Balón de Terciopelo

Capítulo 4

UN RESULTADO INESPERADO

Luego de clase, Elodie decidió ir a festejar. No tenía novio, amigas ni dinero pero no le importaba, iba a mantener la cabeza en alto y a enfrentar lo que viniera. Esta vez no iba a acobardarse ni precisaría que nadie la fuera a buscar.

-Chocolate caliente con suspiros de chocolate para la señorita. Dijo un jóven mesero haciéndole un guiño mientras le dejaba un copón en la mesa.

-Muchas gracias. Dijo Elodie sonrojándose al ver un papel con un chocolate y un número telefónico.

Llámame 9998191888. Mike.

No era la primera vez que algo así le sucedía, de hecho, sabía perfectamente que la combinación de ojos azules y cabello castaño oscuro hacía que más de uno le dedicara su atención. Desde pequeña todos le decían que hermosa, casi como una muñeca.

Ella no se lo tomaba en serio, pero tampoco le incomodaba que le hicieran cumplidos. Lo único que le sucedía era sonrojarse. De hecho, se ponía colorada por las cosas más tontas. A pesar de ello, no iba a llamar a ese mesero.

Guardó el papel como recuerdo, y se concentró en el hecho de que había refrescado y el clima estaba ideal para tomar chocolate caliente, algo que acostumbraba hacer en Suiza.

Extrañaba esas épocas, esos tiempos donde jamás había tenido que preocuparse por nada más allá de por vestirse a la última moda. Esas épocas en las que aún tenía amigos y a Félix.

Cuando se pusieron de novios, todos los amigos de él prácticamente la adoptaron, la trataban como si la conocieran de toda la vida, y no había día en el que no salieran todos juntos a la montaña, a esquiar, o de “cacería” como solían llamarle a los paseos a las tiendas de segunda mano.

Elodie amaba ir de cacería con ellos, la idea era muy simple encontrar gemas ocultas o cosas tontas para empezar a coleccionar. Fue justamente en una de esas “expediciones de caza” que Elodie se hizo fanática de las carteras.

No le importaba el valor sino la rareza. Y ese tonto vicio adquirido, la había llevado de la diversión sana a la obsesión por carteras que la mayoría de las veces no usaba por miedo a arruinar.

Félix solía regalarle carteras y alentarla a usarlas, pero ella se conformaba con mirarlas como si fueran piezas de arte en un museo.

-Tu eres un chico y no sabes nada de esto.

-Sé que cuando no usas algo, termina olvidado en un cajón para que luego venga otro lo use, o comido por las polillas.

-En el internado no hay de esos bichos, además yo cuido bien de mis carteras.

-¿Y a tu novio, qué tan bien lo cuidas? Acostumbraba a preguntarle él para que ella lo abrazara.

De los dos, él era el más demostrativo. La tomaba de la mano o le ponía el brazo alrededor de la espalda, y no pasaba más de diez minutos sin besarla. Era como si físicamente no pudiera tolerar el no estar en contacto con ella.

A pesar de que Elodie no decía nada, amaba que él fuera así y que no le importase en lo más mínimo las burlas de sus amigos.

-Ahí viene el cachorrito abandonado con su dueña. Solía gritarle Philippe un francés mal encarado al que Elodie le tenía un asco visceral.

-No le hagas caso Elo, está celoso porque paso más tiempo contigo. Acostumbraba a decirle Félix con una sonrisa.

Ella sabía que en parte Félix tenía razón, pero eso no evitaba que detestara al francés a quien consideraba una mala influencia para su novio. Tan era así que un día dejó a Félix por causa de Philippe.

-¡No quiero que vuelvas a hablar con ese francés detestable!

-Elo, Philippe es uno de mis mejores amigos, como tú con Millie.
-No, no es lo mismo, Millie no es una imbécil.

-Hablaré con él para que no vuelva a molestarte y…

-Quiero que dejes de ser su amigo, no que hables con él.

-¡Elo!

-Perfecto, lo prefieres a él… hasta aquí llegamos- le dijo Elodie dejándolo con la palabra en la boca.

Era la primera vez que Elodie lo dejaba, y eso fue después de que el francés le dijera que era una bruja y que haría todo lo posible para que Félix la dejara.

-Eso está por verse. Fue todo lo que Elodie le contestó en ese momento. Dos semanas más tarde, luego de dejar a Félix, logró que se alejara de él para recuperarla.

Elodie no buscaba que perdiera a un amigo sino darle una lección a Philippe, por lo que pasado exactamente un mes, Elodie decidió alentar a Félix a perdonarlo. Esa fue señal suficiente para que Philippe, más allá de sus miradas asesinas, no volviera a decirle nada. También fue una señal del poder que tenía sobre Félix.

Por un momento se preguntó cómo las cosas habían cambiado tanto y suspiró mirando su chocolate caliente como si se tratase de un desafío.

En ese momento, una de sus tantas conocidas de sociedad se le acercó.

-De todas las personas del mundo, nunca podría haber imaginado que tú, Elodie Smith, ibas a terminar jugando al fútbol.

Clementine Perkins era hija de un empresario del transporte, y para muchos, su familia no tenía la alcurnia suficiente como para concurrir a ciertos eventos exclusivos. De todas formas, como sucedía en muchos casos, el dinero hablaba más fuerte que el linaje.

Lo que más llamó la atención de Elodie ese día, fue que un grupo de herederas con el que solía reunirse en eventos, había decidido quedarse a una distancia prudencial.

Eso solo podía significar que el rumor se había esparcido, y probablemente iban a darle lo que en la alta sociedad se conocía como “veto”, es decir, dejarla de lado, evitando a toda costa ser vistas con ella.

Elodie lo sabía bien porque ya había participado de vetos a otras personas en el pasado, lo que nunca pudo imaginar, fue que un día iba a tocarle a ella. Eso la dejó muda por unos segundos. Con todo, sabía que tenía que reaccionar rápidamente.

-Como sabrás tuve una pelea horrible con mi madre. Me dijo que si no cambiaba de carrera dejaría de pagarme la anualidad, y decidí revelarme pidiendo una beca. Ella aún me envía dinero pero estoy segura de que con esto voy a darle una lección- respondió Elodie con toda la calma del mundo.




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