EL DÍA D
La noche anterior ni Elodie ni Millie habían podido dormir, era como una de esas tantas veces en las que ambas se mantenían despiertas intentando calmar los nervios de la otra antes de un examen. La diferencia era que esto no era un examen y ambas debían presentarse.
Se habían puesto de acuerdo en irse a dormir temprano para intentar descansar lo más que pudieran para llegar al partido con la energía suficiente como para hacerle frente a las chicas de Halfax. De todas formas, fue más fácil decidirlo que llevarlo a cabo.
Elodie se puso su antifaz y se acostó con sonido de lluvia en sus audífonos, Millie hizo lo mismo pero con música, pero a los pocos minutos ninguna estaba consiguiendo dormir, y no solo eso, comenzaron a hacer lo que hacían siempre antes de un evento importante, teorizar acerca de los resultados.
Cuando el reloj marcó las seis, ambas estaban más que listas. Se suponía que saldrían siete y media para llegar con tiempo, conocer el lugar, y tener la charla con el entrenador antes del partido, que comenzaba a las nueve. A pesar de ello, ellas estaban listas y al parecer, también lo estaban el resto de las jugadoras que tampoco habían podido dormir.
El video de las chicas de Halfax haciendo trampa y derrotando a sus rivales cinco a cero, las hacía imaginar que probablemente ellas terminarían diez a cero o algo peor.
-Maldición, el tiempo no pasa más- exclamó Elodie yendo y viniendo de un lado al otro de la habitación como animal encerrado.
-Seis y cuarto- dijo Millie que miraba su celular cada dos minutos para ver si el reloj se había dignado en avanzar.
-Lo sé, por eso digo que el tiempo no pasa más. Es como si se hubiera detenido.
-Espera a que estemos jugando, ahí vas a desear regresar en el tiempo. Es preferible estar esperando aquí que enfrentarnos a esas muchachas.
-No, yo prefiero salir de esto de una buena vez por todas.
-Yo ya no sé que prefiero… que no me lastimen mucho cuando me hagan los goles, si eso, eso es lo que espero.
-No seas tonta, si vas con ese ánimo será mejor que pongas un espantapájaros con dos trencitas y lentes en tu lugar.
-¿Y crees que no lo haría si pudiera?. Me dan un miedo horrible esas chicas.
-Hace unos meses tu me dijiste que solo me concentrara en la pelota, ahora te digo lo mismo, concéntrate en la pelota y no en las jugadoras. Además… a ti no pueden entrar a morderte ni empujarte, corres con ventaja.
-¡Es verdad!- dijo Millie sonriendo.
Tiempo después, alguien golpeó la puerta de su habitación y pronto varias de las jugadoras estaban reunidas en la habitación de Elodie y Millie dándose ánimo las unas a las otras. Sin que lo notaran, el tiempo se les pasó volando. Cuando volvieron a golpear la puerta, fue para que salieran porque el autobús que las llevaría hacia la Universidad de Halfax donde se jugaría el partido había llegado.
Félix estaba en la puerta con un nuevo asistente.
-¿Dónde está Knight?- preguntó Elodie.
-Tiene cosas que hacer.
-¿Sucedió algo con la señora Knight?
-No, ya sube Smith- le dijo Félix cortante.
-Me niego a subir hasta que me digas qué sucedió.
Félix la miró con incredulidad sin decir nada.
-Van a operarla- intervino el nuevo asistente.
-Oh entiendo, muchas gracias- le dijo Elodie antes de subir al autobús
Maldito pretencioso, me quedó mirando como si le hubiera preguntado un secreto de Estado. Refunfuñó para si misma mientras buscaba asiento.
-No quiso que te pusieras triste antes del partido, ya cambia la cara- le susurró Millie.
-Es un estúpido.
-El estúpido está sentado a tu costado
-¿Qué?- preguntó Elodie al ver con horror que en efecto, él se había ubicado en el asiento del pasillo opuesto.
-Pues que me escuche, estúpido pretencioso- dijo poniéndose los auriculares.
Félix no demostró ni un ápice de perturbación por las palabras de Elodie, y pasó todo el viaje anotando cosas en su tablet.
Al llegar, todas se quedaron boquiabiertas al ver la Universidad de Halfax de cerca. El lugar parecía cien veces más grande que Tudor y también era mucho más moderno ya que la tradición de Halfax no se remontaba al siglo XIX como la de Tudor.
A pesar de ello, la verdadera impresión se la llevaron al ver la cancha de fútbol de Halfax. No era una cancha amateur con césped sintético, esta cancha tenía césped de verdad. Y por si fuera poco, también tenían a un ejército de asistentes, masajistas, y hasta un grupo de porristas masculino, corriendo de un lado al otro.
A las chicas les causó gracia ver que tenían porristas masculinos y muchas de ellas se distrajeron tomándoles fotos.
-Esperen a que lo vea el Rector, vamos a tener un grupo de chicos moviendo el trasero para nosotras- bromeó una de las chicas.
-A mi no me causa gracias, nos metimos en la boca del león- Protestó Millie al ver el lugar.
-Era una broma para levantar el ánimo- dijo apenada
-¿Levantar el ánimo? Míralas, me siento una pordiosera- dijo otra viendo que las jugadoras del equipo contrario tenían prácticamente un ejército a su servicio.
Notando el clima de desánimo, Félix las reunió y comenzó a hablarles.
-¡Muy bien chicas, llegó el día!- dijo Félix que luego de quitarse la gorra que tenía puesta, sacó a relucir que su color de cabello ya no era negro sino el de antes. Un rojo cobrizo con algunos mechones dorados que hacía que su complexión se viera menos dura.
Elodie intentó no prestarle atención pero le resultó casi imposible, él tampoco llevaba piercings y mientras seguía observándolo, vio que lucía un anillo en el dedo anular de su mano derecha. La del compromiso. Pensó dejando que se le escapara un largo suspiro.
-Ahora es pelirrojo, ¿habrá hecho una promesa?- susurró una de las chicas.
-Siempre lo fue- dijo Millie
-Ya dejen de secretear, y dejen las caras largas que parece que fueran al matadero en vez de a jugar un amistoso- dijo él con una sonrisa sacando un pizarrón para repasar las jugadas.
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Editado: 04.05.2026