Bajo un Velo de Antifaces

Capítulo III: ¿Un regicidio?

La revelación cayó como una losa. Mariam se quedó sin aliento.
Un regicidio.

Había escuchado rumores. Rumores sobre que el Príncipe Aric era un hombre un poco peculiar, incluso excéntrico en su dedicación al deber. Se decía que había comenzado su riguroso entrenamiento militar a una edad inusualmente temprana, lo cual, para muchos, lo hacía más peligroso y formidable que otros herederos de reinos vecinos. Poseía una filosofía de vida muy diferente a la de los nobles que Mariam conocía en Cornualles, una filosofía que priorizaba la fuerza y la estabilidad del reino por encima de cualquier otra consideración, incluso la compasión.

No esperaba que él mismo hubiese planeado algo tan brutal, pero podía imaginar que, en su mente calculadora, si el resultado era un Whisperwood más fuerte, tendría sus razones. Definitivamente a Mariam le faltaba un tornillo.

—¿Qué problema hay con ese principito? — soltó una Mariam despreocupada.

—Mariam... cuida tus palabras — advirtió su padre.

El duque miró al rey con cara de arrepentimiento y Mariam simplemente rodó los ojos disimuladamente, cosa que no pasó desapercibido por Arthur.

—Ocurre, señorita Mariam, que aquella persona a la que usted llama "principito" ha obtenido la lealtad de Valenoria—intervino Arthur con voz firme

—Debemos estar preparados para todo. Whisperwood y Valenoria son ahora una amenaza unificada en nuestra frontera este — reiteró el rey.

—Un momento su majestad —intervino Mariam —¿cómo es posible que Valenoria se haya dado a torcer tan rápido? Disculpe mi atrevimiento, pero, ¿acaso no se tenía entendido que sus fuerzas superaban, o al menos igualaban, a las de Whisperwood?

—Al parecer fueron atacados en la madrugada de ayer —explicó el rey —teníamos espías en Valenoria que apenas lograron salir. Se corren rumores que dicen que al parecer el príncipe Justin O'Brien ayudó a la caída de su propio reino. En este momento Valenoria es un caos político, se estima que el aún príncipe de Whisperwood lo ayudará a subir al trono.

—Lamentablemente el consejo con todo el poder que ostenta, no puede contradecir la voluntad de Aric Aethelred —añadió Arthur—. Su rey le ha jurado lealtad. Lo único que pueden hacer es esperar sus órdenes.

¿Qué? ¿Cómo es posible que esos dos se unan? ¿Acaso ambos planearon esto?

Aun así, se seguía cuestionando como era posible que Whisperwood haya podido ganar la lealtad del gran reino de Valenoria. ¿Acaso todas esas invenciones eran pura palabrería? ¡Malditos mentecatos lilipendos!, para la próxima no me fiaré de esos bucéfalos de la taberna, maldijo.

El Duque de Cornualles se dirigió a Mariam con una severidad renovada, toda la lástima anterior desapareció, reemplazada por la urgencia política.

—Por eso, Mariam, el Rey y el Príncipe han venido esta noche. La boda debe celebrarse de inmediato.

—Así es, seguiremos según lo acordado y se anunciará pasado mañana, en el natalicio de Arthur —continuó el Rey Leopold, su tono de mando absoluto—. Pero la ceremonia se adelantará. Os casaréis en una semana.

Mariam abrió los ojos como platos, sintió que el mundo se le venía abajo. El anuncio seguía siendo en 48 horas, pero ahora solo tenía siete días para evitar la boda. La soga alrededor de su cuello no solo se había apretado, sino que se había convertido en un dogal de hierro.

—Esperad, esperad. Su excelencia, disculpe nuevamente mi atrevimiento, pero ¿no cree que es muy precipitado?

—¿Precipitado?, niña, esto es lo mejor para todos ¿Qué crees que suceda cuando Whisperwood intente atacaros?, ¿quién os defenderá?

—Podríamo...

El rey la interrumpió negando con la cabeza —Este matrimonio es lo único que podría salvaros, desafortunadamente os encontráis en la frontera, lo mejor ahora es uniros para poder estar preparados en caso Whisperwood comenzara una guerra.

—Exactamente —afirmó el duque.

Mariam estaba harta que su padre siempre concordará con él. Padre, ¿acaso no tienes voto propio?

Miró a su madre, permanecía callada escuchando las decisiones que se tomaban, aun recordaba la primera vez que le dijo que no quería casarse por temas políticos. En ese entonces, estaba más que segura que su madre la apoyaría y la salvaría de tal futuro. Pero jamás imaginó que aquellas palabras que su madre le diría acabarían con toda la fe que le depositaba.

—Naciste en la familia de un duque, Mariam. Tus sentimientos no importan

pero ¡madre...!

Tu felicidad debe ser casarte con el príncipe por el bien de tu pueblo, para tener un mejor futuro y por supuesto darle un heredero para asegurar vuestro linaje.

Pero, ¡quiero aprender cosas!

Solo necesitas guardar las apariencias en reuniones formales. Céntrate en el hogar, pule tu refinamiento y esfuérzate en las clases de baile, no en estudios académicos.

Desde aquella conversación, Mariam nunca volvió a tocar el tema y se centró en seguir al pie de la letra las órdenes de sus padres. Aunque le doliera que incluso a su madre le importaran más los temas políticos que lo que ella realmente quería, no iba a volver a contradecirlos, hasta que lo vea oportuno y necesario.

—Por cierto, George —añadió el rey—, con Arthur estuvimos pensando que sería mejor si lady Mariam pasara el día de mañana en mi palacio, para que así nuestra modista termine los últimos detalles del vestido que usará en la ceremonia.

—Muchas gracias por vuestra bondad, alteza — alegó por primera vez en toda la conversación la duquesa, con una sonrisa que engañaría a cualquiera, menos a alguien que ha vivido toda su vida con ella, como Mariam

—No hay por qué, duquesa Elena— responde el rey —, es lo menos que puedo hacer por mi futura hija.

Mariam quería vomitar. ¿Yo? ¿Vuestra futura hija? Ni en mis peores pesadillas.

—El carruaje pasará a recogerla al atardecer, no es necesario que lleve equipaje, en el palacio se le proporcionará todo lo necesario.




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