El café seguía igual.
Pequeño. Antiguo. Lleno de recuerdos.
Aylin se quedó quieta al entrar.
—Venía aquí con él…
Kaan observó todo.
—Busca algo.
Aylin se sentó en la mesa de siempre.
Pasó la mano por la madera.
Y lo encontró.
Un grabado.
“A.D.”
—Soy yo… —susurró.
Debajo, una ranura.
Kaan la abrió con cuidado.
Dentro había una llave… y una nota.
Aylin la leyó:
—“No confíes en nadie… excepto en quien esté dispuesto a morir por ti.”
Silencio.
Miró a Kaan.
—“La verdad está donde el mar toca el acero.”
Kaan entendió.
—El puerto.