitación del hotel, repasando mentalmente cada diapositiva, cada cifra, cada palabra que debía decir. Volvía a leer sus notas, cerraba la laptop, la abría otra vez.
—Respira… —murmuró, pasándose una mano por el cabello—. Respira.
Se detuvo frente al espejo.
Se había preparado bien. El vestido le sentaba perfecto, elegante sin exagerar. El cabello recogido con sobriedad, el maquillaje justo. Se veía… distinta. Fuerte. Radiante. Como una mujer capaz de convencer y conquistar a cualquiera con solo hablar.
Y aun así, el miedo seguía ahí.
Salió de la habitación con el corazón latiendo fuerte.
En el lobby, Maximilian la esperaba.
Al verla, su expresión cambió de inmediato. Sonrió. Una sonrisa abierta, sincera… orgullosa.
—Wow —dijo—. Te ves increíble.
Valeria intentó sonreír, pero los nervios la traicionaron.
—No me siento increíble —confesó—. Me siento como un desastre. Creo que no voy a poder hacerlo.
Maximilian se acercó con calma.
—Sí puedes —respondió—. Eres capaz, inteligente. Sabes exactamente lo que haces—la halagó con esa sonrisa desarmadora que él sabía utilizar bien.
A pesar de eso ella negó con la cabeza.
—¿Y si lo arruino? ¿Y si digo algo mal?—se castigó así misma temiendo cometer errores y estropear la única razón por la que habían viajado a Londres.
—No vas a arruinar nada —dijo él con firmeza—. Eres excelente en tu trabajo—recalcó en un tono suave.
Valeria bajó la mirada, apretando los dedos.
—Esto es muy importante, Maximilian —susurró—. El futuro de la empresa depende de lo que diga hoy. Si no los convenzo…
Él no la dejó terminar.
Se acercó un poco más. Demasiado.
Tomó sus manos con suavidad. Valeria contuvo el aliento.
—No pienses en eso —dijo mirándola directamente al rostro—. No te presiones. Solo sé tú. Eso basta. Todo va a salir perfecto—sus manos tocaban las de ella, esa forma de mirarla y traspasarla al mismo tiempo, hacía que el corazón de Valeria latiera como si hubiera corrido una maratón.
La cercanía la descolocó por completo.
Tragó saliva. Apenas pudo asentir.
—Está bien —murmuró. Trató de no pensar en los posibles errores, y se concentró más en hacer bien su trabajo, sabía que si Lucía estuviera ahí le diría algo como: Vamos, eres la “Girl Fire” de las conferencias, esos tipos no son nada, solo ve ahí luce hermosa y cierra bocas con tu inteligencia.
De hecho hasta veía a Lucia haciendo gestos exagerados y señalándola para animarla, Valeria no pudo evitar sonreír y Maximilian lo notó.
—Al parecer ya te sientes mejor—murmuró mientras conducía el mercedes negro que había rentado. Ella lo miró y amplió los ojos levemente. Se rascó el antebrazo y apretó los labios sutilmente por la vergüenza.
—Perdón, es que estaba pensando en Lucía—dijo en un tono bajo. Maximilian sonrió.
—Oh, vaya, había olvidado a tu excéntrica amiga, creo que ella te apoyaría mucho en este momento—comentó él sin dejar de ver el camino.
—De hecho, creo que me regañaría y me daría un golpe en la cabeza para que entre en razón —confesó Valeria en una sonrisa. Maximilian bufó por la nariz una sonrisa compartiendo el momento y luego la vio de reojo.
—Es bueno que a veces tengas a alguien que te de ese tipo de ánimos—comentó y ella suspiró viendo por la ventana.
—Si—respondió un poco melancólica. De hecho no estaba pensado ahora en Lucia, sino en alguien más…
Sebastián.
Y Maximilian lo notó.
Apretó un poco el volante con las manos, porque detestaba que la imagen de Sebastián se hiciera tan visible en el rostro de Valeria, era como si leyera sus pensamientos.
La sala de conferencias estaba llena.
Valeria respiró hondo antes de salir al frente. Buscó una mirada conocida entre el público.
Encontró la de Maximilian.
Él le sonrió y levantó ambos pulgares.
Valeria respondió con una sonrisa leve y tomó aire.
Comenzó a hablar.
Y todo fluyó.
Explicó el proyecto con claridad, presentó los números con seguridad, respondió preguntas con convicción. Su voz no tembló. Su mente estaba enfocada. Cada palabra parecía encontrar su lugar exacto.
Cuando terminó, el silencio duró un segundo.
Luego, los aplausos llenaron la sala.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
Los inversionistas se acercaron uno a uno.
Felicitaciones. Interés. Preguntas.
—Nos pondremos en contacto —decía Maximilian, firme—. Gracias por su interés.
La primera conferencia internacional había sido un éxito rotundo. Y todo había sido gracias a una sola cosa.
La capacidad que ella tenía de demostrar que podía hacer bien el trabajo, aunque también la ayudó algo…
Pensar en Sebastián, porque él una vez le dijo que actuará como cuando lo enfrentaba, con esa fiereza y sin temor, que no bajara el rostro sino que se irguiera para marcar territorio, y eso hizo. Al pensar en sus palabras algo surgió desde muy dentro de Valeria, y las palabras fluyeron sin problemas.
Cuando por fin quedaron solos, Maximilian se volvió hacia ella.
—Fue estupendo —dijo—. Sabía que lo harías excelente.
Valeria sonrió, ruborizada.
—Gracias… —respondió—. Aún no me lo creo.
—Quiero invitarte a celebrar —propuso él.
Ella dudó apenas un segundo.
—Está bien.
Era un restaurante bar muy hermoso. Música suave, luces cálidas, un ambiente elegante. Varias miradas se giraron al verlos entrar. Maximilian destacaba… pero con Valeria a su lado, más aún. Eso infló su ego un poco más, porque él era especialista en atraer miradas y le gustaba.
Al ocupar las mesas hablaron relajados. Rieron. Ella se sentía motivada, emocionada por el reciente éxito obtenido.
—Al paso que vamos —dijo él—, cuando regresemos a Nueva York tendremos varios contratos cerrados.
Editado: 23.01.2026