Balón de Terciopelo

Capítulo 3

LA PRINCESA PERDIÓ LA CORONA

-¿Cómo que Enrico huyó con el dinero?… pero eso no puede ser señor Gabin, eso es imposible.

El Rector me dijo que se estaban divorciando… un poder… ¿le firmó un poder?. ¿Huyó?… ¿con la hija de la niñera? ¿Qué niñera? Ahh ya veo, si entiendo… si.. ¿Y qué me aconseja hacer?… ¿de veras? Entiendo… sí… claro. Gracias doctor Gabin.

Con las manos temblorosas y sudadas, Elodie puso su celular a un lado y comenzó a sentirse ahogada nuevamente. Abrió la ventana pero fue en vano, el aire seco y caliente, inusual para esa época del año, hizo que su desesperación aumentara.

Por un momento contempló salir a pedir ayuda, gritar, tirarse al suelo, o incluso... arrojarse por la ventana. Siendo esto último lo más descabellado ya que estaba en un segundo piso y probablemente sólo se rompería algún que otro hueso.

Su corazón latía tan rápido que parecía como si fuese a salírsele. Se puso la mano en el pecho, y pudo sentir la rigidez y cómo el corazón se le aceleraba cada vez más. Tanto fue el susto que creyó que iba a morir en ese instante.

Se sentó en el suelo, cerró los ojos y de pronto le sobrevino un llanto desesperado que calmó su ahogo pero que dio lugar a un torbellino mental insoportable.

Nunca antes había precisado tanto hablar con alguien, pero pronto recordó que no tenía a quien llamar. Ni siquiera podía llamar a la cabeza hueca de su madre para decirle las dos o tres cosas que pensaba de ella.

¡Cómo pudo hacerme esto! Repetía sin cesar mientras lloraba sin poder contenerse.

Desde que vine de Suiza ni una sola vez vino a visitarme. No, ella tenía que casarse con ese bueno para nada y disfrutar de su luna de miel por Europa mientras yo podía estarme muriendo sin que eso le moviera un pelo. Pero el problema lo tenía yo por ser una criatura celosa que no quiere que su mamita disfrute del amor.

¡Maldita egoísta! Gritó finalmente.

Al hablar con el abogado de la familia, Elodie se había enterado de todos los pormenores. El nuevo marido de su madre, Enrico, un verdadero ejemplar de Hércules italiano, un par de meses mayor que ella, había huído con la hija de la niñera.

Al parecer, su madre había contratado una niñera para la hermana pequeña de Enrico que había empezado a vivir con ellos.

La ironía del asunto, era que su madre, que no había tenido el menor empacho en enviarla a un internado en Suiza a los seis años, había puesto una niñera para que la hermana de ese gigoló pudiera vivir con ellos. Y mientras tanto, él la iba desplumando sin que ella se diera cuenta.

Lo único que tuvo que hacer fue decirle amore mio y la tonta cayó, y al hacerlo... me hundió con ella. ¿Qué voy a hacer ahora? Se dijo mirándose en el espejo de pie que estaba en su habitación.

A Elodie solo le restaba un fideicomiso que su padre le había heredado, pero al que solo podría acceder a los veintiuno, y la renta de unas propiedades a las que Enrico no había podido acceder.

Al parecer, las autoridades estaban intentando atraparle ya que no era la primera vez que había estafado a una mujer, pero el abogado no había podido garantizarle que de hacerlo, pudieran recuperar todo lo que le había robado. Además su madre había firmado los poderes y había estado de acuerdo con las inversiones por lo que iba a resultarle difícil probar que todo había sido un engaño.

Ni siquiera recordaba cuántos maridos había tenido su madre. Había dejado de contar luego del marido número 7, y tampoco se había tomado la molestia en aprender sus nombres. Con Enrico había sido diferente porque de la noche para la mañana todas las revistas de moda que ella acostumbraba leer, estaban hablando de la nueva pareja.

Cecily Warton, la heredera consentida de Miami volverá a dar el sí, y eso sólo pude significar una cosa: hay una nueva power couple a la que debemos prestarle atención, decían todas las revistas.

Power couple, ¡si como no!. El cretino ese debe estarse descostillando de la risa en este momento. Pero el amor… eso era lo más importante, el amor de los hombres, porque yo nunca le importé. Ni bien tuvo la oportunidad, me abandonó en Suiza y se fue a rehacer su vida. Gruñó yendo de un lado al otro de la habitación como un animal encerrado.

Dentro de sí, sabía que seguramente su reacción era desmedida y que las cosas iban a solucionarse, pero lo que la enloquecía, era el hecho de que su madre y ella fueran tan diferentes.

Su madre veía todo color de rosa, siempre estaba feliz, tenía cientos de amigos, no le importaba el dinero y era lo que puede llamarse una enamorada del amor. Elodie era lo opuesto, veía las cosas en sus colores de verdad, tenía cambios de humor,casi ningún amigo, le importaba el dinero, y todavía seguía enamorada de su primer y único novio.

A veces se preguntaba si no sería más sencillo ser como su madre y vivir despreocupada confiando en todos a vivir rodeada de incertidumbre con respecto a los demás como hacía ella.

No, ser como ella jamás.¡No puedo estarme preguntando eso!. Esa mujer no tiene cerebro y ahora mi única esperanza es presentarme ante el preparador físico o como sea que se llame para pedir la beca deportiva.

Elodie se encerró en su cuarto y no volvió a salir por el resto del día, lo único que esperaba era que nadie se enterase de su mala fortuna. Ya tenía suficiente con tener que ir por una beca, como para aumentar su sufrimiento teniendo que tolerar la burla de otras ex alumnas del Pere Bon Chance.

Asimismo, estaba segura de que la odiaban. Primero porque en el internado era la consentida de las monjitas con quienes solía quedarse mientras todas se iban de vacaciones; segundo, siempre le mandaban regalos suntuosos y estaba vestida a la última moda; y tercero porque había conquistado al muchacho más codiciado y luego lo había dejado como quien abandona un par de medias viejas.




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