Mariam
Seguía atrapada en mis pensamientos, la conversación que tuvo lugar en el despacho de mi padre, no me dejaba tranquila. Después del anuncio de compromiso, lo más probable sea que me mantengan en el palacio hasta el día de la boda. Si es así, estaré acabada, nunca podría escapar. Conozco ese palacio como la palma de mi mano, cada muro, es una fortaleza, hay guardias por doquier.
Si tan solo ese otro principito rebelde, no hubiese estado jugando a las guerritas y hubiese dejado a su padre gobernar y vivito, al menos hasta que yo haya logrado escapar…
¡Ay, los odio! ¡malditos príncipes!
Ah cierto, también está ese otro mentecato de Justin, ¿por qué había ayudado a ese Aric Aethelred? Y más aún ¿por qué yo no estaba enterada de la existencia de alguien tan insensato? Estoy segura que es un idiota presuntuoso al igual que Arthur.
Tendría que hablar con Justin al respecto, necesito estar informada de lo que está pasando actualmente, así podré ver mis posibilidades si decido intentar escapar de nuevo.
Y para eso, tú me ayudarás amiguito, dije levantando al pequeño Kanetsu que se encontraba en mi regazo.
—Hikaru —le susurré—necesito que me hagas un favor, ¿de acuerdo?
Hikaru me miró expectante, no era la primera vez que llevaba una de mis cartas a Justin, su habilidad para camuflarse al ojo humano ¡era una maravilla!
En la carta le escribiré preguntando por todo, más ahora que no podré salir; conociéndolo, querrá que nos reunamos en la taberna de Cecil, donde por cierto lo conocí. Al menos espero que asista al natalicio de Arthur.
Debe parecer un encuentro casual, ya tengo muchos problemas como para que mi padre se enterase que tengo contacto con el príncipe de Valenoria.
A Justin lo conocí hace un año, en una de mis cuantas escapadas, en una taberna que se encontraba cruzando el bosque de los lamentos, es una historia muy graciosa a decir verdad…
Aunque al inicio no tan graciosa, ya que por lo borracho que se encontraba pensó que yo trabajaba ahí, en ese lugar tenían un raro fetiche las trabajadoras de vestirse con capas.
Admito que pensé que quería otra cosa porque estaba de insistente, pero al final solo quería otra cerveza. A lo que le respondí que no trabajaba ahí y el simplemente me miró de arriba abajo, me alzó una ceja y lo demás es historia…
—¿Estáis segura?
—Sí
—¿Muy, muy segura?
—¿Acaso vuestra sensatez os ha abandonado, o simplemente sos mentecato e imberbe? — pregunté exasperada desviando la mirada.
—No tenéis que ser grosera— me respondió… ¿tímido? —Por cierto, debo agregar que vuestra belleza me ha deja inaudito — soltó levantando las cejas y… ¿acaso quería sonreír? ¿De tímido pasaba a socarrón? Este tipo está chiflado, definitivamente la cerveza no le hacía bien.
Lo miré de reojo, me percaté que llevaba un anillo dorado en el dedo anular. Ese anillo, solo lo llevaban gente de la familia real, era una clase de reconocimiento, así que… Bingo, tenía el escudo del reino de Valenoria.
Lo volví a ver y repasé sus facciones. Tenía pelo rubio, su piel levemente bronceada, contrastaba con unos ojos que eran azules llegando al morado, con un ligero atisbo de picardía en ellos, debo agregar. Sí, definitivamente es un príncipe.
—Veo que admiras la vista — soltó cortando la burbuja de pensamiento en la que me encontraba.
—No creo que este sea un lugar donde deba encontrarse el heredero de Valenoria — contraataqué.
Me miró divertido — lo mismo digo, señorita.
—Yo no…
—No crea que, por usar una capa, borre toda el aura que emite, no podré encontrarme del todo en mis cabales, pero… —me repasó con la mirada—además, usar un vestido que para usted pueda sonar común y desapercibido, no sea motivo de sospecha para alguien de mí alcurnia. Estoy seguro que fue hecho con una buena tela, aunque por el diseño estoy seguro que no fue hecho en Valenoria. Así que descartando el hecho de que usted claramente no pertenece a mi reino, dígame señorita…
Suspiré hastiada — Mariam. Mariam Cornualles —Alto ¿por qué le había dicho mi apellido? Suficiente era con mi nombre. Definitivamente este ambiente me está volviendo loca.
—¿Cornualles…? —me miró pensativo.
Al parecer no me conoce, que alivio. Luego de un breve momento me volvió a mirar divertido esbozando una sonrisa.
—Así que Señorita Cornualles…. no, o debería decir ¿Lady Mariam?
—¿Tú… me conoces? — Estupendo, lo que me faltaba, definitivamente estoy acabada.
—¡Por supuesto! —exclamó sonriente — sería muy descortés de mi parte no conocer a la hija de los regentes de Cornualles, duques de la frontera este de mi reino.
Ay no, otro político.
—Vaya, me siento halaga —fingí—, ya que yo no tengo el placer de conocer vuestro nombre. — ni me interesa.
El príncipe se quedó mudo, seguro pensó que sabría su nombre solo por su posición, que arrogante.
—Su alteza—fingí preocupación—, parece que se quedó sin habla—lárgate y déjame tranquila. Si acaso creíste que… ¿se está…riendo?
—¿Acaso os burláis de mí? — lo miré incrédula cruzándome de brazos.
—Para nada mi lady, me malinterpreta — lo miré alzando las cejas — solo me resulta… divertido.
—¿Divertido? — me crucé de brazos —Déjeme decirle que no tengo ninguna intención de causaros alguna…
—Me disculpo por mi descortesía — me volvió a interrumpir, tiene un afán por interrumpirme, ya me está empezando a resultar molesto—, permítame presentarme, soy el príncipe Justin O’Brien, heredero del Reino de Valenoria —procedió a hacer una reverencia.
—No espera que vuelva a presentarme o ¿sí?
—Si lo hiciese, me sorprendería si le soy sincero.
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Editado: 27.12.2025