Shuelt
Aún recuerdo el día en que decidí entrenarlo, el día en que todo salió mal, el día que tuve que evitar pero sucedió.
Realmente no sabia ni tenia ni la mas mínima idea de como criar un niño, nunca fui buena para eso pero una vez que tuve que recurrir al papel de madre con Rowan realmente me di cuenta de que puedo ser un desastre como persona.
Entonces decidí enseñarle algunos trucos de caballero, quizá así lograra ser más fuerte y me cayera mejor pero olvide que debía privar sus emociones lo más posible.
Recuerdo colocarlo al centro del jardín para enseñarle posiciones cruciales y algunos consejos en batalla, lo seguí haciendo por unos días hasta que le reprendí por falta, por ponerse demasiado agresivo, y cuando hablo de agresivo me refiero a demasiado para un niño tan pequeño. Uno que nunca ha visto sangre más que la de sus heridas por caídas o cortadas leves.
Lo agarré del brazo y lo levante en el aire, empecé a reprenderlo y claro, me pase de la raya, provocando que el me empujara con su diminuta fuerza y aunque si, solo fue un segundo cuando gritó que me odiaba, pero en aquel segundo pude ver sus ojos convertirse en aquel rojo vibrante, entonces ahí me di cuenta, él era el último.
Entonces ese día di por terminado sus entrenamientos y lecciones, me deshice de la última parte de la profecía y de los libros que hablaban sobre el inicio del poder.
Prohibí cualquier mención de poder en el reino y usarla frente a Rowan estaba más que prohibido. Tendría que convencerse de que no tenía ni una pizca de magia en su interior.
No me negaba completamente a que Rowan en el futuro me quitara mi lugar y trono, después de todo admití muy en fondo que hice mal y el destino de Rowan es permanecer en la corona pero…no cuando es el último, no cuando el poder del último es tan desastroso, tan descarrillado y peligroso.
Quizá si lo afinará lo pudiera refinar pero no cuando podría arriesgar vidas en el proceso, ese no puede ser un rey al poder, tampoco soy la reina más candidata pero el reino ya se hubiera podrido en la pobreza final si no mantuviera contratos ocasionales con el reino de la luz.
Hace mucho tiempo descubrí que había un pequeño desliz en el manto de protección que nos cubre pero todo por culpa del tiempo y los años.
No se lo que hacen con los habitantes que mando pero no me importa mucho, no cuando me dan una buena cantidad por ellos, ayudándome a mantener un poco más vivo el reino, realmente siempre íbamos a quedar de tal forma, ya que la enfermedad de la cosecha asesino la gran mayoría de nuestra población sin piedad por culpa de la última batalla.
Entonces doy una última ojeada al trozo de lo que le faltaba a la profecía antes de lanzarlo al ardiente fuego de una vez por todas:
“Entonces también el dragón líder renacerá en el último, en el elegido, en el héroe. Gracias al poder que nos regalaron los dragones en los principios de todo, por ello y el precio que tuvo que pagar el líder, lograra regresar, con fuerza y justicia, exterminara cualquier pizca de injusticia y maldad utilizando la sabiduría y destino del héroe.
Hasta entonces el pueblo y el reino espera por su regreso, expectantes y con la esperanza de que aquellos tiempos plateados vuelvan al reino oscuro.”
Entonces lanzo el papel al fuego, tratando de lanzar esa porquería de una vez por todas al pasado donde debe quedarse.
Como un mito, un cuento, así debe quedarse, para siempre.
Y también ahora que lo recuerdo, sacarle información a Josh fue complicado y al final su muerte no valió para mucho.