Balón de Terciopelo

Capítulo 26

DECENAS DE ADMIRADORES

Las fotos que le habían tomado a Elodie eran furor en las redes sociales, e incluso alumnos de Halfax habían entrado a su perfil y comenzado a seguirla. Era como si todas las chicas quisieran parecerse a ella y los chicos invitarla a salir.

Ya estaba mucho mejor y su rutina solo había cambiado por el nuevo fandom que tenía. Al llegar de de sus clases un día, se encontró con decenas de cosas en su puerta, desde cartas, ositos, chocolates y flores hasta collages y retratos de ella.

Era tanta la cantidad de cosas, que tuvo que improvisar un lugar para ponerlas, y a instancias del Rector, hacer un video corto para agradecer las muestras de cariño.

De todos los regalos, uno fue el que más llamó su atención, se trataba de algo que había sido envuelto con mucha dedicación. Al abrirlo se encontró con una nota que decía: “Empecemos una nueva colección, ¿aceptas?”

El regalo era un hermoso pajarillo de cristal que al ponerlo junto a la ventana generó un reflejo de diversos colores que hizo que el lugar luciera mágico.

Millie leyó la nota y la miró haciendo una mueca con la boca para no reír.

-Es cursi, ya sé- dijo Elodie

-Tan cursi que me hace acordar a alguien…

-¿A qué te refieres?

-¿Quién te llevó a coleccionar carteras?

-Mildred, Félix va a casarse, ya deja de decir tonterías- exclamó Elodie antes de volver a salir.

Faltaban a penas unas horas para el partido , y era como si para todos, las chicas hubiesen ganado. Esto último era bueno para financiar al equipo pero inútil para levantarles el ánimo, que desde que habían visto el video, se les había puesto por el piso.

Todas estaban nerviosas pero ninguna quería demostrarlo, era como si tuvieran que poner cara de confianza frente a una guerra contra la cual no tenían muchas esperanzas.

Elodie había decidido salir a caminar para olvidarse de todo el asunto pero a cada vuelta que daba, se encontraba con alguien pidiéndole una foto o preguntándole cómo se sentía por el partido.

Ella les respondía con amabilidad fuera sacándose una foto o asegurándoles que pondrían su mejor empeño durante el partido.

Maldición, parece que todos han decidido salir para ponerme aún más nerviosa. Pensó antes de que su teléfono comenzara a sonar. Internamente dio gracias de tener que contestar y de esa forma poder evadir a los que la paraban constantemente para preguntarle por el partido.

-Elo, soy yo.

-Oli, ¿cómo estás?

-Bien, me siento como si pudiera parar un camión con la mano. Hasta me quitaron la estúpida máscara de oxigeno por lo que puedo caminar de un lado al otro sin parecer un submarinista.

-¡No sabes cuánto me alegra saber que estás bien!- exclamó Elodie emocionada.

-De todas formas no conseguí que me dejen salir mañana para el partido.

-No, tienes que mejorarte, ya jugaremos otros partidos.

-Pero yo quiero ir, quizás si llamas a mi lindo doctor y le dices que es muy importante para tí…

-Déjame adivinar, le pediste lo mismo a Félix y no te hizo caso, ¿no es así?. Olivia comenzó a reír antes de que Félix tomara el teléfono y el tono de Elodie cambiara totalmente.

-Le dije lo mismo que tu- exclamó él.

-¿Estabas escuchando la conversación?

-No, recién entré y no pude evitar escuchar un poco. A ti más te vale descansar que mañana tenemos un gran día.

-Lo haré, dale mis saludos a Olivia, hasta luego.- dijo ella cortando el teléfono.

¡Habrase visto tamaña desfachatez!, quitarle el teléfono a la pequeña para darme órdenes. Se dijo mientras caminaba sin rumbo por el campus de la Universidad.

El lugar era enorme y tenía amplios prados donde los alumnos podían ir, poner una manta en el pasto y pasarse el día estudiando al aire libre.

Si no fuera porque al otro día tenían el partido, el lugar sería idílico, casi un paraíso natural. Pero la realidad era que todo el lugar estaba cubierto de carteles y banderines que habían colgado incluso en los árboles.

Elodie sintió que era una pena que un lugar tan bello estuviera cubierto con todo ese pandemonio de cachivaches.

El campus prácticamente se había convertido en una feria donde la principal atracción eran ellas. Esto era algo que ni el equipo de natación, de básquet, ni el de fútbol americano habían logrado, quizás porque se trataba de un equipo femenino o quizás porque era novedad. De lo que no había dudas, era que las chicas habían causado una gran impresión y que todo a su alrededor era un reflejo de ello.




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