Balón de Terciopelo

Capítulo 10

LA FUTBOLERA QUE NUNCA FUE A UN ESTADIO

Elodie que como de costumbre, había salido antes de escuchar lo que Félix había dicho, ni si quiera había parado en el vestuario y no tenía idea de qué era el Coloso del Norte.

Millie le había tenido que explicar eso y que el lunes Félix anunciaría los resultados.

La sola idea de ir a un estadio le resultaba espantosamente aburrida por lo que ni bien se enteró, comenzó a revisar su biblioteca en busca de algún libro interesante para pasar el rato.

Sólo desistió de la idea luego de que Millie le dijera lo importante que era mantener la imagen de interés por el deporte que le estaba dando la beca. Por eso pasó a concentrarse en lo que iba a llevar ese día.

-No se qué ponerme, ¿qué lleva una a un estadio?.

-No lo sé, creí tu eras la experta. Dijo Millie entre risas

-¡Muy graciosa!

-Yo me voy a poner un deportivo.

-Odio los deportivos, son muy look de aeropuerto principios de los 2000.

-Haré de cuenta que me voy de viaje.

-Hazlo.

Al llegar, Elodie era la única que no estaba usando un deportivo. Lucía unos jeans gastados, camisa blanca y un sweater de lana sobre la espalda atado en el frente. Su cinturón de cuero marrón hacían juego con las botas y cartera que llevaba. El atuendo era simple, pero de alguna forma, trasmitía una elegancia que no iba de acuerdo al lugar.

A ella no le importó, le encantaba ser el centro de atención y pronto las miradas se centraron en ella. Parecía que todo en ella era diferente y eso era algo que molestaba a las demás. De todas las chicas solo una de ellas le hablaba, pero luego del incidente del día anterior, se limitó a saludarla de lejos.

-Parece que las marginales también me vetaron.

-Tal vez tengan miedo de que les des un pelotazo…

-Esa chica me habló mal en el vestuario y luego me empujó dos veces, tengo una cicatriz horrible en la rodilla, quien sabe si en el futuro no voy a precisar un cirujano plástico para que la arregle.

-Realmente no fue para tanto, fue un raspón.

-¿Raspón?

-A penas se te nota.

-¡Si claro!. De todas formas, no sé que me pasó.

-Que ye habías quedado furiosa por ver a Félix con otra, y a la primera oportunidad que tuviste, te desquitaste con alguien que no tenía nada que ver.

-No me desquité, ella me agredió a propósito.

-No fue a propósito, yo estaba ahí y ella te pidió perdón.

-Eso no es cierto, esa salvaje no me pidió perdón.

-Lo hizo, el problema es que tu estabas soñando despierta y no la escuchaste,

-Lo hecho, hecho está. Y no vengas a decirme que debo disculparme porque no lo haré.

-No iba a hacerlo, tu nunca pides perdón.

-Tu no has vivido ni la mitad de cosas que yo, por eso eres tan sensible… De todas formas, creo que te conviene ir con las otras antes de que extiendan el veto marginal.

-Elo, no son marginales.

-Tienen que serlo si…

-¿Si les gusta el fútbol?

-No, no es eso lo que quise decir. Es que… míralas, parecen pandilleras.

-Hasta ahora la única que se comportó como una delincuente arrojando pelotas a todo el mundo has sido tu. Tienes que aceptar tu nueva realidad y dejar de ver a los demás como inferiores a ti.

Elodie se sintió profundamente dolida por las palabras de Millie, e hizo lo que solía hacer cuando se enojaba con alguien a quien apreciaba mucho, se cruzó de brazos y evitó dirigirle la palabra.

Eventualmente una de las muchachas del equipo se puso a conversar con Millie y Elodie quedó sola esperando en la puerta a que llegara Félix o el señor Knight para poder entrar a ver un partido que nunca había querido ir a ver en primer lugar.

Odiaba el fútbol y nunca había intentado ocultarlo, ni siquiera cuando salía con él. Mientras los compañeros de equipo de Félix tenían a sus novias alentándolos en la tribuna, él era el único que al mirar no encontraba a nadie más que a las chicas que solían ir a verlo para llamar su atención.

Un día, luego de un partido importante llamó a Elodie para hablar, y le reclamó porque ella nunca lo iba a ver. Ella se tomó su reclamo como afrenta y lo dejó gritándole que él no iba a obligarla a hacer algo que no quería.

Al poco tiempo Félix fue a buscarla y le pidió perdón. Él siempre terminaba cediendo y gracias a ello, Elodie nunca tuvo motivos para cambiar su conducta. De hecho, cada vez que lo dejaba y que él terminaba regresando, pidiéndole volver, ella se sentía poderosa, cuasi omnipotente con respecto a él.

Sin embargo, las cosas habían cambiado, y nunca fue más patente que esa tarde cuando lo vio llegar con su nueva novia.

Sintió ganas de salir corriendo pero cerró los puños, puso una sonrisa falsa y miró en otra dirección.

¡Válgame el cielo, cambiarme por eso! Pensó mientras repasaba mentalmente el atuendo de su contrincante.

La chica no era fea pero tampoco linda, tenía el cabello platinado artificialmente y sus ojos eran color caramelo. La altura era una de las cosas que tenía en común con Félix, puesto que era a penas unos centímetros más baja que él, pero a no ser por esto último, parecían salidos de un collage.

Era evidente que ella se esforzaba por aparentar riqueza, probablemente porque Félix provenía de una familia de la alta sociedad y ella no. Llevaba puesto un top negro de encaje que revelaba un profundo escote, una minifalda simil cuero negra, y un cinturón con el logo de una marca de ropa francesa.

A Elodie, todo en ella le pareció vulgar y de mal gusto, e inmediatamente se lo hizo saber mirando en la dirección opuesta con cara de desaprobación.

-Buenas tardes muchachas, aquí tengo las entradas así que ya podemos ir entrando- dijo Félix entregándole las entradas a una de las muchachas para que las repartiera.

Félix se puso atrás en la fila, y de pronto, Elodie sintió que la estaban mirando por lo que utilizó uno de sus trucos más viejos, sacar su celular y poner la cámara para ver si era cierto. En efecto... así era. Él iba con su nueva novia detrás de ella sin quitarle la vista de encima, y fue en ese momento que su novia comenzó a abrazarlo y terminaron besándose.




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