Hospital.
Silencio.
Máquinas.
Aylin no soltó su mano.
Nunca.
Días después…
Kaan abrió los ojos.
Y la vio.
Allí.
—Sigues aquí… —dijo él.
—Siempre.
Sonrió entre lágrimas.
—Eres un idiota.
—Lo sé.
Silencio.
Pero esta vez…
bonito.
—No vuelvas a hacer eso —dijo ella.
—Lo haría otra vez.
—No —susurró—. Ahora juntos.
Kaan la miró.
De verdad.
—Juntos.
Meses después…
Estambul brillaba.
Pero ellos…
más.
Ya no había mentiras.
Ni huida.
Solo dos personas que sobrevivieron a todo.
Y se eligieron.
A pesar de todo.