Balón de Terciopelo

Capitulo 1

LA OFICINA DEL RECTOR

La oficina del señor Simmons parecía más pequeña de lo recordaba. Quizás por el hecho de que solo había estado ahí una vez, o por el hecho de que nunca prestaba atención a las cosas que consideraba poco importantes. Para Elodie Smith, lo más importante era su reflejo en el espejo.

A diferencia de otras chicas que sólo se preocupaban en complacer a los demás, a ella solo le interesaba obtener lo que quería. Eso fue lo que la ayudó a entrar a la Universidad de Tudor, su determinación y ... el dinero.

Mientras otros alumnos habían tenido que pasar por múltiples entrevistas, participar en más actividades extracurriculares que las que un planificador personal podría contener, involucrarse en caridades para mostrar su lado humano, escribir una carta de presentación, y naturalmente, tener un buen promedio, Elodie Smith solo tuvo que entregar un cheque.

Odiaba hacer cosas que consideraba una pérdida de tiempo y las actividades extracurriculares y participar en caridades entraban en esa categoría.

Una donación que su madre hizo al departamento de Arqueología para la restauración de algunos especímenes fue todo lo que bastó para que su niña tuviera un pase libre a una de las mejores universidades de los Estados Unidos.

Lo más irónico de todo, era que ella iba a estudiar Literatura. Pero al momento de inscribirse, lo único que importó fue que se hiciera una la donación que fue más que bien recibida. Eso fue todo lo que el Rector precisó, para pasar por alto el hecho de Elodie Smith no tenía ninguna de las cualidades que buscaban.

Elodie ni siquiera tuvo que hacer la carta de presentación, consiguió a una alumna avanzada para que se la hiciera, y dijera por qué tenía ganas de estudiar en esa prestigiosa universidad.

La entrevista personal había sido una de las más difíciles para los reclutadores universitarios. Ella no solo no parecía interesada, sino que además era como si tuviera la certeza de que iba a conseguir su puesto sin importar lo mal que se desempeñase.

De hecho, cuando le preguntaron por qué había elegido estudiar en Tudor, Elodie respondió que por los vitrales y el hecho de que el lugar parecía un enorme castillo. Y sobre la pregunta por la carrera de Literatura, su respuesta fue que le gustaba leer y las chicas como ella tenían que tener algún diploma, en especial a la hora de asistir a eventos sociales.

Cuando llegó el momento de tomar la decisión sobre cuáles alumnos serían admitidos y cuáles no, el nombre de Elodie Smith generó recelo entre los miembros del comité académico y reclutadores.

Todos la recordaban bien, y no por el hecho de que hubiera generado una buena impresión sino todo lo contrario.

Su carta de presentación había sido maravillosa pero su entrevista, una de las pocas que todo el mundo por más que quisiera, no podía olvidar.

-La muchacha viene de un internado en Suiza. ¿Qué esperaban? ¿Que se la pase estudiando todo el día en vez de salir a esquiar y disfrutar el aire de montaña?. Le dijo Simmons a uno de los miembros del comité académico.

-Pero señor Rector hay muchos aspirantes que…

-Nada de peros señora Lyon, la muchacha no tendrá cerebro, pero si su madre tiene dinero y está dispuesta a donar un millón para que su pichoncita obtenga un título con el emblema de nuestra Universidad, ¿quienes somos nosotros para negárselo?.

-Pero la nuestra es una de las universidades más prestigiosas del mundo y…

-Le repito señora Lyon, nada de peros.

La razón por la cuál Elodie había sido llamada a la oficina del Rector esa tarde, era desconocida para ella, pero tampoco era algo que la preocupase. Todos le tenían respeto, la clase de respeto que el dinero brinda, pero respeto al fin.

Los profesores no la trataban de la misma forma que a otros alumnos, y si alguien la molestaba, ella solo tenía que enviar un mail quejándose para que esa persona se arrepintiera de haberse cruzado en su camino.

Espero que esto no sea por la tonta profesora de Lengua inglesa y su ataque de llanto cuando le dije que estaba gorda. ¡Lo está, parece un tonel!. No es mi culpa que esté embarazada, además ella me provocó diciendo que mi ensayo no estaba a la altura y que un niño podría haberlo hecho mejor.

Todos me miraron y empezaron a decir que soy una perra sin corazón por decirle que tal vez la mala calidad de mi ensayo se deba a que me es imposible tomar notas con alguien que cubre toda la pizarra con su gordura.

Elodie Smith nunca había pedido perdón en su vida y no iba a comenzar a hacerlo ahora. Entró a la oficina donde estaba la secretaria del Rector como si fuera la dueña del lugar, se sentó y se puso a mirar las últimas tendencias de moda en su celular.

-Señorita Smith, el Rector la espera. Dijo su secretaria.

Ella pasó directo a la oficina sin si quiera mirarla. Era costumbre de Elodie no mirar directamente a los ojos a aquellos a quienes consideraba inferiores a ella, y una secretaria entraba en esa categoría. Ni bien la mujer cerró la puerta, ella pasó y se sentó en uno de los sillones que estaban frente al escritorio del Rector, sin esperar que este la invitara a sentarse.

-Buenas tardes señorita Smith- dijo el Rector con cara seria.

-Buenas tardes. Respondió ella sin quitarle la vista a su celular.

-El motivo por el que le pedí que viniera es un tanto penoso…

-¿Penoso? Preguntó ella levantando una ceja para pasar a prestarle atención.

-Temo que sí.

-Si es por lo que sucedió el otro día en la clase de Lengua Inglesa, quiero decirle que tengo derecho a dar mi opinión, y no voy a disculparme por eso- exclamó con firmeza.

-¿Clase de Lengua Inglesa? No sé que sucedió en la clase de la señora Prust ,pero no la llamé por eso.

-Bien, ¿entonces por qué me llamó? No quiero ser grosera, pero tengo una cita en el salón de belleza en veinte minutos, y si no llego a tiempo le darán mi lugar a otra…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.