La mujer sorprende a Margaret mientras continua con su lectura. Esta la agarra por la espalda y la grita.
-¡¡fuera de mi casa!! ¡¡ No quiero que estés aquí!!-
Margaret no se opone resistencia y la mujer a empujones la dirige hasta la puerta de salida.
- ¡¡no vuelvas más por aquí!!-)
Margaret se despertó y Mia resoplo de alivio.
- Nos vamos a un hospital a que te miren.-
- No es necesario, de verdad. Me voy a ir dar una vuelta y que me dé un poco el aire .No puedo dormir más- dice Margaret con la cara pálida.
-Insisto. Quiero que vayas a un hospital y que te miren, porque te estás volviendo loca y me empiezas a preocupar de verdad-, la dice Mia entre lágrimas.
- Escúchame,-le dice Margaret a su amiga cada vez más asustada.
-Esto está ocurriendo en mi cabeza y nada más. Solo mi cabeza; en mi puta cabeza y hasta que no averigüe que ocurre realmente, no dejare de tener esos sueños-.
- ¿Y qué vas a hacer?- pregunta Mia.
- No lose, pero algo hare .En este último sueño entre en la habitación de Yusef, el niño más mayor que juega con Mike, y pude leer un poco una pequeña libreta del colegio con apuntes .La madre, la misma que a mí me expulsa de su de casa cada vez que tengo esos sueños, le metió en su cuarto, lo cerró con llave desde fuera y se olvidó de él-
- ¿Pero qué coño estás diciendo? Es un sueño, solo un sueño. Deja de fantasear.-
- Si es un sueño, pero este mismo sueño lo llevo teniendo toda mi vida. Me persigue y nunca he dejado de soñar con lo mismo- dijo Margaret con gesto reflexivo
- Tu madre me dijo que ya no te ocurría.- la recrimina Mia
-¿Has hablado con mi madre? –pregunto Margaret sorprendida
- Si lo hice hace unos años, cuando te note muy rara igual que ahora.
Me dijo que estabas bien y que habías dejado la medicación porque ya no soñabas con ello-, la explica Mia.
-Pues te mentí-, respondió Margaret de manera contundente.
-De hecho estudie psicología para dar con la solución a mi problema.- añadió.
-¿Y?
- Tengo que irme,- dijo Margaret con prisa.
-Voy a pedir una cita con Mike a primera hora. Lo primero es averiguar porque el sueña lo mismo que yo y después daré una solución a mi problema- dijo Margaret mientras iba hacia la puerta.
- Margaret no sé qué pensar, ni que creerme. Haz lo que quieras.-
Mia cerró la puerta y Margaret se marcho a su casa caminando despacio.
Por la mañana hizo una visita a sus padres .Comió y ceno con ellos sin hablar de lo que le había vuelto a ocurrir.
Paseo y su conversación se basó en diversos temas, como la venta de un terreno que sus padres querían vender y otras cosas sobre trabajo. Ya en casa, se preparo un vaso de leche y se sentó en el sofá. Reviso sus apuntes y empezó a pensar hasta que la noche callo y se quedo dormida en sofá.
Por la mañana, Margaret se despertó con aparente normalidad.
-¡¡Buenos días!! –dice Ana sonriendo
-Te vi tan dormida en el sofá que no te quise despertar.
-¿Tienes hambre?-Pregunta Ana a una Margaret aun adormilada.
- Si. Gracias Ana. No hay mejor manera de despertar, que tu compañera de piso, lo haga de esta manera. La verdad es que he dormido muy bien.-
Ana se sentó a su lado.
-tengo algo que decirte – comenzó Ana, algo nerviosa.
Margaret se incorporo y la observo.
-tú dirás Ana –
- Me voy a ir de la ciudad. Un familiar quiere que entre en su empresa, y es una oportunidad que no deseo perder –
Margaret abrazo a Ana y seco las lagrimas que caían en su hombro.
-te echare de menos. Eres la mejor compañera que he tenido. Siento no haber compartido apenas tiempo contigo. Lo siento- dijo Ana entre lágrimas.
-disfruta de esta oportunidad. Estaremos en contacto te lo prometo-
Ana y Margaret desayunaron y charlaron durante un rato de diferentes temas. Por diversos motivos, coincidían muy poco en casa, lo significaba que el contacto entre las dos era mínimo. Eso no era ningún inconveniente puesto que las dos sin ser amigas, se llevaban bien. Ninguna se metía en la vida de la otra y en los gastos ambas se ayudaban, lo que hacía que la convivencia fuera muy sencilla. Margaret no pudo ocultar su tristeza. Adiaba estar solo en su casa, pese a que la vida de Ana, era muy ajetreada, solo el sentir que estaba ahí, ya era un mar de tranquilidad. Esa mañana, antes de ir al colegio, Margaret acompaño a su compañera hasta una parada de taxis, donde su padre la esperaba.
Después puso rumbo al trabajo, donde la esperaba un largo día de citas, con padres y niños.
Antes de llegar paro en una cafetería y desayuno. Además aprovecho, para lavarse la cara.