La noche cayó pesada.
Aylin estaba sentada en la cama, pensando.
En el peligro.
En el sobre.
En él.
—Deja de mirarme —dijo sin girarse.
—No puedo —respondió Kaan.
Se acercó.
Lento.
Peligroso.
—¿Qué quieres? —preguntó ella.
—Saber por qué no te alejas.
Silencio.
—No puedo.
Confesión.
Sus rostros quedaron a centímetros.
—Deberías odiarme —murmuró él.
—Lo intento.
Pero no se movió.
Y él tampoco.
Hasta que—
Un ruido.
Ambos se separaron.
Realidad otra vez.