El sobre cayó al suelo.
Kaan lo recogió antes que ella.
Lo abrió.
Y su expresión cambió.
Oscura.
Peligrosa.
—¿Sabes lo que es esto?
Aylin negó.
—No.
Mentira.
Pero no iba a admitirlo.
Kaan la observó.
Como si pudiera leerla.
—Ahora estás en problemas.
—Yo no tengo nada que ver—
—Ahora sí.
Silencio.
El aire se volvió pesado.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó ella.
Kaan se acercó.
Demasiado.
—Que sigas viva.
Aylin frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—En mi mundo —murmuró él— sí lo tiene.