PILOTO AUTÓMATICO
-Muévanse, a la pista. Gritó Félix cronómetro en mano.
Elodie llegó con la cabeza en alto, evitándolo con la mirada, como si por hacerlo, él fuera a desaparecer mágicamente.
Esta vez no pienso dejar que me humille mandándome a juntar las pelotas.
-Vamos a comenzar con tres vueltas alrededor de la cancha- gritó él.
Todas comenzaron a correr y Elodie automáticamente hizo lo mismo. Desde el día anterior su mente no estaba funcionando como debía. Sabía que gracias a su nueva situación financiera debía esforzarse para mantener la beca y poder seguir estudiando, pero al mismo tiempo no podía concentrarse en absolutamente nada.
Esa mañana Millie que nunca usaba maquillaje, había tenido que maquillarla porque Elodie, que nunca salía sin maquillarse, iba a salir con un deportivo y el cabello de la misma forma en la que lo tenía cuando despertó.
-Más rápido que esto no es un paseo al campo- dijo Félix a través de un megáfono mientras el señor Knight tomaba nota.
Bien podía estar insultándola o hablando sobre el clima, Elodie no tenía la menor idea. Ella solo seguía a las otras, y cuando alguna ponía cara de preocupación miraba a Millie en busca de una respuesta.
Se concentró en seguir a una de las muchachas y cuando esta se detuvo, Elodie hizo lo mismo, sin prestar atención a lo que Félix estaba diciendo.
-Ahora van a llevar la pelota entre los conos, y la que la pierda va a tener que correr una vuelta alrededor de la cancha.
Al llegar el turno de Elodie, le resultó sumamente difícil que la pelota no se le escapara pero con una lentitud terrible logró llevarla hasta el final.
-¡Un poco más lento y podríamos competir contra tortugas! Una vuelta alrededor de la cancha aver si te espabilas.
-¿Yo?
-Sí tú, muévete.
-Fabuloso, esta semana no tendré que ir al gimnasio- dijo con una falsa sonrisa triunfal
¡Infeliz! Busca humillarme a toda costa.
A pesar de su sonrisa y palabras falsas, Elodie no podía ocultar lo enojada que estaba de tener que darle una vuelta a la cancha e intentó cortar camino.
-¿Qué demonios crees que estás haciendo?. Cuando termines esa vuelta haces otra por graciosa- gritó Félix haciendo que se sonrojara a más no poder.
Maldición, me está observando como un halcón. Sera mejor que me haga la tonta porque si me doy por aludida tendré que enfrentar su rabieta. Pensó mientras intentaba no agitarse más de lo que ya estaba.
-Ahora van a jugar de dos en dos- gritó mientras la mayoría se fregaba los ojos y bostezaba.- Despierten cenicientas que este no es un paseo de compras por el shopping. Otras tres vueltas alrededor de la cancha a ver si se despiertan y después de dos en dos.
-¿Tres vueltas más? – preguntó una de las muchachas incrédula.
-Si no se ponen en marcha van a ser cuatro- dijo Félix con una rabia que parecía emanar de sus ojos.
Elodie que estaba rendida comenzó a correr sintiendo que los pies le pesaban una tonelada.
-Que ganas de tirarle con uno de esos conos- dijo Elodie
-Es muy malhumorado- dijo una de las chicas con rabia.
-Silencio- dijo él a través de un megáfono.
-Sera mejor que no llames mucho su atención Elo- murmuró Millie.
Cuando terminaron de correr, Elodie se detuvo, se dobló hacia adelante apoyando las manos en las rodillas, e intentó recuperar el aliento. Francamente no podía seguir, y sintió que le temblaban las piernas.
Estaba acostumbrada a practicar tenis desde pequeña, y no entendía por qué estaba tan cansada y sudando como si recién hubiese entrado a un sauna.
-Esto es de locos Jean Paul me exige mucho en mis saques y nunca termino así- le dijo a Millie.
-Jean Paul está más preocupado por mirarte el trasero que por enseñarte a hacer buenos saques.
-Eso no es cierto.
-¿Qué pasa muchachas, descubrieron que esto no es cómo cargar bolsas en un shopping?- preguntó Félix con ironía.
-Miserable- murmuró Elodie enojada.
-¿Alguien dijo algo?- preguntó acercándoseles.
-Nada- gritó Millie pellizcando a Elodie.
-Bien, ya que están cansadas como un grupo de ancianas, dejaré que se vayan. Mañana a la misma hora.- dijo Félix mostrando una indiferencia total hacia Elodie, que a pesar de su resolución de no mirarlo, no había podido evitarlo.
Félix no solo había cambiado de look, se notaba más maduro y seguro de si mismo. Cada vez que pasaba por un lugar, parecía dejar una estela de fuego que dejaba a todos boquiabiertos.
Lo único en él que seguía igual, era su capacidad para hacer que todas se enamorasen de él. Incluso las muchachas del equipo a quienes Elodie consideraba unas ogras sin remedio, suspiraban cada vez que lo veían, y el comentario general era que el nuevo entrenador parecía un modelo salido de una revista.
Para Elodie, todo parecía un sueño donde las voces le llegaban distorsionadas y lejanas, como si el mundo entero estuviera sumergido bajo el agua.
Era como si su cuerpo fuera a una velocidad y su mente a otra, y en algún momento hubiesen colisionado, dejándola en un estado semejante a la catatonia.
Le era imposible reaccionar, ya ni siquiera podía llorar, lo único que sentía era una resignación semejante a la de un preso que sabe que va a ser condenado a la pena más cruel.
Con todo, sus respuestas y sonrisas ensayadas durante años, eran tan mecánicas que podían engañar a cualquiera. A cualquiera menos a quien más quería engañar, a Félix.
Nadie podría haber adivinado que en cuestión de días, ella había pasado de millonaria a depender de una beca, y de nunca imaginarse tener que volver a enfrentar a su ex, a tenerlo como entrenador.
Durante el resto de la semana Félix siguió pidiéndoles que fueran a las seis de la mañana, pero ninguna se atrevía a quejarse. La mayoría estaba lo suficientemente ocupada admirándolo, o coqueteándole sin el menor pudor, como para atreverse a llevarle la contraria.
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Editado: 04.05.2026