EL ENCUENTRO MENOS PENSADO
-Amorcito, ¿cómo estás bebita linda?
-¿Qué quieres?
-Felicitarte, el Rector me llamó para decirme que te ganaste una beca.
-Ya me felicitaste, hasta luego Cecily.
-Espera, espera, yo preciso hablar contigo, contarte lo que pasó y cómo serán las cosas de aquí en adelante.
-No te molestes, el Rector ya me contó sobre el divorcio y el doctor Gabin me dijo que podré mantener parte de mi mesada gracias a las rentas que Enrico no llegó a robar.
-Lamento que te hayas enterado de esa forma pero en este momento lo importante es que quedaste en el equipo de volley.
-Fútbol
-¿Fútbol?
-Sí
-¿En serio? Entonces deberías llamar a...cómo era… Alex el que jugaba al fútbol, reconciliarte con él y…
Ni bien le sugirió eso, Elodie colgó el teléfono sin decir más nada.
¡Cómo se atreve! Luego de estarme haciendo pasar por esto, la muy caradura que no sabe si juego al fútbol o al parchís, o si mi ex se llama Alex, Félix o Felicio me propone regresar con él. Cínica. ¡Cómo la detesto, ojalá se hubiera perdido en los Himalayas!.
Las duras palabras quedaron como colgadas en el aire y Elodie se entretuvo más de la cuenta refunfuñando por lo ocurrido, tanto que a penas se había dado cuenta de que era tarde.
Millie no había dormido allí esa noche, por lo que no había nadie que se cerciorase de que ella estuviera en hora, y como resultado llegó tarde al gimnasio y echando chispas. Estaba tan furiosa, que al llegar al , demoró en darse cuenta de que no había nadie.
¿Dónde diablos está todo el mundo? Exclamó buscando por todos lados, hasta ver que en la cartelera había una nota diciendo que ese día entrenarían en la cancha.
¡Maldición, ahora voy a llegar aún más tarde! Pensó corriendo a toda prisa en dirección a la cancha. Le tomó unos minutos llegar, y cuando lo hizo vio a todas sus compañeras sentadas en el pasto escuchando atentamente lo que un hombre vestido completamente de negro les decía.
El asistente le hizo una seña para que no dijera nada y se pusiera en un costado, de forma de no llamar la atención de quien evidentemente era el nuevo entrenador. Elodie caminó en puntas de pie pero estaba tan agitada que sentía que su respiración podía oírse a kilómetros de distancia.
-Llegas tarde. Le dijo sin mirarla para seguir con la explicación.
Genial, una perfecta primera impresión. Pensó sentándose en silencio.
Mientras el entrenador hablaba, lo único que pudo percibir fue que su cabello era muy negro y que algo metálico le brillaba en la ceja izquierda y en la boca, ¿piercings tal vez?. Se preguntó no prestando mucha más atención.
Se distrajo pensando en la conversación que había tenido con su madre y en la cara de miedo de Mildred, que ahora la miraba como si hubiera salido de una película de terror. Por un momento se preocupó y buscó su celular para mirarse pero al tocarse el bolsillo del short, se dio cuenta de que lo había dejado en el dormitorio.
Mildred miraba al entrenador y a ella, y le hacía señas, pero Elodie no entendía. Nuevamente se había distraído, esta vez pensando en cómo iban a quedarle los shorts por estar sentada en el pasto, que a pesar de ser sintético, probablemente estaba cubierto de polvo por estar al aire libre.
No que vayan a pasarle la aspiradora toda esta cosa, qué asco. Pensó sacudiéndose el short con la mano, obsesionada con una suciedad invisible al ojo humano.
-Es fundamental que lean el manual y que no lleguen tarde, porque cada llegada tarde será un demérito, ¿entendieron?
Todas dijeron que sí a coro y Elodie que no estaba prestando la más mínima atención repitió lo mismo sin dejar de pasarse la mano por el short.
La voz del nuevo entrenador le resultaba lejanamente familiar, pero eso era imposible, ella no conocía a nadie así. Aún no había podido verlo bien, y tampoco le interesaba. Lo único que ocupaba su mente era la conversación que había tenido con su madre.
No puedo creer que haya tenido la poca vergüenza de llamarme como si todo estuviera de maravillas. Gracias a ella llegué tarde y este tonto me llamó la atención. No hay nada bueno que venga de Cecily, es como si se hubiera decidido a arruinarme la vida.
Finalmente el silbato sonó, y Elodie salió de la especie de sueño en el que se encontraba. Evidentemente las habían mandado a calentar porque todas se habían levantado y habían comenzado a correr.
De forma mecánica las imitó corriendo como de costumbre pero chequeando que sus shorts blancos estuvieran impecables como de costumbre.
Maldición, creo que tengo una mancha… Pensó bajando el ritmo para mirarse en uno de los postes de metal que había en derredor de la cancha. Al hacerlo, se percató que no tenía mancha ninguna y siguió corriendo como de costumbre.
-Elodie… Dijo Mildred acercándose mientras corrían.
-Muy graciosa, acabo de ver mi reflejo en esa cosa que está en el costado, y no tengo nada.
-No eso es… el Director técnico.
-¿Qué hay con él?
-¿No te resulta familiar?
Elodie lo miró y no vio en él nada familiar. Era un hombre alto, de cabello negro que efectivamente tenía un piercing en la ceja, en la boca y en una de sus orejas. También notó que estaba completamente vestido de negro, pantalones de gimnasia lo suficientemente ajustados como para permitirle correr, una camiseta de compresión que se adhería a su cuerpo marcando cada músculo con una precisión cuasi molesta, y una chaqueta con capucha.
Toda su ropa era de una de las mejores marcas del mercado, lo sabía porque era la misma que uno de los ex maridos de su madre usaba. No recordaba cuál de ellos, solo que esa ropa era carísima.
¿Qué estará haciendo aquí? La paga no debe ser tan buena como para que pueda costearse esa ropa. Quizás tenga una mujer como mi madre que pague por ella… si, eso debe ser, porque esa ropa no va con los piercings. Eso no es de gente de alcurnia. Pensó
#4835 en Novela romántica
#1376 en Chick lit
romance, adolescentes euforia malas decisiones, drama amor celos dominacion proteccion
Editado: 04.05.2026