Hyun-Jae bajó por las anchas escaleras que conducían al centro del salón dorado. Antes que nada tenía que enfocarse en mezclarse bien con la gente. Yeong-Guk no podía apartar la mirada de la chica, y no sólo por lo hermosa que era, sino porque había algo en ella que le decía que no estaba ahí para comprar. La rubia se acercó a la barra por un vino. Él hizo lo mismo para acercarse e intentar entablar una conversación, sin embargo, ella ni siquiera le prestaba atención.
—Dame algo exclusivo —dijo Yeong-Suk al barista, tomando asiento junto a la joven, quien estaba más interesada en tomar su bebida.
—¿Qué quieres? Noté tu presencia desde hace rato —ella habló, pero sin mirarlo.
—¿Es fácil ignorarte entre esta gente? —él respondió, coqueteando un poco.
Hyun-Jae volteó a verlo, su expresión seria pero con una pizca de curiosidad.
—¿Puedo saber tu nombre? —Yeong-Guk inquirió.
—Fang Xiu-Ying.
—Ah, la familia Fang. ¿Has venido desde China sólo para comprar?
Ella hizo una ligera sonrisa.
—Negocios de la familia.
—Claro, la familia. Brindemos por los Fang, entonces —Yeong-Guk levantó su copa.
A la joven le pareció divertido y brindó con él. A los pocos minutos, un hombre subió a una tarima y habló a través de un micrófono para llamar la atención de los invitados.
—Señoras y señores, bienvenidos a nuestra primera edición de la anual subasta aquí en Seúl. ¡Vaya que es una ciudad hermosa! Ahora, cómo muchos de ustedes saben hemos traído artículos exclusivos de alto valor que esperemos sean de su agrado. Acérquense todos, estamos por empezar la subasta.
Hyun-Jae mantuvo su mirada fija en el escenario, cosa que su "recién conocido" notó, comprobando que estaba interesada en algo más que la subasta.
—Nos vemos, suerte ganando algo —dijo al levantarse de su asiento.
Él la observó hasta que desapareció entre la multitud. La siguió discretamente, pretendiendo estar al pendiente de lo que se ofrecía. Por su parte, Hyun-Jae se paseó entre todos los hombre y mujeres que ofrecían cantidades descomunales por joyas, objetos raros y reliquias, todos ellos obtenidos de manera ilegal.
—¡Vamos, den más, den más! ¡Todavía tenemos mucho para ustedes! —el presentador exclamaba.
Yeong-Guk notó como empezaban a entrar hombres armados, que no se molestaban en disimularlo. Llevaban lentes oscuros y se estaban acomodando en el segundo piso alrededor de los invitados. El infiltrado estaba seguro de que habían descubierto a la chica y posiblemente a él también. Se abrió paso para llegar hasta ella y la tomó del brazo. Hyun-Jae volteó inmediatamente, sorprendida.
—No pareces muy interesada en la subasta. Tienes que aprender a disimularlo —murmuró.
—¿Qué? —ella se soltó de su agarre.
—Vienen por ti —Yeong-Guk le dijo al oído.
La rubia miró hacia arriba, los pasillos se habían llenado de guardias.
—¿Cómo sé que no los estás ayudando? Lo resolveré por mi cuenta.
A continuación se escabulló entre las personas de camino a la salida, así comprobaría que ya la habían descubierto. Cuando estaba a punto de llegar, dos hombres bloquearon su camino con pistolas en mano.
—Señorita, tendrá que venir con nosotros —habló otro detrás de ella.
—¿Enserio? —Hyun-Jae se burló —Eso no va suceder.
Al escuchar que los guardias le apuntaban con sus armas; esperó unos momentos. Luego, con un rápido movimiento, le arrebató las pistolas a los dos que bloqueaban la puerta y después al tercero. Le dio una patada en el abdomen, haciendo que cayera por la barandilla. El golpe fue tan duro que inmediatamente quedó muerto, con la sangre escurriendo de su cabeza y creando una mancha roja en el fino suelo. Los invitados se sorprendieron al ver esto. Hyun-Jae no se molestó en ocultarse, en cambio, se dejó ver mientras lanzaba un disparo al techo. Más guardias se acercaron a ella por la izquierda y por la derecha. La chica golpeó el suelo con sus tacones para desenvainar las navajas y de la abertura de su vestido, sacó su pistola. Inmediatamente, Yeong-Guk subió al segundo piso para echarle una mano. Ya que no podía reconocerla, estaba impresionado por su agilidad y lo bien entrenada que estaba. El vestido no le estorbaba y sus joyas venían equipadas con armas. Los invitados empezaron a moverse de sus lugares. Ya que no se permitían armas, no tenían como defenderse.
—¿Qué haces? —Hyun-Jae le preguntó a Yeong-Guk, extrañada por su actitud desde el principio.
—Te ayudo a que salgas con vida. Agáchate —él lanzó un cuchillo contra un hombre que se acercaba detrás ella.
—No necesito tu ayuda. Trabajo sola —la joven continuó disparando.
—Eres una espía, también yo. Estamos en las mismas. Ahora, quieras ayuda o no, tenemos que salir de aquí o terminarán matándonos —Yeong-Guk la tomó de la muñeca y la jaló para impedir que una bala la tocara.
—¿Y cuál es tu plan exactamente? Bloquearon las entradas —repuso ella.
—Saldremos por arriba. Vamos —el chico echó a correr sin soltarla.
Hyun-Jae estaba algo incómoda por su actitud, pero sabía que él tenía razón, los guardias seguían apareciendo y no tardarían en matarlos. Yeong-Guk subió a la barandilla y le extendió la mano a ella, quien lo miró con desconfianza.
—Anda, tenemos que saltar.
Ella entendió a lo que se refería y tuvo que admitir para sus adentros que era una idea descabellada pero funcional. Tomando la mano del chico, subió también. Sin soltarse dieron un salto grande y se aferraron al enorme candelabro al centro del salón. Se sujetaron bien de la parte más alta para romper el techo de cristal. Al darse cuenta de sus intenciones, los guardias trataron de alcanzarlos, pero ellos fueron más rápidos. Yeong-Guk ayudó a su compañera a a subir para después hacer él lo mismo. Una vez que estuvieron por encima del salón, dispararon a la cadena del candelabro, provocando su caída al centro del salón. Sus contrincantes dispararon contra ellos, pero sólo lograron romper más el techo.