El aire de Estambul olía a lluvia.
Aylin apretó el abrigo contra su cuerpo
mientras caminaba rápido, mirando a
todos lados. No debería estar allí. Lo
sabía. Pero el sobre que llevaba en la
mano...lo cambiaba todo.
—Solo entro, dejo esto y me voy —se susurró.
Empujó la puerta del edificio.
Error.
El interior estaba oscuro.
Demasiado silencioso.
Un paso.
Dos.
Y entonces—
—No deberías estar aquí.
La voz la congeló.
Grave. Fría.
Peligrosa.
Aylin se giró lentamente.
Y lo vio.
Alto. Oscuro. Imponente. Como si perteneciera a ese lugar… y a algo mucho peor.
Sus ojos se clavaron en ella.
—¿Quién eres?
Aylin tragó saliva.
—Yo… me equivoqué.
Él dio un paso hacia ella.
—No.
Otro.
—No te equivocaste.
El corazón de Aylin empezó a latir con fuerza.
—Entonces me voy.
Intentó girarse.
Pero él fue más rápido.
La agarró del brazo.
Fuerte.
—Demasiado tarde para eso.