UN ACTO DE AMOR
Elodie salió directo de la oficina del Rector al hospital. Le habían enviado un mensaje para que fuera a donar sangre.
Había pasado cinco días yendo a darse inyecciones para que las células madre se trasladasen de la médula ósea a la sangre y así poder recolectarlas.
Eso era lo que el doctor que atendía a Olivia le había explicado, también le había dicho que el proceso iba a tomar un par de horas y que podía sentir un poco de dolor luego del mismo.
Al llegar el doctor la condujo hacia un ala del hospital especialmente preparada para eso, y Elodie decidió ponerse el antifaz que usaba para dormir.
La sola idea de ver sangre la aterrorizaba y dudó en hacérselo saber al doctor y enfermeras.
-Mientras no vea sangre no habrá ningún problema, de lo contrario me desmayaré.
-¿Estas segura que quieres hacerlo?
-Cien por ciento.
-De acuerdo linda, ponte el antifaz que nosotros nos encargaremos del resto- le dijo la simpática enfermera.
Elodie pudo sentir el pinchazo, no fue como cualquier otro pinchazo al que estuviera acostumbrada. Parecía como si le estuvieran apuñalando el brazo.
Minutos antes, el médico había intentado mostrarle la clase de implementos y aparatos que conllevaba la donación, pero ella se negó rotundamente a que le explicase.
-Doctor, si me explica me voy a acobardar y cuando eso sucede, tiendo a salir corriendo y estamos hablando de una niña a la que quiero mucho, así que lo mejor es que no me dé muchas explicaciones.
-Eres muy valiente y bonita. Le dijo el médico antes de que ella le agradeciera y se pusiera el antifaz para comenzar.
La charla no la había calmado pero al menos sabía que ante cualquier eventualidad ese apuesto doctor estaría dispuesto a ayudarla.
Había decidido ir sola y cuando el procedimiento comenzó, se sintió mareada y al estar reclinada, debió dormirse o desmayarse porque cuando volvió a abrir los ojos, aún tenía el antifaz puesto pero había alguien acariciando su mano.
También le habían puesto un cobertor porque de hecho, estaba helada de frío.
-¿Ya terminó?
-Ya casi- le dijo una voz familiar, se trataba de Johana Cook que estaba a su lado.
-Hola, me quitaría el antifaz pero me da asco la sangre.
-No tienes por qué quitártelo, podemos hablar así o no hablar en absoluto.
-Gracias por estar aquí.
-¿Cómo crees que no iba a estar contigo cuando le estás salvando la vida a mi niña?
-No es para tanto, es un poco de sangre.
-Nada de eso, espera a que Félix se entere…
-No, por favor no- dijo quitándose el antifaz.
-¿Por qué no quieres que le cuente?
-Porque… porque… no quiero. Por favor no le cuente.
-De acuerdo, no lo haré. ¿Precisas otra manta?
-No, estoy bien. Me explicaron que podía sentir frío.
-Tu tranquila que yo no me moveré de tu lado y cuando termines te llevaré a casa donde podré monitorearte.
-No es necesario, además pasado mañana tengo una tonta sesión de fotos y entrenamiento.
-Bueno, ya veremos, ahora descansa que ya falta menos.
El proceso demoró tres horas y media y para cuando le quitaron la vía del brazo, Elodie sintió un poco de alivio, pero fue momentáneo, tenía el brazo tan adolorido que a penas podía moverlo.
Lo único en que pensó fue en cómo podría hacer para disimular el dolor durante el entrenamiento, y al intentar levantarse sintió que le dolían todos los huesos.
-Con calma, déjame ayudarte- dijo el doctor ayudándola a levantarse.
-Muchas gracias doctor, yo me encargo- dijo la madre de Félix asegurándose de llevarse a Elodie sin ayuda del guapo doctor.
Pese a las protestas de Elodie, al salir las estaba esperando su chofer para llevarlas a la mansión.
-Mira si iba a dejar que ese doctor le robe la novia a mi hijo.
-Ya no somos novios- dijo Elodie riendo bajo porque hasta eso le dolía.
-Eso está por verse, tu ahora estas bajo mi cuidado y no acepto protestas.
-Pero estoy bien, además Olivia…
-Ella está con mi marido, yo regresaré más tarde.
-Mañana tengo que estar temprano, se lo prometí al Rector.
-Te prometo que mañana por la mañana estarás en la Universidad como nueva.
Esa noche, Elodie la pasó en la mansión de los Cook. El lugar era impresionante pero en lo único que ella podía pensar era en lo enferma que se sentía.
Le dolía la espalda, el brazo en el que había recibido el pinchazo y las piernas.
Sin embargo, antes de regresar al hospital, Johana Cook se encargó de que ella recibiera el trato de una princesa.
El cuarto que le dieron era diez veces más grande que su dormitorio en la universidad y la cama cien veces más cómoda.
Elodie se acomodó y se durmió hasta que escuchó a alguien entrar, se trataba de un mayordomo con un carrito con comida para ella.
Esto como un resort cinco estrellas. Pensó con una sonrisa en el rostro.
Le agradeció al hombre que le llevó la comida y le preguntó por Olivia pero él no tenía noticias de la pequeña, por lo que Elodie se conformó con esperar y cenar.
Ese era un verdadero banquete, algo digno de un rey, ensalada de langosta preparada a la perfección, refresco , bistec y patatas fritas.
-¡Vaya qué delicia!- exclamó Elodie saboreando hasta terminarse todo.
Nunca había sentido tanta hambre, posiblemente por el procedimiento. De todas formas estaba sumamente feliz, Olivia iba a recibir la médula que tanto precisaba, y no había nada que pudiera compensar la sensación de estar haciendo algo tan bueno con su vida.
Terminó de cenar y al poco tiempo volvió a dormirse.
Sólo volvió a despertar cuando escucho al hombre volviendo a entrar esta vez con una serie de postres en su carrito.
-Wow, están buscando que engorde- dijo entre risas.
El mayordomo rió y le dejó una selección de postres para que pudiera saborear.
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Editado: 04.05.2026