Balas Perdidas: Crimen de Amor

Capítulo 2

Hyun-Jae se tiró sobre su cama al llegar a su casa. Extrañaba tanto ese lugar, su habitación en Corea, con vista al exterior, un hermoso bosque donde podía relajarse cada vez que su mente lo requería. Ese viaje a Rusia había sido realmente largo y hacía días que ansiaba volver a casa, y que más que haber vuelto con tanto éxito. Las armas que habían robado le causaban gran curiosidad y a cada rato se preguntaba lo que harían con ellas o para qué las utilizarían.

Kang Hyun-Jae era la hija de Kang Gyeong-Suk el líder de la facción de los Dangpa de la Mafia Surcoreana. Esta estaba dividida en dos facciones, los Dangpa y los Nangseon. Ambas facciones peleaban constantemente por la supremacía, lo cual había sido heredado desde hacía generaciones atrás. No existían tratados entre ellos, no había treguas ni piedad, se odiaban a muerte. Por su parte, los Nangseon tenían como líder a Jung-kwan, un hombre serio, pero más humano que su contrincante, se preocupada más por su familia. Los dos líderes entrenaban a sus hijos para continuar con su legado, odiarse a muerte y competir constantemente por el poder. La hija de Gyeong-Suk era una chica impulsiva y determinada, pensaba poco antes de actuar y le gustaba tomar a otros por sorpresa. En cuanto a Yeong-Guk, el hijo de Jung-Kwan, era un joven callado y a menudo solitario, sabía perfectamente como infiltrarse en los planes de sus enemigos. El odio mutuo había crecido en los corazones de los hijos de los líderes y todos los jóvenes de ambos bandos.

La historia de la separación de la mafia surcoreana era conocida por todos los miembros y sus aliados. Décadas atrás, dos hermanos lideraban juntos, eran inseparables desde el día de su nacimiento. Sin embargo, no siempre estaban de acuerdo, sus métodos eran distintos. Todo sucedió aquel día en el que se impondrían como los criminales más fuertes, derrocando a la mafia italiana. Tenían un plan acordado. Debían infiltrarse para destruirlos desde dentro, pero a pesar de haber aceptado, uno de los hermanos no estaba de acuerdo, quería atacarlos con toda la fuerza de sus armas. Y así lo hizo, sacrificando vidas de sus seguidores. El otro hermano se sintió traicionado, ya que muchos miembros habían muerto por aquel acto, entre ellos la mujer que amaba. Los hermanos pelearon y juraron no volver a verse, pero ambos querían seguir teniendo el poder, así que se crearon dos facciones: los Dangpa, quienes apoyaban la idea de atacar sin piedad, y los Nagseon, más calculadores y estratégicos. El odio se heredó de generación en generación, perdiendo su fundamento inicial. Las facciones sólo se odiaban porque así se los habían enseñado desde el primer momento. Era como si ya viniera escrito en su sangre.

Tanto los Nangseon como los Dangpa tenían sus residencias apartadas del concurrido centro de Seúl, situadas junto a un hermoso y pacífico bosque. En la mansión de su padre, Yeong-Guk se encontraba limpiando sus armas, repasaba en su mente lo mucho que le gustaría darle su merecido a Hyun-Jae.

—Te veo estresado, hijo —la voz dulce de su madre le hizo sentir una calma que anhelaba desde hace días.

—Mamá —volteó a verla.

Era una mujer muy atractiva, de aspecto jovial y expresión dulce, comprensiva y cariñosa con su familia.

—Tu padre quiere verte, pero antes de que vayas, déjame decirte algo —ella tomó a su hijo de los hombros —Te estás convirtiendo en un gran hombre, mi niño. Tu padre está orgulloso de ti, aunque nunca te lo vaya a decir.

—Después de lo que pasó en Rusia, dudo que esté orgulloso de mí —Yeong-Guk suspiró.

—Hijo mío, no te condenes a ti mismo, no puedes ganar siempre. Anda, ve con él, no va a desquitarse contigo —la mujer acarició su mejilla.

—Gracias, mamá —él le dio un abrazo antes de retirarse.

Dudó un poco antes de entrar en la oficina de Jung-Kwan, su padre y líder. Con cierto temblor en la mano, tocó la puerta.

—Adelante —dio su padre, su voz seria.

El chico entró cerrando la puerta detrás de él. Evitó mirar los fríos ojos de su padre.

—Acércate —le indicó el líder.

Yeong-Guk obedeció y se colocó frente al escritorio.

—Te mandé llamar porque tengo un trabajo para ti —Jung-Kwan habló con seriedad.

—¿Qué necesitas, papá? —su hijo levantó la mirada.

—Gyeong-Suk cree que nos ha vencido, pero se equivoca. Esas armas serán nuestras de una forma u otra —continuó el líder.

—Haré lo que pidas.

—Vamos a conseguir esas armas, pero eso dependerá de ti.

—¿De mí? —Yeong-Guk abrió grandes los ojos.

—Así es. Usaremos a la hija de Gyeong-Suk. Quiero que la traigas aquí —su padre aclaró.

—Haré lo que me pidas, papá. No te fallaré —el chico asintió con determinación en su mirada.

—Bien, retírate. Tómate tu tiempo, pero no tardes demasiado —el líder volvió a lo que estaba haciendo.

Yeong-Guk salió de la oficina, decidido a completar su misión.

—Esto no es sólo por ti, papá, es por mi honor —susurró para sí mismo, apretando los puños.

. . .

Hyun-Jae disparó a los señuelos que se movían alrededor de ella. Evitó los láseres que simulaban balas. Dio una marometa en el suelo para después levantarse y disparar a otros dos señuelos. Aún quedaban varios, pero ella era tan rápida que acabo con ellos en menos de dos minutos. La joven escuchó aplausos en la entrada de la sala de entrenamiento e inmediatamente volteó para encontrarse con Ji-Yeon.

—¿Entrenarás todo el día? —ésta bromeó.

—No tengo nada más que hacer —Hyun-Jae guardó su pistola en su cinturón y se acercó a su amiga.

—De hecho, si tienes algo que hacer. Tu padre convocó a una junta y requiere tu presencia —Ji-Yeon informó.

—¿Una junta? ¿Sin previo aviso? —inquirió la hija del líder.

—Debe ser importante. Te sugiero que no llegues tarde.

—Estaré ahí en un par de minutos.

—Está bien. No tardes, tu padre se veía preocupado.

Hyun-Jae asintió y espero a que Ji-Yeon se fuera para poner en orden la sala de entrenamiento después de la sesión. En cuanto terminó se dirigió a la sala de juntas, un cuarto con una mesa rectangular grande, donde Gyeong-Suk se sentaba a la cabeza con su esposa y su hija a los lados. La chica entró en la sala. Ahí ya se encontraba sus padres, miembros allegados y los líderes de familias aliadas de los Dangpa.



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En el texto hay: mafia, romance, accion

Editado: 28.04.2026

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